SOLEDADES ADOSADAS
--Mi Pepe y yo es que estamos siempre el uno para el otro...
Su Pepe asentía con la cabeza mientras ella seguía relatando
a sus amistades las bondades de su matrimonio.
En las afueras de la ciudad, la tapia que tenían a la espalda
se encontraba repleta de grafitis. Al oto lado se oían los chillidos
de niños que jugaban dentro de la urbanización que los aislaba
del resto del barrio.
En algún momento continuaron andando en silencio.
Su Pepe pensaba en aquella tapia manchada de grafitis que aislaba
a los niños y sintió vergüenza de si mismo.
Llevaban más de treinta años casados pero jamás estuvieron unidos.
Una sucia tapia había entre ellos. Un muro que los aislaba.
Eran dos soledades adosadas que fingían estar unidos.
Su Pepe se detuvo un momento a secarse el sudor, ella siguió
andando sola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario