" Gracias compañeros, gracias...
(aplausos)
muchas gracias, voy a ver si me explico...nosotros
somos socialistas...
(aplausos)
somos socialistas, no nacionalistas...no se si me explico,
algunos son nacionalistas y se hacen pasar por socialistas,
pero no mezclemos, es como el aceite y el agua, no se mezclan
jamás por mucho que lo intenten... no se si me explico...
(silencio)
a ver...dice la constitución que la soberanía reside en el pueblo,
no dice que reside en los territorios, ni en las nacionalidades...
(silencio absoluto)
a ver si me explico...la soberanía es del pueblo, no de las regiones,
ni de la corona, ni de los jueces, no...la soberanía es del pueblo...
no de las regiones, ni de los aspirantes a naciones...no se
si me explico,
(los supremacistas se levantan indignados y se marchan)
gracias compañeros
y termino."
martes, 26 de noviembre de 2019
jueves, 10 de octubre de 2019
2
El crujido del glaciar hacía temblar de miedo
al delfín, y en los rincones más aislados del desierto,
los últimos cocodrilos del Sahel esperaban el regreso
de la lluvia, esperaban el regreso del bosque al desierto.
Los científicos trataban de explicar el desastre.
Algunos apuntaban que hace unos seis mil años, por
el giro inesperado del eje de rotación de la tierra, se
produjo una alteración en el clima que hizo desaparecer
el bosque inmenso y con ello la vida. Afirmaban que
el proceso seguía en marcha y era inevitable el avance
del desierto. Pero, aunque fuera un proceso inevitable
la inclinación del eje de rotación de la Tierra, resultaba
también cierto, que la huella del hombre, la contaminación
de la atmósfera con los gases producidos por los combustibles
fósiles, aceleraba el cambio climático, en un proceso cada
vez más rápido e irremediable.
Había que poner algo de cordura y parar el desastre.
Los últimos cocodrilos del desierto,
atrapados en el Sahel,
esperaban
el regreso
de la lluvia.
El crujido del glaciar hacía temblar de miedo
al delfín, y en los rincones más aislados del desierto,
los últimos cocodrilos del Sahel esperaban el regreso
de la lluvia, esperaban el regreso del bosque al desierto.
Los científicos trataban de explicar el desastre.
Algunos apuntaban que hace unos seis mil años, por
el giro inesperado del eje de rotación de la tierra, se
produjo una alteración en el clima que hizo desaparecer
el bosque inmenso y con ello la vida. Afirmaban que
el proceso seguía en marcha y era inevitable el avance
del desierto. Pero, aunque fuera un proceso inevitable
la inclinación del eje de rotación de la Tierra, resultaba
también cierto, que la huella del hombre, la contaminación
de la atmósfera con los gases producidos por los combustibles
fósiles, aceleraba el cambio climático, en un proceso cada
vez más rápido e irremediable.
Había que poner algo de cordura y parar el desastre.
Los últimos cocodrilos del desierto,
atrapados en el Sahel,
esperaban
el regreso
de la lluvia.
EL EJE DE ROTACION
1
El fuerte crujido del hielo, alarmó al delfín.
Un sonido atronador acompañó a la montaña
de hielo que se desmoronó del glaciar y se hundió
en las frías aguas de la ensenada.
Hacía tiempo que el glaciar iba en retroceso, que
año tras año disminuía de tamaño.
El delfín sabía de sobra que aquello ocurría sin
remedio cada cierto tiempo. Los glaciares retrocedían
y el desierto avanzaba.
En remotos lugares, hubo un tiempo, un lejano tiempo,
en el que todo estuvo cubierto por bosques inmensos,
bosques milenarios que albergaban la vida, pero que
la lluvia abandonó sin más. Aquellos bosques se fueron
apagando y desaparecieron. Entonces solo quedó el
abrasador desierto.
Los más antiguos, contaban historias increíbles.
Entre los cocodrilos, corría el rumor de aquellos días
lejanos en los que el desierto abrasador, era un bosque
inmenso. Contaban que durante generaciones, a lo largo
de millones y millones de años, los cocodrilos nadaron
en sus ríos enormes, con abundante vida, con cristalinas
aguas, con tanta variedad de árboles y frutos, que parecía
que nunca se agotarían.
Y sin embargo, en unos miles de años, todo desapareció.
El fuerte crujido del hielo, alarmó al delfín.
Un sonido atronador acompañó a la montaña
de hielo que se desmoronó del glaciar y se hundió
en las frías aguas de la ensenada.
Hacía tiempo que el glaciar iba en retroceso, que
año tras año disminuía de tamaño.
El delfín sabía de sobra que aquello ocurría sin
remedio cada cierto tiempo. Los glaciares retrocedían
y el desierto avanzaba.
En remotos lugares, hubo un tiempo, un lejano tiempo,
en el que todo estuvo cubierto por bosques inmensos,
bosques milenarios que albergaban la vida, pero que
la lluvia abandonó sin más. Aquellos bosques se fueron
apagando y desaparecieron. Entonces solo quedó el
abrasador desierto.
Los más antiguos, contaban historias increíbles.
Entre los cocodrilos, corría el rumor de aquellos días
lejanos en los que el desierto abrasador, era un bosque
inmenso. Contaban que durante generaciones, a lo largo
de millones y millones de años, los cocodrilos nadaron
en sus ríos enormes, con abundante vida, con cristalinas
aguas, con tanta variedad de árboles y frutos, que parecía
que nunca se agotarían.
Y sin embargo, en unos miles de años, todo desapareció.
viernes, 4 de octubre de 2019
8
La mujer se levantó y le dijo:
-No, no me he perdido. Nunca me pierdo,
en ningún sitio, ni en los fondos marinos
junto barcos hundidos, ni en el bosque milenario,
siempre estoy donde es preciso.
-¿Quién eres?- le preguntó.
-Soy la ayuda, el auxilio, la mano que conduce
a quién lo necesita.
-¿No te he visto nunca por aquí?
-Sí nos hemos visto antes. Te cogí de la mano hace
mucho, te llevé caminando por la superficie del agua.
Luego te busqué. Tenía que darte algo. Tenía que
entregarte unas palabras escritas que alguien dejó
junto al tejo hace mucho tiempo, cuando no regresaste,
cuando naufragaste en el mar.
-¿De qué me estás hablando?
-Te dejé las palabras escritas que tu mujer guardó
entre lágrimas junto al tejo. Palabras de amor
por tu ausencia infinita. Ahora me iré. Ya he
cumplido.
Antes de que terminara de hablar había desaparecido.
En medio del bosque milenario, el viento susurraba
entre los árboles palabras de un tiempo lejano:
"vuelve, vuelve mi amor,
vuelve, vuelve, vuelve"
La mujer se levantó y le dijo:
-No, no me he perdido. Nunca me pierdo,
en ningún sitio, ni en los fondos marinos
junto barcos hundidos, ni en el bosque milenario,
siempre estoy donde es preciso.
-¿Quién eres?- le preguntó.
-Soy la ayuda, el auxilio, la mano que conduce
a quién lo necesita.
-¿No te he visto nunca por aquí?
-Sí nos hemos visto antes. Te cogí de la mano hace
mucho, te llevé caminando por la superficie del agua.
Luego te busqué. Tenía que darte algo. Tenía que
entregarte unas palabras escritas que alguien dejó
junto al tejo hace mucho tiempo, cuando no regresaste,
cuando naufragaste en el mar.
-¿De qué me estás hablando?
-Te dejé las palabras escritas que tu mujer guardó
entre lágrimas junto al tejo. Palabras de amor
por tu ausencia infinita. Ahora me iré. Ya he
cumplido.
Antes de que terminara de hablar había desaparecido.
En medio del bosque milenario, el viento susurraba
entre los árboles palabras de un tiempo lejano:
"vuelve, vuelve mi amor,
vuelve, vuelve, vuelve"
7
La imagen de aquella mujer junto al tronco
del tejo milenario, lo dejó desconcertado.
¿Era la misma mujer del sueño, la que lo
rescató de los fondos marinos? ¿Era la misma
que llamó a su puerta en medio de la noche y
le entregó aquel sobre?
Tenía que encontrar las respuestas.
Al día siguiente regresó al bosque y fue al lugar
en donde apareció la misteriosa mujer de la foto.
Allí, al lado del tejo milenario, había estado
sentada en una recogida actitud, como rezando,
como dejando que su mente viajara en el tiempo.
Estuvo en aquel lugar mucho tiempo, tratando
de ordenar sus ideas, tratando de buscar respuestas
a todas las preguntas que se hacía.
¿Habría encontrado allí aquel escrito antiguo,
aquel que le entregó? ¿Si era así, quién lo dejó
allí, quién lo había escrito, a quién iba dirigido?
Oscurecía cuando decidió regresar a casa.
Entonces, en un recodo del camino, encontró
de nuevo a aquella mujer. Estaba sentada. Tenía
la misma posición, con las piernas flexionadas,
en una actitud de meditación, como en trance.
Se dirigió a ella:
-¿Se encuentra bien?-dijo. ¿Necesita ayuda,
se ha perdido?
La imagen de aquella mujer junto al tronco
del tejo milenario, lo dejó desconcertado.
¿Era la misma mujer del sueño, la que lo
rescató de los fondos marinos? ¿Era la misma
que llamó a su puerta en medio de la noche y
le entregó aquel sobre?
Tenía que encontrar las respuestas.
Al día siguiente regresó al bosque y fue al lugar
en donde apareció la misteriosa mujer de la foto.
Allí, al lado del tejo milenario, había estado
sentada en una recogida actitud, como rezando,
como dejando que su mente viajara en el tiempo.
Estuvo en aquel lugar mucho tiempo, tratando
de ordenar sus ideas, tratando de buscar respuestas
a todas las preguntas que se hacía.
¿Habría encontrado allí aquel escrito antiguo,
aquel que le entregó? ¿Si era así, quién lo dejó
allí, quién lo había escrito, a quién iba dirigido?
Oscurecía cuando decidió regresar a casa.
Entonces, en un recodo del camino, encontró
de nuevo a aquella mujer. Estaba sentada. Tenía
la misma posición, con las piernas flexionadas,
en una actitud de meditación, como en trance.
Se dirigió a ella:
-¿Se encuentra bien?-dijo. ¿Necesita ayuda,
se ha perdido?
jueves, 3 de octubre de 2019
6
Encendió el ordenador y conectó la cámara
digital para descargar las fotos que había hecho.
La lluvia había cesado y mientras repasaba las
fotos empezó a sentir que la fiebre le subía
de nuevo. Tomó un antitérmico con un vaso
de leche caliente y encendió el calefactor.
Repasaba las fotos y ampliaba las zonas más
especiales, para hacer fotos nuevas virtualmente.
En una de las fotos sobresalía un árbol especial,
un tejo enorme, un árbol singular que destacaba
de los demás. Hizo una ampliación de aquel
árbol que lo atraía poderosamente, bajo la luz
del atardecer de otoño.
Entonces le llamó la atención una imagen
junto al tronco.
Amplió aún más la zona y descubrió sorprendido
la imagen de una mujer, sentada junto al tronco.
La imagen era de una gran resolución. Podía
distinguir los cabellos y el rostro de la mujer.
Estaba sentada en el suelo, con las piernas
flexionadas y los brazos se recogían rodeando
las rodillas. ¿qué hacía allí? ¿quién era?
Se quedó un buen rato mirando aquella
foto, intrigado y asombrado por la imagen
de aquella mujer, sentada y meditando,
junto al tronco de un tejo imponente
y majestuoso.
Encendió el ordenador y conectó la cámara
digital para descargar las fotos que había hecho.
La lluvia había cesado y mientras repasaba las
fotos empezó a sentir que la fiebre le subía
de nuevo. Tomó un antitérmico con un vaso
de leche caliente y encendió el calefactor.
Repasaba las fotos y ampliaba las zonas más
especiales, para hacer fotos nuevas virtualmente.
En una de las fotos sobresalía un árbol especial,
un tejo enorme, un árbol singular que destacaba
de los demás. Hizo una ampliación de aquel
árbol que lo atraía poderosamente, bajo la luz
del atardecer de otoño.
Entonces le llamó la atención una imagen
junto al tronco.
Amplió aún más la zona y descubrió sorprendido
la imagen de una mujer, sentada junto al tronco.
La imagen era de una gran resolución. Podía
distinguir los cabellos y el rostro de la mujer.
Estaba sentada en el suelo, con las piernas
flexionadas y los brazos se recogían rodeando
las rodillas. ¿qué hacía allí? ¿quién era?
Se quedó un buen rato mirando aquella
foto, intrigado y asombrado por la imagen
de aquella mujer, sentada y meditando,
junto al tronco de un tejo imponente
y majestuoso.
5
Puede que hubiera cogido fiebre al enfriarse
con la lluvia que lo había calado hasta los huesos
y se quedó dormido en el sofá junto a su gato.
La fiebre lo llevó a tener un sueño pesado, un
sueño intranquilo y profundo, que lo llevó muy
lejos, a bordo de un velero, en una tarde soleada
y pacífica, en un mar azul inmenso. De repente
el viento cambió, se hizo más intenso y el barco
empezó a zozobrar entre las olas...Luego estaba
en los fondos marinos, rodeado de barcos hundidos,
de restos de naufragios, entre delfines y nautilus,
entre caracolas y ánforas antiguas...Una mano
lo agarró con fuerza, una mano que lo llevó a
la superficie, una mujer que lo conducía caminando
sobre el mar:
-Te dejaré en otro sitio. Un lugar desconocido
y nuevo- le dijo.
La siguió confiado cogido de su mano.
Cuando despertó, Naufrago le estaba lamiendo
la nariz y su áspera lengua le hacía cosquillas.
-Vale, cansino, déjame- dijo, incorporándose.
Puede que hubiera cogido fiebre al enfriarse
con la lluvia que lo había calado hasta los huesos
y se quedó dormido en el sofá junto a su gato.
La fiebre lo llevó a tener un sueño pesado, un
sueño intranquilo y profundo, que lo llevó muy
lejos, a bordo de un velero, en una tarde soleada
y pacífica, en un mar azul inmenso. De repente
el viento cambió, se hizo más intenso y el barco
empezó a zozobrar entre las olas...Luego estaba
en los fondos marinos, rodeado de barcos hundidos,
de restos de naufragios, entre delfines y nautilus,
entre caracolas y ánforas antiguas...Una mano
lo agarró con fuerza, una mano que lo llevó a
la superficie, una mujer que lo conducía caminando
sobre el mar:
-Te dejaré en otro sitio. Un lugar desconocido
y nuevo- le dijo.
La siguió confiado cogido de su mano.
Cuando despertó, Naufrago le estaba lamiendo
la nariz y su áspera lengua le hacía cosquillas.
-Vale, cansino, déjame- dijo, incorporándose.
4
Por la tarde, volvió a calzar sus botas y regresó
al bosque con su cámara de fotos.
El tiempo era imprevisible y aunque el sol estaba
presente, por precaución había llevado con él un
chubasquero, que en caso de lluvia le protegiera.
Los bosques inmensos, en el horizonte llegaban
hasta el cielo y la fotografía conseguida cada día
era distinta, irrepetible, capturaba un instante
preciso de la exquisita belleza que andaba
buscando.
Llegó hasta un saliente rocoso, en la curva del
camino, desde el que pudo contemplar extasiado
toda la belleza de aquel sitio. Luego su cámara
empezó a inmortalizar todos los rincones.
Las nubes se empezaban a apretujar bajo los
imponentes farallones de piedra de la montaña
y permitían, a intervalos, que el sol penetrara
las nubes y llenara de luz los impresionantes
colores de los árboles en el otoño.
Las primera gotas de lluvia empezaron a caer
y tuvo que regresar de prisa, protegido por
el chubasquero del aguacero que se le avecinaba.
Llegó a casa empapado hasta los huesos
y su gato se le acercó para darle consuelo.
-Gracias, Naufrago- le dijo.
Por la tarde, volvió a calzar sus botas y regresó
al bosque con su cámara de fotos.
El tiempo era imprevisible y aunque el sol estaba
presente, por precaución había llevado con él un
chubasquero, que en caso de lluvia le protegiera.
Los bosques inmensos, en el horizonte llegaban
hasta el cielo y la fotografía conseguida cada día
era distinta, irrepetible, capturaba un instante
preciso de la exquisita belleza que andaba
buscando.
Llegó hasta un saliente rocoso, en la curva del
camino, desde el que pudo contemplar extasiado
toda la belleza de aquel sitio. Luego su cámara
empezó a inmortalizar todos los rincones.
Las nubes se empezaban a apretujar bajo los
imponentes farallones de piedra de la montaña
y permitían, a intervalos, que el sol penetrara
las nubes y llenara de luz los impresionantes
colores de los árboles en el otoño.
Las primera gotas de lluvia empezaron a caer
y tuvo que regresar de prisa, protegido por
el chubasquero del aguacero que se le avecinaba.
Llegó a casa empapado hasta los huesos
y su gato se le acercó para darle consuelo.
-Gracias, Naufrago- le dijo.
3
Abrió con cuidado el sobre y sacó una bolsa
de plástico, cerrada herméticamente al vacío
y que llevaba en el interior un viejo manuscrito.
Intrigado por aquel misterio, se dirigió al estudio
fotográfico y colocó el manuscrito sobre un cristal
translúcido, con una potente luz, de intensidad
regulable, a fin de poder estudiarlo minuciosamente.
Se trataba de un material muy antiguo, una nota
escrita sobre papel, u otro material más antiguo aún,
quizás un papiro, lo llevó al proyector para verlo
ampliado sobre la pantalla y cuando consiguió
tenerlo enfocado, le hizo varias fotografías
con todos los filtros de objetivo que tenía disponibles
y luego, mediante un procesador de imágenes,
logró una una definitiva fotografía, nítida y
reveladora de la nota manuscrita.
Estaba escrita en signos, todavía por descifrar,
seguramente, en lengua prerromana.
Salió al jardín aturdido.
¿qué decía aquel manuscrito?
¿quien lo escribió?
¿cómo había llegado hasta él?
Abrió con cuidado el sobre y sacó una bolsa
de plástico, cerrada herméticamente al vacío
y que llevaba en el interior un viejo manuscrito.
Intrigado por aquel misterio, se dirigió al estudio
fotográfico y colocó el manuscrito sobre un cristal
translúcido, con una potente luz, de intensidad
regulable, a fin de poder estudiarlo minuciosamente.
Se trataba de un material muy antiguo, una nota
escrita sobre papel, u otro material más antiguo aún,
quizás un papiro, lo llevó al proyector para verlo
ampliado sobre la pantalla y cuando consiguió
tenerlo enfocado, le hizo varias fotografías
con todos los filtros de objetivo que tenía disponibles
y luego, mediante un procesador de imágenes,
logró una una definitiva fotografía, nítida y
reveladora de la nota manuscrita.
Estaba escrita en signos, todavía por descifrar,
seguramente, en lengua prerromana.
Salió al jardín aturdido.
¿qué decía aquel manuscrito?
¿quien lo escribió?
¿cómo había llegado hasta él?
2
Durante la noche, el viento agitó las ramas
del fresno, con tanta fuerza que despertó
sobresaltado. Permaneció despierto en la cama
un buen rato, hasta que un sonido, repetido
a intervalos, le hizo levantarse.
El sonido venía de la galería de la entrada,
parecía como si dieran golpes en la puerta.
Pensó que debía de tratarse del viento, y que
quizás había arrastrado hasta el porche
algún objeto, algo ligero como una botella
de plástico, algo que a intervalos se movía
y tocaba la puerta de la entrada. Abrió para
comprobar de que se trataba y era una mujer:
-Llevo tiempo buscándote. Te traigo una carta.
Estaba petrificado, incapaz de decir nada, pero
cogió el sobre y retrocedió unos pasos.
La mujer desapareció sin decir nada más...
Un sudor frío, como si tuviera fiebre, le empapaba
el cuerpo. Intentó caminar pero se dio cuenta
que estaba enredado en la sábana.
Cuando despertó se quedó sentado en la cama,
luego salió al salón.
Estaba preparando el desayuno cuando su gato
se restregó en las piernas desnudas saludándolo.
Entonces reparó en el sobre que había sobre
la mesa y aturdido lo cogió sin saber como había
podido llegar hasta allí.
Durante la noche, el viento agitó las ramas
del fresno, con tanta fuerza que despertó
sobresaltado. Permaneció despierto en la cama
un buen rato, hasta que un sonido, repetido
a intervalos, le hizo levantarse.
El sonido venía de la galería de la entrada,
parecía como si dieran golpes en la puerta.
Pensó que debía de tratarse del viento, y que
quizás había arrastrado hasta el porche
algún objeto, algo ligero como una botella
de plástico, algo que a intervalos se movía
y tocaba la puerta de la entrada. Abrió para
comprobar de que se trataba y era una mujer:
-Llevo tiempo buscándote. Te traigo una carta.
Estaba petrificado, incapaz de decir nada, pero
cogió el sobre y retrocedió unos pasos.
La mujer desapareció sin decir nada más...
Un sudor frío, como si tuviera fiebre, le empapaba
el cuerpo. Intentó caminar pero se dio cuenta
que estaba enredado en la sábana.
Cuando despertó se quedó sentado en la cama,
luego salió al salón.
Estaba preparando el desayuno cuando su gato
se restregó en las piernas desnudas saludándolo.
Entonces reparó en el sobre que había sobre
la mesa y aturdido lo cogió sin saber como había
podido llegar hasta allí.
miércoles, 2 de octubre de 2019
BOSQUES MILENARIOS
1
Cada mañana calzaba sus botas y salía
a encontrarse con los bosques inmensos.
Los colores de otoño despedían los días
aún suaves y con algo de suerte, era posible
que desde el fondo del valle llegara el canto
poderoso del ciervo, reclamando su espacio,
invitando a su harén a su celo desbordado.
Llevaba consigo la cámara de fotos para
llevarse de vuelta los instantes únicos,
irrepetibles, que había de encontrar.
Hubo un tiempo lejano, en el que buscó los
hongos del bosque con un interés gastronómico.
Ahora no los recogía, ahora los fotografiaba
para llevarse su imagen, para guardar ese instante
de encontrar frutos del bosque, como un trofeo
permanente, como un recuerdo imborrable
del placer de encontrarlos y dar fe de la increíble
fertilidad de los bosques milenarios.
Luego, de regreso a casa, se quitaba las botas
y se abandonaba en el sofá, agotado y satisfecho.
Había conseguido traer en imágenes
instantes imborrables.
Cada mañana calzaba sus botas y salía
a encontrarse con los bosques inmensos.
Los colores de otoño despedían los días
aún suaves y con algo de suerte, era posible
que desde el fondo del valle llegara el canto
poderoso del ciervo, reclamando su espacio,
invitando a su harén a su celo desbordado.
Llevaba consigo la cámara de fotos para
llevarse de vuelta los instantes únicos,
irrepetibles, que había de encontrar.
Hubo un tiempo lejano, en el que buscó los
hongos del bosque con un interés gastronómico.
Ahora no los recogía, ahora los fotografiaba
para llevarse su imagen, para guardar ese instante
de encontrar frutos del bosque, como un trofeo
permanente, como un recuerdo imborrable
del placer de encontrarlos y dar fe de la increíble
fertilidad de los bosques milenarios.
Luego, de regreso a casa, se quitaba las botas
y se abandonaba en el sofá, agotado y satisfecho.
Había conseguido traer en imágenes
instantes imborrables.
martes, 1 de octubre de 2019
62
La soledad vestía de negro.
Haber perdido su apoyo, significaba entrar
en un mundo vacío, era vivir en la ausencia.
Una vestía de negro riguroso y estaba casi
ciega. La otra llevaba el luto por dentro
y sus ojos buscaban algo de luz en las tinieblas.
La soledad de ambas viudas era negra.
A una, anciana ya, casi ciega, vestida de negro,
podías verla, cada día, caminar tanteando las
paredes de las calles hasta llegar a un lugar,
repleto de niños jugando, un lugar con la estufa
encendida, donde a parte de calentar sus huesos,
le daban palabras buenas, y un plato de comida.
Aquel lugar, debía de ser el cielo, pues era la casa
de un hombre bueno.
La otra, aún joven, vestía siempre con clase,
iba arreglada, el luto lo llevaba por dentro, pero
sus ojos miraban en negro, estaban de luto,
y en el supermercado, podías verla mirando
las estanterías, como buscando, pero hacía
tiempo que solo buscaba llenar su ausencia,
buscaba encontrar a alguien entre la fruta
y el pescado, y sin que nadie sospechara
ansiaba en secreto a alguien. Hacía tiempo,
que se cruzaba con alguien, tal vez conocido,
alguien que frecuentaba la fruta, alguien
al que cada día esperaba en silencio,
y sin que se diera cuenta, cuando esta a su lado,
levantaba la vista despacio para observarlo.
La soledad vestía de negro.
Llenaban sus vidas
con vidas ajenas
olvidando ausencias.
La soledad vestía de negro.
Haber perdido su apoyo, significaba entrar
en un mundo vacío, era vivir en la ausencia.
Una vestía de negro riguroso y estaba casi
ciega. La otra llevaba el luto por dentro
y sus ojos buscaban algo de luz en las tinieblas.
La soledad de ambas viudas era negra.
A una, anciana ya, casi ciega, vestida de negro,
podías verla, cada día, caminar tanteando las
paredes de las calles hasta llegar a un lugar,
repleto de niños jugando, un lugar con la estufa
encendida, donde a parte de calentar sus huesos,
le daban palabras buenas, y un plato de comida.
Aquel lugar, debía de ser el cielo, pues era la casa
de un hombre bueno.
La otra, aún joven, vestía siempre con clase,
iba arreglada, el luto lo llevaba por dentro, pero
sus ojos miraban en negro, estaban de luto,
y en el supermercado, podías verla mirando
las estanterías, como buscando, pero hacía
tiempo que solo buscaba llenar su ausencia,
buscaba encontrar a alguien entre la fruta
y el pescado, y sin que nadie sospechara
ansiaba en secreto a alguien. Hacía tiempo,
que se cruzaba con alguien, tal vez conocido,
alguien que frecuentaba la fruta, alguien
al que cada día esperaba en silencio,
y sin que se diera cuenta, cuando esta a su lado,
levantaba la vista despacio para observarlo.
La soledad vestía de negro.
Llenaban sus vidas
con vidas ajenas
olvidando ausencias.
viernes, 27 de septiembre de 2019
61
Era una estación desconchada y fría
en una mañana en blanco y negro.
Arrancaba un tren y en la ventanilla una mano
anunciaba el adiós, anunciaba el amargo sabor
de la ausencia, la fría consciencia de estar solo
en el andén, lejos de casa.
Con doce años se aprende la nostalgia.
Una estación de tren, desconchada y fría, y una
despedida en el andén en blanco y negro marcan
para siempre. La soledad recién estrenada será
asumida como algo normal, será acogida como
una necesaria compañía, no buscada.
Y sin embargo, pasado el tiempo, cuando más
de cincuenta años se quedaron por el camino,
el blanco y negro de una estación desconchada
y fría se convierte en una agradable cita con
la ternura, un elemento indispensable en la
escuela de la vida.
Con el paso de los años,
con el tiempo,
la vida
se llena de color
y una despedida
en blanco y negro
en una lejana estación
desconchada y fría,
se convierte
en algo entrañable
y lleno de ternura
Era una estación desconchada y fría
en una mañana en blanco y negro.
Arrancaba un tren y en la ventanilla una mano
anunciaba el adiós, anunciaba el amargo sabor
de la ausencia, la fría consciencia de estar solo
en el andén, lejos de casa.
Con doce años se aprende la nostalgia.
Una estación de tren, desconchada y fría, y una
despedida en el andén en blanco y negro marcan
para siempre. La soledad recién estrenada será
asumida como algo normal, será acogida como
una necesaria compañía, no buscada.
Y sin embargo, pasado el tiempo, cuando más
de cincuenta años se quedaron por el camino,
el blanco y negro de una estación desconchada
y fría se convierte en una agradable cita con
la ternura, un elemento indispensable en la
escuela de la vida.
Con el paso de los años,
con el tiempo,
la vida
se llena de color
y una despedida
en blanco y negro
en una lejana estación
desconchada y fría,
se convierte
en algo entrañable
y lleno de ternura
miércoles, 25 de septiembre de 2019
60
No quiero más fronteras.
Me basta con salir
cuando
lo pidan mis pasos,
me basta
con estar en casa
en cualquier parte
todos los paisajes
serán uno,
serán de todos
sin que nadie
los reclame,
no quiero
más fronteras
que las que están
al alcance de la mano,
esas que hacen
que el invierno
sea más suave,
o que el otoño
sea verano
no quiero
más fronteras
que el roce
de tus labios.
No quiero más fronteras.
Me basta con salir
cuando
lo pidan mis pasos,
me basta
con estar en casa
en cualquier parte
todos los paisajes
serán uno,
serán de todos
sin que nadie
los reclame,
no quiero
más fronteras
que las que están
al alcance de la mano,
esas que hacen
que el invierno
sea más suave,
o que el otoño
sea verano
no quiero
más fronteras
que el roce
de tus labios.
martes, 24 de septiembre de 2019
59
El sol de otoño era perezoso,
le costaba levantarse
y sin embargo tenía un tono dulce,
como de miel,
que invitaba a salir al jardín.
En el norte maduraban las uvas
con ese sol tan dorado
que pronto dejaría lista
la cosecha de somontano.
Los gatos más expertos
buscaban por los rincones
ese sol perezoso
cuando las golondrinas
ya se habían ido,
buscaban
los rayos
capaces de dorar las uvas
que traerían
el delicioso
somontano
y en los bosques inmensos
se contagiaba
la pereza de aquel sol
y los robles
empezaban
a dejar
caer
las hojas.
El sol de otoño era perezoso,
le costaba levantarse
y sin embargo tenía un tono dulce,
como de miel,
que invitaba a salir al jardín.
En el norte maduraban las uvas
con ese sol tan dorado
que pronto dejaría lista
la cosecha de somontano.
Los gatos más expertos
buscaban por los rincones
ese sol perezoso
cuando las golondrinas
ya se habían ido,
buscaban
los rayos
capaces de dorar las uvas
que traerían
el delicioso
somontano
y en los bosques inmensos
se contagiaba
la pereza de aquel sol
y los robles
empezaban
a dejar
caer
las hojas.
domingo, 22 de septiembre de 2019
58
La esperanza era verde
y tenía aroma de boj.
La tierra se abría con facilidad al presionarla,
era una mezcla de final de verano y de otoño,
había absorbido las tempranas lluvias
que cayeron bajo el fresno
y había que cavar con cuidado
para no sacar
los bulbos de los jacintos
antes de ir
trasplantando
los tiernos brotes de boj.
En la higuera,
algunos frutos se abrían
por no aguantar
la fuerza con la que crecían,
entonces
era el momento de cogerlos,
aún verdes,
y cocerlos
con brandy,
la esperanza
era verde,
tenía
aroma de boj
y un sabor
de higos
verdes
al brandy.
La esperanza era verde
y tenía aroma de boj.
La tierra se abría con facilidad al presionarla,
era una mezcla de final de verano y de otoño,
había absorbido las tempranas lluvias
que cayeron bajo el fresno
y había que cavar con cuidado
para no sacar
los bulbos de los jacintos
antes de ir
trasplantando
los tiernos brotes de boj.
En la higuera,
algunos frutos se abrían
por no aguantar
la fuerza con la que crecían,
entonces
era el momento de cogerlos,
aún verdes,
y cocerlos
con brandy,
la esperanza
era verde,
tenía
aroma de boj
y un sabor
de higos
verdes
al brandy.
miércoles, 18 de septiembre de 2019
57
De repente te sientes bien,
así sin pensarlo
digamos que es esa hora del día
que se reconcilia con la noche,
contemplas la Avenida desde la terraza,
los coches se deslizan silenciosos
con las luces encendidas
y el corazón late sosegado
como todo el cuerpo,
hasta el café
sabe delicioso
y te sientes bien,
resulta
que todas las cosas buenas
que estaban guardadas en París
están aquí
de repente
y te sientes bien
es
como
el sabor
de tus labios.
De repente te sientes bien,
así sin pensarlo
digamos que es esa hora del día
que se reconcilia con la noche,
contemplas la Avenida desde la terraza,
los coches se deslizan silenciosos
con las luces encendidas
y el corazón late sosegado
como todo el cuerpo,
hasta el café
sabe delicioso
y te sientes bien,
resulta
que todas las cosas buenas
que estaban guardadas en París
están aquí
de repente
y te sientes bien
es
como
el sabor
de tus labios.
jueves, 12 de septiembre de 2019
56
Pareció que su presencia era inexplicable,
que no era real su existencia, que no fueron verdad,
pero resultó cierto, resultó que estarían para siempre
en un lugar sagrado, un merecido lugar de París
a donde van a parar las cosas buenas.
Porque Deseada tuvo que salir de algún lugar en el que
se produce lo definitivamente perfecto, un lugar como
si fuera el cielo, por su belleza inigualable y tan admirada
por todos, y ¿que decir de sus dibujos, de la maestría
de sus trazos?, su mano estaba hecha para plasmar
el arte más exquisito, para dejar constancia de la belleza
que hay en interior de las cosas.
Porque Luma supo como nadie hacer del canto de la nana
el arrullo imprescindible para el sueño de un bebé:
"calma, calma, deja que el beso dure, calma, calma".
Y porque la Escondida trajo la dignidad a ese último
instante, a esa frontera que hay que cruzar alguna
vez, al momento de ir al más allá, de llegar
al reino de los muertos con un rayo de luna,
nadie como ella puso tanta dignidad y respeto,
nadie puso tanta piedad a ese definitivo instante.
Por eso hay un lugar en París para todas ellas,
un merecido lugar donde estarán para siempre
Deseada, Luma y la Escondida cuando todo acabe.
Puede que parecieran irreales,
que su presencia solo fuera un sueño,
pero vinieron de un lugar hermoso
para hacernos la vida más fácil
y nadie podrá decir nunca
que no existieron.
Pareció que su presencia era inexplicable,
que no era real su existencia, que no fueron verdad,
pero resultó cierto, resultó que estarían para siempre
en un lugar sagrado, un merecido lugar de París
a donde van a parar las cosas buenas.
Porque Deseada tuvo que salir de algún lugar en el que
se produce lo definitivamente perfecto, un lugar como
si fuera el cielo, por su belleza inigualable y tan admirada
por todos, y ¿que decir de sus dibujos, de la maestría
de sus trazos?, su mano estaba hecha para plasmar
el arte más exquisito, para dejar constancia de la belleza
que hay en interior de las cosas.
Porque Luma supo como nadie hacer del canto de la nana
el arrullo imprescindible para el sueño de un bebé:
"calma, calma, deja que el beso dure, calma, calma".
Y porque la Escondida trajo la dignidad a ese último
instante, a esa frontera que hay que cruzar alguna
vez, al momento de ir al más allá, de llegar
al reino de los muertos con un rayo de luna,
nadie como ella puso tanta dignidad y respeto,
nadie puso tanta piedad a ese definitivo instante.
Por eso hay un lugar en París para todas ellas,
un merecido lugar donde estarán para siempre
Deseada, Luma y la Escondida cuando todo acabe.
Puede que parecieran irreales,
que su presencia solo fuera un sueño,
pero vinieron de un lugar hermoso
para hacernos la vida más fácil
y nadie podrá decir nunca
que no existieron.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
55
Ya no importaba
el pasado, ni los días perdidos.
Había llegado hasta allí
indemne
había llegado sin entregarse
sin ceder al infortunio
había vencido a las derrotas
que parecieron insalvables,
ahora solo importaba
la ciudad repleta de terrazas
al final del verano,
importaba ese río de gente
y las ganas de vivir
la noche tan hermosa
en una ciudad abierta
y acogedora,
tu mano
me guiaba
entre la gente
a salvo,
siempre a salvo,
ahora
solo importaba la ciudad
y la noche tan hermosa,
ya no importaba
el pasado,
quedaban
muy lejos
los días perdidos.
Ya no importaba
el pasado, ni los días perdidos.
Había llegado hasta allí
indemne
había llegado sin entregarse
sin ceder al infortunio
había vencido a las derrotas
que parecieron insalvables,
ahora solo importaba
la ciudad repleta de terrazas
al final del verano,
importaba ese río de gente
y las ganas de vivir
la noche tan hermosa
en una ciudad abierta
y acogedora,
tu mano
me guiaba
entre la gente
a salvo,
siempre a salvo,
ahora
solo importaba la ciudad
y la noche tan hermosa,
ya no importaba
el pasado,
quedaban
muy lejos
los días perdidos.
domingo, 8 de septiembre de 2019
54
" siempre vuelvo a ese mar
que perdió sus aguas
vuelvo a ese mar
y a sus bosques inmensos"
Las nubes bajas descargaban sobre el ardiente
asfalto cuando la Gardot susurraba "so we meet again".
Subir a las tierras altas por carreteras imposibles
en pendientes de vértigo ponía a prueba a cualquiera.
El coche se deslizaba por cerradas curvas
entre los bosques inmensos para llegar a la cima.
La tormenta seguía implacable sobre el ardiente
asfalto y al llegar arriba el espectáculo era asombroso.
La carretera evaporaba la lluvia
y entre los árboles ascendía
una nube de vapor
calmando el calor del verano.
Desde las tierras altas
sorprendió
un arco iris inmenso
sobre los bosques interminables
mientras la Gardot
seguía cantando.
" siempre vuelvo a ese mar
que perdió sus aguas
vuelvo a ese mar
y a sus bosques inmensos"
Las nubes bajas descargaban sobre el ardiente
asfalto cuando la Gardot susurraba "so we meet again".
Subir a las tierras altas por carreteras imposibles
en pendientes de vértigo ponía a prueba a cualquiera.
El coche se deslizaba por cerradas curvas
entre los bosques inmensos para llegar a la cima.
La tormenta seguía implacable sobre el ardiente
asfalto y al llegar arriba el espectáculo era asombroso.
La carretera evaporaba la lluvia
y entre los árboles ascendía
una nube de vapor
calmando el calor del verano.
Desde las tierras altas
sorprendió
un arco iris inmenso
sobre los bosques interminables
mientras la Gardot
seguía cantando.
viernes, 6 de septiembre de 2019
53
Un sol acabado incendiaba el horizonte
de tal manera que el cielo rojizo
se fundía con el mar.
-¿En qué piensas?
Cada vez que él se quedaba mirando, ensimismado,
parecía tan ausente, que ella trataba de retenerlo
como si su ausencia fuera un adiós, un mal presagio.
-¡Bésame!- dijo, acercándose a él para atraerlo.
El la besó, luego acercó
la helada copa a los labios y bebió el vino blanco.
Aquel lugar estaba
protegido del viento
por el cristal,
pero no impedía asomarse
al precipicio rocoso
en el que rompían las olas
y en la tarde,
cuando el sol se iba,
acudían a cenar allí
por la belleza inigualable
de aquel sitio,
entonces
las últimas golondrinas
se agrupaban en los veleros
antes de emprender el vuelo
y arrastraban,
sin remedio,
el corazón
en su viaje de regreso.
Un sol acabado incendiaba el horizonte
de tal manera que el cielo rojizo
se fundía con el mar.
-¿En qué piensas?
Cada vez que él se quedaba mirando, ensimismado,
parecía tan ausente, que ella trataba de retenerlo
como si su ausencia fuera un adiós, un mal presagio.
-¡Bésame!- dijo, acercándose a él para atraerlo.
El la besó, luego acercó
la helada copa a los labios y bebió el vino blanco.
Aquel lugar estaba
protegido del viento
por el cristal,
pero no impedía asomarse
al precipicio rocoso
en el que rompían las olas
y en la tarde,
cuando el sol se iba,
acudían a cenar allí
por la belleza inigualable
de aquel sitio,
entonces
las últimas golondrinas
se agrupaban en los veleros
antes de emprender el vuelo
y arrastraban,
sin remedio,
el corazón
en su viaje de regreso.
jueves, 5 de septiembre de 2019
52
Hay palabras nuevas
que no vienen en los diccionarios,
son esas palabras que inventa un niño de dos años,
palabras de un mundo que empieza,
de una nueva frontera, de un mundo mágico,
palabras cargadas de sentido,
que no están a tu alcance
ni aparecen en los libros,
palabras sin rastro.
Si has de buscar un sitio en el que estar,
un lugar donde empezar de nuevo,
uno que no esté inventado,
es ese
que encierra
la palabra
que inventa
un niño de dos años.
Buscad un sitio preferido,
un lugar perfecto,
el más idílico de todos,
el que queráis
el más osado
buscadlo,
buscad
por sitios remotos
por parajes exóticos
por magníficos palacios,
no encontraréis ninguno,
ninguno,
ninguno tan concreto y tan abstracto,
tan rico y tan mágico
como la última frontera
que esconde
las palabra de un niño de dos años.
Hay palabras nuevas
que no vienen en los diccionarios,
son esas palabras que inventa un niño de dos años,
palabras de un mundo que empieza,
de una nueva frontera, de un mundo mágico,
palabras cargadas de sentido,
que no están a tu alcance
ni aparecen en los libros,
palabras sin rastro.
Si has de buscar un sitio en el que estar,
un lugar donde empezar de nuevo,
uno que no esté inventado,
es ese
que encierra
la palabra
que inventa
un niño de dos años.
Buscad un sitio preferido,
un lugar perfecto,
el más idílico de todos,
el que queráis
el más osado
buscadlo,
buscad
por sitios remotos
por parajes exóticos
por magníficos palacios,
no encontraréis ninguno,
ninguno,
ninguno tan concreto y tan abstracto,
tan rico y tan mágico
como la última frontera
que esconde
las palabra de un niño de dos años.
miércoles, 4 de septiembre de 2019
51
La golondrina voló sobre los bosques inmensos,
sabía que el verde tan intenso se iría pronto, que
era cuestión de tiempo que los robles se hicieran
rojos, antes de quedarse sin hojas, y que aquel
mar de un verde tan intenso, habría de esperar
el manto blanco del invierno.
Sabía que tendría que volar muy lejos, sobre otros
mares, mares azules inmensos, mares dorados de
dunas ardientes, para llegar a casa.
Las tardes de verano se agotaban,
pronto alzaría el vuelo
antes que el otoño
hiciera rojizos los bosques,
un impulso incontrolable
la obligaba a volar lejos
para llegar a casa,
sabía que dejaba atrás
los mares verdes
y que mares azules
la esperaban,
que habría
de volar sobre
arenas ardientes,
sabía también
que habría de regresar
de su largo viaje
cuando la primavera
de nuevo
la llamara.
La golondrina voló sobre los bosques inmensos,
sabía que el verde tan intenso se iría pronto, que
era cuestión de tiempo que los robles se hicieran
rojos, antes de quedarse sin hojas, y que aquel
mar de un verde tan intenso, habría de esperar
el manto blanco del invierno.
Sabía que tendría que volar muy lejos, sobre otros
mares, mares azules inmensos, mares dorados de
dunas ardientes, para llegar a casa.
Las tardes de verano se agotaban,
pronto alzaría el vuelo
antes que el otoño
hiciera rojizos los bosques,
un impulso incontrolable
la obligaba a volar lejos
para llegar a casa,
sabía que dejaba atrás
los mares verdes
y que mares azules
la esperaban,
que habría
de volar sobre
arenas ardientes,
sabía también
que habría de regresar
de su largo viaje
cuando la primavera
de nuevo
la llamara.
miércoles, 28 de agosto de 2019
50
"Liberad París
abrid sus calles a la luz
que inunden hasta el Sena
que iluminen las plazas
que aparten las tinieblas.
Liberad París
para Bogard y la Bergman,
para Aznavour y la bohemia
que lleguen los poetas
a sus calles,
que tomen las plazas
los pintores,
que busquen su lugar
las cosas buenas
que se guarden en París,
que no se pierdan.
Liberad París
de las tinieblas
que cuando todo termine
haya un lugar de luz
un sitio sagrado
donde guardar
las cosas buenas".
"Liberad París
abrid sus calles a la luz
que inunden hasta el Sena
que iluminen las plazas
que aparten las tinieblas.
Liberad París
para Bogard y la Bergman,
para Aznavour y la bohemia
que lleguen los poetas
a sus calles,
que tomen las plazas
los pintores,
que busquen su lugar
las cosas buenas
que se guarden en París,
que no se pierdan.
Liberad París
de las tinieblas
que cuando todo termine
haya un lugar de luz
un sitio sagrado
donde guardar
las cosas buenas".
martes, 27 de agosto de 2019
49
Los pájaros oscuros abandonaron el bosque
despavoridos. Se habían asentado allí largo
tiempo, pero el arrendajo sabía que en algún
lugar lejano, estaba guardado un secreto,
estaba guardado un recuerdo que haría huir
a los pájaros siniestros, a los pájaros oscuros
que ensombrecieron los días del bosque.
Ocurrió cuando el sol se echaba a dormir,
entonces, un sonido atronador despertó al bosque
era el trueno que asustó a los pájaros siniestros,
luego siguió, entre relámpagos,
una febril actividad entre los árboles,
la lluvia arrastraba
el fértil polvo
hasta el suelo,
y el latido del bosque
empezó a escucharse de nuevo.
Los pájaros oscuros
huyeron
y el latido del bosque
volvió otra vez,
cuando
el fértil polvo,
arrastrado por la lluvia,
llegó
de nuevo
hasta el micelio.
Los pájaros oscuros abandonaron el bosque
despavoridos. Se habían asentado allí largo
tiempo, pero el arrendajo sabía que en algún
lugar lejano, estaba guardado un secreto,
estaba guardado un recuerdo que haría huir
a los pájaros siniestros, a los pájaros oscuros
que ensombrecieron los días del bosque.
Ocurrió cuando el sol se echaba a dormir,
entonces, un sonido atronador despertó al bosque
era el trueno que asustó a los pájaros siniestros,
luego siguió, entre relámpagos,
una febril actividad entre los árboles,
la lluvia arrastraba
el fértil polvo
hasta el suelo,
y el latido del bosque
empezó a escucharse de nuevo.
Los pájaros oscuros
huyeron
y el latido del bosque
volvió otra vez,
cuando
el fértil polvo,
arrastrado por la lluvia,
llegó
de nuevo
hasta el micelio.
domingo, 25 de agosto de 2019
48
"Como una piedra que rueda.."
repetía Dylan mientras el paisaje desolado
iba quedando atrás.
La carretera solitaria y el sol a punto de esconderse
eran todo su equipaje.
El coche se deslizaba mansamente
y Dylan repetía:
"como una piedra que rueda,
como un piedra..."
Y es que siempre fue así,
siempre resultó que había que rodar,
que había que seguir rodando,
limando el carácter,
haciéndolo más fuerte
haciendo frente al infortunio,
venciendo la desgracia
y saliendo
cada vez más fuerte
de las traiciones
que trataron de tumbarlo.
Ahora el coche se deslizaba
mansamente a su destino,
con un sol acabado,
por la carretera solitaria
y a solas repetía
que mereció la pena el viaje,
que resultó duro a veces,
pero que llegó hasta allí indemne
había conseguido acabar
con todas las derrotas
que amenazaron su horizonte,
como una piedra, siempre,
como una piedra que rueda.
"Como una piedra que rueda.."
repetía Dylan mientras el paisaje desolado
iba quedando atrás.
La carretera solitaria y el sol a punto de esconderse
eran todo su equipaje.
El coche se deslizaba mansamente
y Dylan repetía:
"como una piedra que rueda,
como un piedra..."
Y es que siempre fue así,
siempre resultó que había que rodar,
que había que seguir rodando,
limando el carácter,
haciéndolo más fuerte
haciendo frente al infortunio,
venciendo la desgracia
y saliendo
cada vez más fuerte
de las traiciones
que trataron de tumbarlo.
Ahora el coche se deslizaba
mansamente a su destino,
con un sol acabado,
por la carretera solitaria
y a solas repetía
que mereció la pena el viaje,
que resultó duro a veces,
pero que llegó hasta allí indemne
había conseguido acabar
con todas las derrotas
que amenazaron su horizonte,
como una piedra, siempre,
como una piedra que rueda.
sábado, 24 de agosto de 2019
47
Entre el gusano y la rata
queda un espacio
nauseabundo,
una zona muerta
por la que va medrando
un ser amorfo,
una zona lúgubre
en la que prospera
el trepa,
su rastro
es imposible de limpiar,
no hay lejía suficiente.
El trepa siempre gana,
va reptando por tu espalda
hasta llegar arriba
y allí se instala.
Entonces solo queda
un lugar donde esconderse,
un sitio en el que estar a salvo,
un espacio seguro y libre,
es ese lugar
donde se escucha un sonido de guitarra,
ese sitio
donde hay un aleteo de mariposas
en la entrada,
ese espacio
repleto de versos
donde el sol se echa a dormir
mientras
el fresno
guarda silencio
en el jardín.
Entre el gusano y la rata
queda un espacio
nauseabundo,
una zona muerta
por la que va medrando
un ser amorfo,
una zona lúgubre
en la que prospera
el trepa,
su rastro
es imposible de limpiar,
no hay lejía suficiente.
El trepa siempre gana,
va reptando por tu espalda
hasta llegar arriba
y allí se instala.
Entonces solo queda
un lugar donde esconderse,
un sitio en el que estar a salvo,
un espacio seguro y libre,
es ese lugar
donde se escucha un sonido de guitarra,
ese sitio
donde hay un aleteo de mariposas
en la entrada,
ese espacio
repleto de versos
donde el sol se echa a dormir
mientras
el fresno
guarda silencio
en el jardín.
jueves, 22 de agosto de 2019
46
Hay ciudades sin historia
sin un rincón de la nostalgia
de avenidas abiertas
de calles transparentes
y plazas repletas de vida,
ciudades
sin una historia
antigua
que contarte
donde
solo importa el futuro
donde encuentras tu sitio
sin pensarlo
donde vuelves a empezar
en lugares
llenos
de abrazos,
ciudades nuevas
donde
hasta los viejos
apenas
si son
adolescentes.
Hay ciudades sin historia
sin un rincón de la nostalgia
de avenidas abiertas
de calles transparentes
y plazas repletas de vida,
ciudades
sin una historia
antigua
que contarte
donde
solo importa el futuro
donde encuentras tu sitio
sin pensarlo
donde vuelves a empezar
en lugares
llenos
de abrazos,
ciudades nuevas
donde
hasta los viejos
apenas
si son
adolescentes.
martes, 20 de agosto de 2019
45
El gran pájaro de hierro se posó sobre el pantano,
luego alzó el vuelo con un sonido atronador, inclinando
las alas para girar, y al pasar sobre las llamas, soltó
toda la lluvia que llevaba en su interior.
El arrendajo lo observaba asombrado, sabía que cuando
acabara con el fuego, no volvería a verlo nunca más.
Luego bajó al fondo del valle, donde las llamas
se extinguieron la noche anterior y encontró piñas
abiertas, con los piñones asomando, pero ese no era
su trabajo, eso era cosa de la ardilla.
El buscaba bellotas,
las iría enterrando en la tierra húmeda,
a mitad de la ladera, junto a la roca que
servía de referencia,
eran su despensa para el otoño,
también para el largo invierno,
pero algunas
brotarían en primavera
y salpicarían
de diminutos robles la ladera
y en pocos años,
serían la garantía
de su despensa
para
los próximos
inviernos.
El gran pájaro de hierro se posó sobre el pantano,
luego alzó el vuelo con un sonido atronador, inclinando
las alas para girar, y al pasar sobre las llamas, soltó
toda la lluvia que llevaba en su interior.
El arrendajo lo observaba asombrado, sabía que cuando
acabara con el fuego, no volvería a verlo nunca más.
Luego bajó al fondo del valle, donde las llamas
se extinguieron la noche anterior y encontró piñas
abiertas, con los piñones asomando, pero ese no era
su trabajo, eso era cosa de la ardilla.
El buscaba bellotas,
las iría enterrando en la tierra húmeda,
a mitad de la ladera, junto a la roca que
servía de referencia,
eran su despensa para el otoño,
también para el largo invierno,
pero algunas
brotarían en primavera
y salpicarían
de diminutos robles la ladera
y en pocos años,
serían la garantía
de su despensa
para
los próximos
inviernos.
lunes, 19 de agosto de 2019
44
"Todo lo que fui, quedó atrás.
Estuve atrapado en un mar de arena,
el viento quemaba y las gacelas huían
del guepardo, pero yo no era tan rápido,
así que dejé atrás aquel mar
de ardiente arena,
todo lo que fui, quedó atrás,
escapé de un mar azul,
de aguas siniestras y frías
que devoraron a otros,
escapé de un mar ardiente
de doradas arenas,
escapé
de un mar azul
de aguas siniestras
todo
se quedó atrás,
el mar de arena,
el mar azul
de aguas siniestras,
ahora estoy atrapado
en un mar
de plástico
con un calor
sofocante,
y sé
que no escaparé jamás
de los mares que acechan
y te dejan atrapado,
sé que no escaparé nunca,
nunca seré
tan veloz
como el guepardo".
"Todo lo que fui, quedó atrás.
Estuve atrapado en un mar de arena,
el viento quemaba y las gacelas huían
del guepardo, pero yo no era tan rápido,
así que dejé atrás aquel mar
de ardiente arena,
todo lo que fui, quedó atrás,
escapé de un mar azul,
de aguas siniestras y frías
que devoraron a otros,
escapé de un mar ardiente
de doradas arenas,
escapé
de un mar azul
de aguas siniestras
todo
se quedó atrás,
el mar de arena,
el mar azul
de aguas siniestras,
ahora estoy atrapado
en un mar
de plástico
con un calor
sofocante,
y sé
que no escaparé jamás
de los mares que acechan
y te dejan atrapado,
sé que no escaparé nunca,
nunca seré
tan veloz
como el guepardo".
domingo, 18 de agosto de 2019
43
En el Panteón de los reyes, las pinturas murales
daban idea de la solemnidad del lugar.
Descansaban los restos de los reyes
y quedaban atrás las intrigas de palacio,
pero también, los gestos tan nobles que,
siglos después,
tuvieron un inmenso respeto
por parte de todos.
Un joven rey,
el último,
adolescente y maduro a la vez,
mandó reunir a los nobles,
a la curia
y a los representantes del pueblo
y dijo hermosas palabras,
palabras que quedaron guardadas,
que quedaron escritas:
"se protegerá
a los débiles del reino".
Siglos pasaron, hasta que aquellas palabras,
trajeron los derechos humanos,
trajeron los parlamentos,
las constituciones.
En el Panteón de los reyes,
las pinturas murales guardan el silencio,
guardan el descanso,
guardan la paz y un inmenso respeto
por aquel joven rey
y sus hermosas palabras
y su gesto tan noble.
En el Panteón de los reyes, las pinturas murales
daban idea de la solemnidad del lugar.
Descansaban los restos de los reyes
y quedaban atrás las intrigas de palacio,
pero también, los gestos tan nobles que,
siglos después,
tuvieron un inmenso respeto
por parte de todos.
Un joven rey,
el último,
adolescente y maduro a la vez,
mandó reunir a los nobles,
a la curia
y a los representantes del pueblo
y dijo hermosas palabras,
palabras que quedaron guardadas,
que quedaron escritas:
"se protegerá
a los débiles del reino".
Siglos pasaron, hasta que aquellas palabras,
trajeron los derechos humanos,
trajeron los parlamentos,
las constituciones.
En el Panteón de los reyes,
las pinturas murales guardan el silencio,
guardan el descanso,
guardan la paz y un inmenso respeto
por aquel joven rey
y sus hermosas palabras
y su gesto tan noble.
martes, 13 de agosto de 2019
42
Los tenía absolutamente entregados.
Sabía de sobra que todos aplaudirían a rabiar
aquellos juegos que su imaginación infantil
iba creando, lo sabía, pero había algo más,
había en el ambiente algo mágico,
algo que hacía latir de nuevo
aquella casona antigua,
aquellos muros centenarios.
En la entrada,
sobre ladrillos cocidos,
daba fe de su noble pasado
la fecha inscrita,
más de trescientos años,
decía,
casi cuatro siglos.
En el techo el escudo nobiliario.
Los arcos y muros de piedra
fueron testigos de los pasos,
de la vida y los sueños
de aquellos que la habitaron.
Ahora,
juegos infantiles
y aplausos,
le devolvían la vida.
A veces las paredes,
los arcos y muros
centenarios,
laten con la vida
de los juegos
infantiles
que un día cualquiera
regresan
y arrancan aplausos.
Los tenía absolutamente entregados.
Sabía de sobra que todos aplaudirían a rabiar
aquellos juegos que su imaginación infantil
iba creando, lo sabía, pero había algo más,
había en el ambiente algo mágico,
algo que hacía latir de nuevo
aquella casona antigua,
aquellos muros centenarios.
En la entrada,
sobre ladrillos cocidos,
daba fe de su noble pasado
la fecha inscrita,
más de trescientos años,
decía,
casi cuatro siglos.
En el techo el escudo nobiliario.
Los arcos y muros de piedra
fueron testigos de los pasos,
de la vida y los sueños
de aquellos que la habitaron.
Ahora,
juegos infantiles
y aplausos,
le devolvían la vida.
A veces las paredes,
los arcos y muros
centenarios,
laten con la vida
de los juegos
infantiles
que un día cualquiera
regresan
y arrancan aplausos.
41
Las gaviotas tomaron posiciones sobre los islotes
que bordeaban la costa, cuando el sol aparecía
en el horizonte.
Anibal contemplaba desde lo alto de la cornisa
rocosa como las olas se dormían en la playa
desierta al amanecer.
Siroco estaba inquieto, trataba de galopar hacia
el interior del desierto, pero la mano de Anibal
lo calmaba acariciando sus largas crines.
-¿Dime donde estás, donde te fuiste?
Bandadas de flamencos volaban sobre los cedros,
rumbo al sur buscando el Chott El Jerid donde
la lluvia debía de haber llegado por fin.
-¿Porqué veo tu nombre escrito en todas partes,
tu nombre escrito entre los cedros?
La playa seguía desierta
y Siroco esperaba inquieto
galopar sin descanso
sobre la arena fresca.
La lluvía llegaba
al interior del desierto
y traía esperanza
a los flamencos.
Las gaviotas tomaron posiciones sobre los islotes
que bordeaban la costa, cuando el sol aparecía
en el horizonte.
Anibal contemplaba desde lo alto de la cornisa
rocosa como las olas se dormían en la playa
desierta al amanecer.
Siroco estaba inquieto, trataba de galopar hacia
el interior del desierto, pero la mano de Anibal
lo calmaba acariciando sus largas crines.
-¿Dime donde estás, donde te fuiste?
Bandadas de flamencos volaban sobre los cedros,
rumbo al sur buscando el Chott El Jerid donde
la lluvia debía de haber llegado por fin.
-¿Porqué veo tu nombre escrito en todas partes,
tu nombre escrito entre los cedros?
La playa seguía desierta
y Siroco esperaba inquieto
galopar sin descanso
sobre la arena fresca.
La lluvía llegaba
al interior del desierto
y traía esperanza
a los flamencos.
miércoles, 7 de agosto de 2019
40
Hay aromas tan intensos
que identifican las cosas buenas
sin ninguna duda,
que son como sus señas de identidad.
Esos aromas que marcan las cosas
como un código de barras,
aromas incapaces de confundir
pues identifican tanto las cosas
que forman parte de tu memoria
para siempre.
El aroma del jardín
cuando despiertas,
cuando el día se reconcilia
con la noche,
o el aroma del primer café
de la mañana,
o ese aroma
que sale de la cocina,
tan inconfundible
y tan intenso,
del aceite en la sartén.
Pero ninguno es tan intenso,
ninguno tan irresistible
como el que desprende
el cuello de un bebé
cuando lo abrazas,
es tan embriagador
que te convierte
en su más adepto protector,
tan seductor
que te hace ser
su más fiel admirador.
Hay aromas tan intensos
que identifican las cosas buenas
sin ninguna duda,
que son como sus señas de identidad.
Esos aromas que marcan las cosas
como un código de barras,
aromas incapaces de confundir
pues identifican tanto las cosas
que forman parte de tu memoria
para siempre.
El aroma del jardín
cuando despiertas,
cuando el día se reconcilia
con la noche,
o el aroma del primer café
de la mañana,
o ese aroma
que sale de la cocina,
tan inconfundible
y tan intenso,
del aceite en la sartén.
Pero ninguno es tan intenso,
ninguno tan irresistible
como el que desprende
el cuello de un bebé
cuando lo abrazas,
es tan embriagador
que te convierte
en su más adepto protector,
tan seductor
que te hace ser
su más fiel admirador.
martes, 6 de agosto de 2019
39
El uso de la fuerza
es el origen de la maldad.
La más absoluta de todas
es el supremacismo.
La maldad absoluta habita allí,
ya sea en el nacionalismo,
en el machismo
o en el integrismo religioso.
El germen de todos los desastres
que asolaron a los humanos
reside ahí,
en el uso de la fuerza.
Por el contrario,
el respeto al otro
y la tolerancia
son el origen de la bondad.
Las cosas buenas
hicieron que los hombres
trajeran la belleza
de las cosas,
en la música,
en el arte,
también en la poesía.
Seguramente
habrá un lugar en París
donde habiten
las cosas buenas
y un lugar en el infierno
reservado
a la maldad
más absoluta.
El uso de la fuerza
es el origen de la maldad.
La más absoluta de todas
es el supremacismo.
La maldad absoluta habita allí,
ya sea en el nacionalismo,
en el machismo
o en el integrismo religioso.
El germen de todos los desastres
que asolaron a los humanos
reside ahí,
en el uso de la fuerza.
Por el contrario,
el respeto al otro
y la tolerancia
son el origen de la bondad.
Las cosas buenas
hicieron que los hombres
trajeran la belleza
de las cosas,
en la música,
en el arte,
también en la poesía.
Seguramente
habrá un lugar en París
donde habiten
las cosas buenas
y un lugar en el infierno
reservado
a la maldad
más absoluta.
38
Habíamos llegado hasta aquí, gracias a ellos.
En el silencio del museo, estaban todos los
objetos, las puntas de flecha, los molinos
de piedra, las vasijas, los preciosos ajuares
con los frascos que guardaron los perfumes
que sedujeron al guerrero.
Ahora que el aire acondicionado de la confortable
sala exponía aquellos objetos, que nos trajeron
hasta aquí con éxito, ahora que el móvil nos podía
llevar a ver lo que pasaba al otro lado del mundo,
ahora que dormían su sueño, ahora, en el silencio
de la sala se podían escuchar sus risas, sus esperas
su noches frías, sus deseos, su rotundo éxito para
traernos hasta aquí.
Estaban todos los objetos expuestos en la sala,
aquellos que nos habían traído hasta aquí,
pero en algún lugar de la memoria
quedaban sus risas, sus deseos,
en algún lugar de Paris
estaban bien guardados
los perfumes
que embriagaron al guerrero,
aquellas joyas hermosas
que lo sedujeron
hasta entregarse
a los brazos de su amada.
Llegamos hasta aquí,
gracias a ellos.
Habíamos llegado hasta aquí, gracias a ellos.
En el silencio del museo, estaban todos los
objetos, las puntas de flecha, los molinos
de piedra, las vasijas, los preciosos ajuares
con los frascos que guardaron los perfumes
que sedujeron al guerrero.
Ahora que el aire acondicionado de la confortable
sala exponía aquellos objetos, que nos trajeron
hasta aquí con éxito, ahora que el móvil nos podía
llevar a ver lo que pasaba al otro lado del mundo,
ahora que dormían su sueño, ahora, en el silencio
de la sala se podían escuchar sus risas, sus esperas
su noches frías, sus deseos, su rotundo éxito para
traernos hasta aquí.
Estaban todos los objetos expuestos en la sala,
aquellos que nos habían traído hasta aquí,
pero en algún lugar de la memoria
quedaban sus risas, sus deseos,
en algún lugar de Paris
estaban bien guardados
los perfumes
que embriagaron al guerrero,
aquellas joyas hermosas
que lo sedujeron
hasta entregarse
a los brazos de su amada.
Llegamos hasta aquí,
gracias a ellos.
lunes, 5 de agosto de 2019
37
Si la vida languidece tanto,
tanto que parece oscura,
se necesita algo más que vocación
se necesita valor para entenderla,
hace falta algo más que oficio para no entregarse,
para no rendirse a la primera.
Hay días duros como el acero,
días en los que levantarse cuesta
y sin embargo
él siempre está ahí,
detrás de la barra,
desde que sale el sol hasta que la luna se acuesta.
Se le nota el peso de los días,
se le nota la pena
que le va haciendo inclinarse
y es que no existen hombres de acero,
no existen los héroes.
Languidece la vida tanto que a todos nos puede,
pero a él, testigo diario de los que se van yendo,
notario de las ausencias,
a él, lo apena más que a ninguno.
Pasó todos sus días atendiendo detrás de la barra,
pasó todos sus días teniendo la puerta abierta,
siendo el guardián del pueblo.
Ahora lo veo apagarse,
andar envejecido,
como si la vida que se apaga
se lo llevara rendido,
más que entregado,
hundido.
Testigo de las ausencias
me apena su tristeza,
y ese caminar suyo, tan hundido.
Si la vida languidece tanto,
tanto que parece oscura,
se necesita algo más que vocación
se necesita valor para entenderla,
hace falta algo más que oficio para no entregarse,
para no rendirse a la primera.
Hay días duros como el acero,
días en los que levantarse cuesta
y sin embargo
él siempre está ahí,
detrás de la barra,
desde que sale el sol hasta que la luna se acuesta.
Se le nota el peso de los días,
se le nota la pena
que le va haciendo inclinarse
y es que no existen hombres de acero,
no existen los héroes.
Languidece la vida tanto que a todos nos puede,
pero a él, testigo diario de los que se van yendo,
notario de las ausencias,
a él, lo apena más que a ninguno.
Pasó todos sus días atendiendo detrás de la barra,
pasó todos sus días teniendo la puerta abierta,
siendo el guardián del pueblo.
Ahora lo veo apagarse,
andar envejecido,
como si la vida que se apaga
se lo llevara rendido,
más que entregado,
hundido.
Testigo de las ausencias
me apena su tristeza,
y ese caminar suyo, tan hundido.
domingo, 4 de agosto de 2019
36
Cuando te abandonas
a la luz,
te abandonas al sueño.
Tienes que dejar
que caiga la tarde,
entonces
la luz es tan dorada
que solo la sujeta
el fresno,
resulta
tan dorada
que has de abandonarte
al sueño,
a ese
que nunca cae en el olvido,
a ese
que vive
en la diminuta hoja
del fresno,
a esa luz
de la tarde
de verano,
entonces
te abandonas
a la luz y al sueño
porque sabes
que nunca caen en el olvido.
Cuando te abandonas
a la luz,
te abandonas al sueño.
Tienes que dejar
que caiga la tarde,
entonces
la luz es tan dorada
que solo la sujeta
el fresno,
resulta
tan dorada
que has de abandonarte
al sueño,
a ese
que nunca cae en el olvido,
a ese
que vive
en la diminuta hoja
del fresno,
a esa luz
de la tarde
de verano,
entonces
te abandonas
a la luz y al sueño
porque sabes
que nunca caen en el olvido.
miércoles, 31 de julio de 2019
35
Te encontré en aquel centro comercial,
y me enseñaste las fotos de tus nietos.
Habían pasado tantos años.
Vivías en Madrid
y solo estabas de paso.
Ahora, cuando arreglo el jardín,
asolado por los estragos del verano
pienso en ti y en las rosas.
Todos los veranos
se marchitan las rosas.
todos los veranos.
Fueron admiradas
las rosas,
recogidas en hermosos ramos,
pero las rosas
que admiramos
una vez,
se marchitaron.
Tú,
sin embargo,
conservas
intactos
los labios.
Todos los veranos
se marchitan las rosas,
pero
a pesar de los años
no se marchitan tus labios,
tus labios,
siguen intactos.
Te encontré en aquel centro comercial,
y me enseñaste las fotos de tus nietos.
Habían pasado tantos años.
Vivías en Madrid
y solo estabas de paso.
Ahora, cuando arreglo el jardín,
asolado por los estragos del verano
pienso en ti y en las rosas.
Todos los veranos
se marchitan las rosas.
todos los veranos.
Fueron admiradas
las rosas,
recogidas en hermosos ramos,
pero las rosas
que admiramos
una vez,
se marchitaron.
Tú,
sin embargo,
conservas
intactos
los labios.
Todos los veranos
se marchitan las rosas,
pero
a pesar de los años
no se marchitan tus labios,
tus labios,
siguen intactos.
lunes, 29 de julio de 2019
34
Mientras quede una luz así
y las golondrinas vuelen a ras de tierra,
sabré que está intacta la capacidad de asombro,
la capacidad de emocionarse.
Ya es tarde para doblar el Cabo de Hornos
en un velero en solitario. Ya es tarde para subir
al Annapurna, tarde para dar pedales
y coronar un puerto de primera.
Ya es tarde para retos imposibles.
Pero mientras quede esta luz,
esta luz casi dulce, la que hace rojizo el horizonte
cuando las golondrinas
vuelan a ras de tierra,
mientras quede
capacidad de asombro,
mientras quede la esperanza,
la emoción de estar tan vivo,
sabré
que no es tarde todavía,
que aún no es tarde
para alcanzar
los retos
que importan,
sabré
que se quedará en París
esta luz
casi dulce,
mientras
vuelan golondrinas
a ras de tierra.
Mientras quede una luz así
y las golondrinas vuelen a ras de tierra,
sabré que está intacta la capacidad de asombro,
la capacidad de emocionarse.
Ya es tarde para doblar el Cabo de Hornos
en un velero en solitario. Ya es tarde para subir
al Annapurna, tarde para dar pedales
y coronar un puerto de primera.
Ya es tarde para retos imposibles.
Pero mientras quede esta luz,
esta luz casi dulce, la que hace rojizo el horizonte
cuando las golondrinas
vuelan a ras de tierra,
mientras quede
capacidad de asombro,
mientras quede la esperanza,
la emoción de estar tan vivo,
sabré
que no es tarde todavía,
que aún no es tarde
para alcanzar
los retos
que importan,
sabré
que se quedará en París
esta luz
casi dulce,
mientras
vuelan golondrinas
a ras de tierra.
domingo, 28 de julio de 2019
33
Siempre vuelvo
al mar.
Siempre vuelvo
a los bosques inmensos
que en el horizonte
llegan hasta el cielo.
Ya sé
que el fresno espera
que regrese el mar
que perdió sus aguas
para siempre,
ya sé
que nos quedará París,
pero yo
siempre vuelvo
a ese mar
que perdió
sus aguas
para siempre,
siempre vuelvo
a ese mar
y a sus bosques
inmensos.
Siempre vuelvo
al mar.
Siempre vuelvo
a los bosques inmensos
que en el horizonte
llegan hasta el cielo.
Ya sé
que el fresno espera
que regrese el mar
que perdió sus aguas
para siempre,
ya sé
que nos quedará París,
pero yo
siempre vuelvo
a ese mar
que perdió
sus aguas
para siempre,
siempre vuelvo
a ese mar
y a sus bosques
inmensos.
martes, 23 de julio de 2019
32
Hay lugares que son de otro mundo,
lugares que hacen éste más humano,
lugares que tienen otra atmósfera,
que hacen que merezca la pena buscarlos.
Pongamos que es de noche y cae una fina lluvia.
Pongamos que hay que perderse por calles estrechas
para poder llegar hasta allí.
Luego cuando llegas, has de bajar hasta un sótano
por una escalera milenaria,
en una ciudad milenaria,
allí, al lado de un río.
Merece la pena llegar hasta allí,
pero eso solo es el principio,
buscas un rincón apartado
cuando empieza a sonar el contrabajo,
luego se une el saxo, después la guitarra,
y la batería pone las cosas en su sitio,
entonces sabes que ha merecido la pena
llegar hasta allí,
sabes que merece la pena estar tan vivo,
sabes que todo lo que pasó,
quedó atrás,
que no puedes hacer otra cosa
que dejarte arrastrar por la emoción,
por la nostalgia.
Y es que hay lugares
que son de este mundo
lugares tan humanos
que te llevan
por sitios tan remotos,
que mereció la pena
guardarlos en la memoria,
que mereció la pena
vivirlos.
Hay lugares que son de otro mundo,
lugares que hacen éste más humano,
lugares que tienen otra atmósfera,
que hacen que merezca la pena buscarlos.
Pongamos que es de noche y cae una fina lluvia.
Pongamos que hay que perderse por calles estrechas
para poder llegar hasta allí.
Luego cuando llegas, has de bajar hasta un sótano
por una escalera milenaria,
en una ciudad milenaria,
allí, al lado de un río.
Merece la pena llegar hasta allí,
pero eso solo es el principio,
buscas un rincón apartado
cuando empieza a sonar el contrabajo,
luego se une el saxo, después la guitarra,
y la batería pone las cosas en su sitio,
entonces sabes que ha merecido la pena
llegar hasta allí,
sabes que merece la pena estar tan vivo,
sabes que todo lo que pasó,
quedó atrás,
que no puedes hacer otra cosa
que dejarte arrastrar por la emoción,
por la nostalgia.
Y es que hay lugares
que son de este mundo
lugares tan humanos
que te llevan
por sitios tan remotos,
que mereció la pena
guardarlos en la memoria,
que mereció la pena
vivirlos.
domingo, 21 de julio de 2019
31
Siempre iluminó la noche, siempre puso luz
en las horas más oscuras.
La Luna trajo las mareas, arrastró el corazón,
se lo llevó de las tinieblas y lo puso a salvo.
Sin ella no hubiera existido la otra hora,
la que llena la noche, la hora del poeta,
la hora de las brujas, la del misterio
y la nostalgia.
La Luna trajo las mareas
se llevó el corazón,
y lo arrastró mar adentro,
iluminó la noche,
y puso luz en las tinieblas.
Siempre estuvo ahí
para ser admirada,
para hacerle
todas las preguntas.
Sin ella,
la noche
habría sido
más oscura,
el corazón
no habría rodado
nunca
hacia mares revueltos
de la mano
de un poeta.
Siempre
nos quedará su luz
cuando nos abracen
las tinieblas.
Siempre iluminó la noche, siempre puso luz
en las horas más oscuras.
La Luna trajo las mareas, arrastró el corazón,
se lo llevó de las tinieblas y lo puso a salvo.
Sin ella no hubiera existido la otra hora,
la que llena la noche, la hora del poeta,
la hora de las brujas, la del misterio
y la nostalgia.
La Luna trajo las mareas
se llevó el corazón,
y lo arrastró mar adentro,
iluminó la noche,
y puso luz en las tinieblas.
Siempre estuvo ahí
para ser admirada,
para hacerle
todas las preguntas.
Sin ella,
la noche
habría sido
más oscura,
el corazón
no habría rodado
nunca
hacia mares revueltos
de la mano
de un poeta.
Siempre
nos quedará su luz
cuando nos abracen
las tinieblas.
viernes, 19 de julio de 2019
30
No escuché nunca historias tan bellas,
relatos tan tiernos, cuentos tan fantásticos
como en aquellas noches, aquellas en las que,
dormido en tus brazos, allí junto al fuego,
me contaste hace años.
Me alegro que corrieras tanto.
Me alegro que la suerte estuviera a tu lado,
cuando corrías asustado, cuando librabas
las balas con tanta fortuna.
¡Qué suerte la mía, que corrieras tanto!
¡Qué suerte que libraras las balas
y llegaras al Ebro,
siempre corriendo, siempre asustado!
¡Qué suerte que cruzaras a Francia
y te pusieras a salvo,
qué suerte que la fortuna
estuviera siempre a tu lado!
Tenías que cruzar el Ebro,
seguir siempre corriendo,
siempre asustado.
Tenías que llegar a Francia
para estar a salvo.
Tenías que hacerlo así,
tenías que lograrlo
porque de otra forma
nunca
podría haber escuchado,
historias tan hermosas
ni relatos tan tiernos
como cuando estuve en tus brazos
allí junto al fuego.
No escuché nunca historias tan bellas,
relatos tan tiernos, cuentos tan fantásticos
como en aquellas noches, aquellas en las que,
dormido en tus brazos, allí junto al fuego,
me contaste hace años.
Me alegro que corrieras tanto.
Me alegro que la suerte estuviera a tu lado,
cuando corrías asustado, cuando librabas
las balas con tanta fortuna.
¡Qué suerte la mía, que corrieras tanto!
¡Qué suerte que libraras las balas
y llegaras al Ebro,
siempre corriendo, siempre asustado!
¡Qué suerte que cruzaras a Francia
y te pusieras a salvo,
qué suerte que la fortuna
estuviera siempre a tu lado!
Tenías que cruzar el Ebro,
seguir siempre corriendo,
siempre asustado.
Tenías que llegar a Francia
para estar a salvo.
Tenías que hacerlo así,
tenías que lograrlo
porque de otra forma
nunca
podría haber escuchado,
historias tan hermosas
ni relatos tan tiernos
como cuando estuve en tus brazos
allí junto al fuego.
jueves, 18 de julio de 2019
29
-Muchas gracias. Ha sido muy amable conmigo.
Era una de esas noches de invierno,
una de calles desiertas, aceras heladas,
semáforos cambiando
y farolas que alumbran el silencio.
No recuerdo tu nombre, ni si tu vida cambió
esa noche, pero entendí enseguida
que en una noche así, una noche desierta y helada,
necesitabas acudir a Urgencias de Hospital,
necesitabas encontrar un poco de alivio
que llevarte a la boca
en mitad de la noche.
¿Qué más se puede hacer a esa hora?
¿Qué otra cosa se puede hacer
sino ser amable
con alguien
que necesita alivio
en una noche tan fría?
No recuerdo tu nombre
hermosa muchacha
que viniste
una noche de invierno
buscando un poco de alivio,
-espero que lo encontraras-,
no recuerdo tu nombre,
pero
si guardo el recuerdo
de tu gesto tan noble
al darme las gracias
antes de marcharte.
-Muchas gracias. Ha sido muy amable conmigo.
Era una de esas noches de invierno,
una de calles desiertas, aceras heladas,
semáforos cambiando
y farolas que alumbran el silencio.
No recuerdo tu nombre, ni si tu vida cambió
esa noche, pero entendí enseguida
que en una noche así, una noche desierta y helada,
necesitabas acudir a Urgencias de Hospital,
necesitabas encontrar un poco de alivio
que llevarte a la boca
en mitad de la noche.
¿Qué más se puede hacer a esa hora?
¿Qué otra cosa se puede hacer
sino ser amable
con alguien
que necesita alivio
en una noche tan fría?
No recuerdo tu nombre
hermosa muchacha
que viniste
una noche de invierno
buscando un poco de alivio,
-espero que lo encontraras-,
no recuerdo tu nombre,
pero
si guardo el recuerdo
de tu gesto tan noble
al darme las gracias
antes de marcharte.
martes, 16 de julio de 2019
28
Frente a la biblioteca de Celsio, recordé los versos:
"manifiestos, escritos, comentarios, discursos...
que dolor de papeles que ha de borrar el tiempo,
que tristeza de tinta que ha de borrar el agua..."
La tarde no podía ser más dorada en Efeso
y el viento de las encinas, trajo hasta allí
aquella lejana tarde en Alejandría,
cuando el fuego devoraba su hermosa biblioteca
y sin pensarlo dos veces, entró en ella Despierto
para rescatar las pieles que pintó Deseada.
Las llamas lo cercaron
y entre el fuego
llegó la Escondida
con un cuenco en las manos:
"bebe, amigo, bebe"- le dijo.
Luego lo llevó
por un rayo de luna
hasta el reino de los muertos.
Toda la noche
aullaron los lobos.
Frente a la biblioteca de Celsio, recordé los versos:
"manifiestos, escritos, comentarios, discursos...
que dolor de papeles que ha de borrar el tiempo,
que tristeza de tinta que ha de borrar el agua..."
La tarde no podía ser más dorada en Efeso
y el viento de las encinas, trajo hasta allí
aquella lejana tarde en Alejandría,
cuando el fuego devoraba su hermosa biblioteca
y sin pensarlo dos veces, entró en ella Despierto
para rescatar las pieles que pintó Deseada.
Las llamas lo cercaron
y entre el fuego
llegó la Escondida
con un cuenco en las manos:
"bebe, amigo, bebe"- le dijo.
Luego lo llevó
por un rayo de luna
hasta el reino de los muertos.
Toda la noche
aullaron los lobos.
27
En la Montaña de Algodón, el aire de la tarde
traía todo el fuego del sol. Las chicharras cantaban
su canción de amor por las encinas y los labios
estaban agrietados de tan sedientos.
La belleza del azul turquesa del agua entre las
piscinas naturales, blancas, caprichosas,
que descendían precipitándose ladera abajo,
solo podía compararse con el buen gusto, de aquellos
que buscaron un lugar tan hermoso, en el ocaso
de sus vidas. El placer de decir adiós a las
tardes doradas, entre el agua que se precipitaba
caprichosa, formando piscinas naturales, tan blancas
como la montaña de algodón, hablaba de ellos.
Oirían el canto de amor de las chicharras
en el ocaso de sus vidas y el sonido del agua
precipitándose por la montaña de algodón.
No sabían entonces
que su buen gusto,
su amable decisión
de abandonar
las tardes doradas
para siempre,
en aquel hermoso lugar,
quedaría guardado
en París
como un tesoro
con todas
las cosas buenas
que una vez vivieron.
En la Montaña de Algodón, el aire de la tarde
traía todo el fuego del sol. Las chicharras cantaban
su canción de amor por las encinas y los labios
estaban agrietados de tan sedientos.
La belleza del azul turquesa del agua entre las
piscinas naturales, blancas, caprichosas,
que descendían precipitándose ladera abajo,
solo podía compararse con el buen gusto, de aquellos
que buscaron un lugar tan hermoso, en el ocaso
de sus vidas. El placer de decir adiós a las
tardes doradas, entre el agua que se precipitaba
caprichosa, formando piscinas naturales, tan blancas
como la montaña de algodón, hablaba de ellos.
Oirían el canto de amor de las chicharras
en el ocaso de sus vidas y el sonido del agua
precipitándose por la montaña de algodón.
No sabían entonces
que su buen gusto,
su amable decisión
de abandonar
las tardes doradas
para siempre,
en aquel hermoso lugar,
quedaría guardado
en París
como un tesoro
con todas
las cosas buenas
que una vez vivieron.
domingo, 14 de julio de 2019
26
Lleva tanta ternura en sus notas,
tanto desgarro
que es imposible dejar de escucharlo.
El fado va siempre descalzo,
como para andar por casa,
porque cuenta historias reales,
historias de desamor
y hay que tener sangre en las venas
para aguantar toda la emoción
que se agolpa en los labios.
El fado te envuelve el corazón
y lo lleva a bordo de un velero,
lo deja allí,
en manos del viento,
o lo lleva junto al mar
y lo deja tirado en la arena,
lo deja a la intemperie
para que la luna
vista de plata
cualquier noche
y alguien
se lo encuentre.
Nos quedará
siempre un fado
cuando todo se acabe,
un fado humilde
y descalzo
cuando Lisboa
se eche junto al Sena
como si fuera París.
Lleva tanta ternura en sus notas,
tanto desgarro
que es imposible dejar de escucharlo.
El fado va siempre descalzo,
como para andar por casa,
porque cuenta historias reales,
historias de desamor
y hay que tener sangre en las venas
para aguantar toda la emoción
que se agolpa en los labios.
El fado te envuelve el corazón
y lo lleva a bordo de un velero,
lo deja allí,
en manos del viento,
o lo lleva junto al mar
y lo deja tirado en la arena,
lo deja a la intemperie
para que la luna
vista de plata
cualquier noche
y alguien
se lo encuentre.
Nos quedará
siempre un fado
cuando todo se acabe,
un fado humilde
y descalzo
cuando Lisboa
se eche junto al Sena
como si fuera París.
25
El tímido sol se filtraba por la ventana sin ningún
sentido. La luz del atardecer pretendía dar vida
al interior de la casa derruida, cuando las chicharras
habían dejado de cantar.
El sol se empeñaba aquella tarde de verano en dar
luz al interior, pero ya no hacía falta, hacía tiempo
que el tejado se había hundido y la casa estaba
a cielo abierto, desprotegida, abandonada para siempre.
Pero desde dentro, a través de la ventana de aquella
pared que quedaba en pié, el inmenso bosque que se
extendía hasta el horizonte, llegaba a tocar el cielo.
Hacía tiempo que las chicharras dejaron de cantar,
pero aquella ventana seguía en pié, seguía esperando
en vano que el sol pasara al interior para dar vida,
aunque ya no hacía falta, ya no quedaba nadie,
ni nadie se asomaba a contemplar desde allí,
el hermoso espectáculo de un bosque tan inmenso
que en el horizonte llegaba a tocar el cielo.
Los bosques inmensos se extendían hasta el horizonte
para tocar el cielo, cuando las chicharras
habían dejado de cantar hacía tiempo
y el tímido sol de la tarde
se colaba por la ventana
para dar vida.
Puede que la ventana lo supiera,
puede
que no fuera en vano
su gesto tan hermoso,
que se quedara grabado
para siempre,
para
cuando todo termine
y solo nos quede París.
El tímido sol se filtraba por la ventana sin ningún
sentido. La luz del atardecer pretendía dar vida
al interior de la casa derruida, cuando las chicharras
habían dejado de cantar.
El sol se empeñaba aquella tarde de verano en dar
luz al interior, pero ya no hacía falta, hacía tiempo
que el tejado se había hundido y la casa estaba
a cielo abierto, desprotegida, abandonada para siempre.
Pero desde dentro, a través de la ventana de aquella
pared que quedaba en pié, el inmenso bosque que se
extendía hasta el horizonte, llegaba a tocar el cielo.
Hacía tiempo que las chicharras dejaron de cantar,
pero aquella ventana seguía en pié, seguía esperando
en vano que el sol pasara al interior para dar vida,
aunque ya no hacía falta, ya no quedaba nadie,
ni nadie se asomaba a contemplar desde allí,
el hermoso espectáculo de un bosque tan inmenso
que en el horizonte llegaba a tocar el cielo.
Los bosques inmensos se extendían hasta el horizonte
para tocar el cielo, cuando las chicharras
habían dejado de cantar hacía tiempo
y el tímido sol de la tarde
se colaba por la ventana
para dar vida.
Puede que la ventana lo supiera,
puede
que no fuera en vano
su gesto tan hermoso,
que se quedara grabado
para siempre,
para
cuando todo termine
y solo nos quede París.
jueves, 11 de julio de 2019
24
"Ocurren cosas a menudo
que soportan todo el peso del Universo,
- aún no lo sabes, es verdad,
pero lo sabrás con el tiempo-
porque verás, ocurre que el peso del Universo
es tan grande que las posibilidades de moverlo
son escasas, improbables, casi nulas.
Pero -déjame explicarlo- ocurren cosas a menudo,
que hacen insignificante su peso,
lo hacen tan pequeño, que es posible moverlo
si hay un lugar donde agarrarse,
un lugar como tu mano.
Tu pequeña mano,
tu mano infantil coge la mía
para jugar en el pasillo,
me lleva con firmeza
a jugar con el balón y haces de portero,
te tumbas en el suelo y ríes satisfecho.
Luego, cuando llega la hora de marcharte,
cuando te vas a ir,
me coges con firmeza,
para no dejarme solo,
para llevarme contigo,
entonces
tu mano infantil
soporta el Universo entero,
me coges con tanta firmeza
para no dejarme solo
que puede que aún no lo sepas,
que lo descubrirás con el tiempo
que hay cosas como esa, cosas así,
capaces de soportar
todo el peso del Universo".
"Ocurren cosas a menudo
que soportan todo el peso del Universo,
- aún no lo sabes, es verdad,
pero lo sabrás con el tiempo-
porque verás, ocurre que el peso del Universo
es tan grande que las posibilidades de moverlo
son escasas, improbables, casi nulas.
Pero -déjame explicarlo- ocurren cosas a menudo,
que hacen insignificante su peso,
lo hacen tan pequeño, que es posible moverlo
si hay un lugar donde agarrarse,
un lugar como tu mano.
Tu pequeña mano,
tu mano infantil coge la mía
para jugar en el pasillo,
me lleva con firmeza
a jugar con el balón y haces de portero,
te tumbas en el suelo y ríes satisfecho.
Luego, cuando llega la hora de marcharte,
cuando te vas a ir,
me coges con firmeza,
para no dejarme solo,
para llevarme contigo,
entonces
tu mano infantil
soporta el Universo entero,
me coges con tanta firmeza
para no dejarme solo
que puede que aún no lo sepas,
que lo descubrirás con el tiempo
que hay cosas como esa, cosas así,
capaces de soportar
todo el peso del Universo".
lunes, 8 de julio de 2019
23
Vivir en la ladera del volcán.
Vivir, mientras duerme
en su interior un gigante,
mientras
no despierte el fuego abrasador,
mientras
la pendiente de vértigo
se precipita
hasta el mar salvaje.
Vivir así despierta el instinto,
te hace sentir la vida
como un torrente.
Vivir a los pies del Taburiente
te hace más fuerte.
Los bosques se abarrotan
en pendientes de vértigo
y el océano salvaje
rompe contra las rocas.
Nada puedes hacer
entonces,
nada,
cuando contemplas
poderosas fuerzas
de agua y fuego,
nada puedes hacer
salvo
vivir al límite.
Vivir en la ladera del volcán.
Vivir, mientras duerme
en su interior un gigante,
mientras
no despierte el fuego abrasador,
mientras
la pendiente de vértigo
se precipita
hasta el mar salvaje.
Vivir así despierta el instinto,
te hace sentir la vida
como un torrente.
Vivir a los pies del Taburiente
te hace más fuerte.
Los bosques se abarrotan
en pendientes de vértigo
y el océano salvaje
rompe contra las rocas.
Nada puedes hacer
entonces,
nada,
cuando contemplas
poderosas fuerzas
de agua y fuego,
nada puedes hacer
salvo
vivir al límite.
22
Era su mirada
asomándose
al caer
rendido en los brazos
cuando se iba la tarde,
apenas sobresalía su nariz,
apenas sus ojos
del hombro
que lo llevaba abrazado.
Su mirada infantil se alejaba,
se iba con los pasos,
se iba con la tarde,
dejaban atrás las casas,
atrás los árboles,
los pájaros,
todo lo que se alejaba
mientras
avanzaban sus pasos.
Sobresalía su mirada infantil
y el mundo era hermoso
a través
de sus ojos cansados.
¿Que piensan los niños
que van en los brazos?
¿Guarda su mirada
el mundo que se aleja
cuando avanzan los pasos?
Debe de existir
un lugar especial
en donde guardar
la mirada infantil
que mira este mundo
y se aleja en los brazos
cuando está cansado.
Era su mirada
asomándose
al caer
rendido en los brazos
cuando se iba la tarde,
apenas sobresalía su nariz,
apenas sus ojos
del hombro
que lo llevaba abrazado.
Su mirada infantil se alejaba,
se iba con los pasos,
se iba con la tarde,
dejaban atrás las casas,
atrás los árboles,
los pájaros,
todo lo que se alejaba
mientras
avanzaban sus pasos.
Sobresalía su mirada infantil
y el mundo era hermoso
a través
de sus ojos cansados.
¿Que piensan los niños
que van en los brazos?
¿Guarda su mirada
el mundo que se aleja
cuando avanzan los pasos?
Debe de existir
un lugar especial
en donde guardar
la mirada infantil
que mira este mundo
y se aleja en los brazos
cuando está cansado.
domingo, 7 de julio de 2019
21
Hay un pájaro oscuro que acecha al descuido,
un pájaro negro, como la noche, que acecha
para llevarse los recuerdos que quedan al descuido.
No sabe que están bien guardados,
que están a buen recaudo, fuera de su alcance,
para evitar su robo miserable.
No sabe que el mar tiene un brillo de plata
esta noche, un brillo de rayos de luna,
como la plata, no sabe
que tu brazo
rodea mi cintura
y me tiene a buen recaudo,
no sabe que tus labios saben a cereza
esta noche
cuando el mar esta en calma,
no sabe
que no puede hacer nada
ese triste pájaro oscuro
que acecha
para robar los recuerdos,
nada puede hacer
si tu brazo
rodea
mi cintura
con firmeza
y tus labios
saben a cereza.
Hay un pájaro oscuro que acecha al descuido,
un pájaro negro, como la noche, que acecha
para llevarse los recuerdos que quedan al descuido.
No sabe que están bien guardados,
que están a buen recaudo, fuera de su alcance,
para evitar su robo miserable.
No sabe que el mar tiene un brillo de plata
esta noche, un brillo de rayos de luna,
como la plata, no sabe
que tu brazo
rodea mi cintura
y me tiene a buen recaudo,
no sabe que tus labios saben a cereza
esta noche
cuando el mar esta en calma,
no sabe
que no puede hacer nada
ese triste pájaro oscuro
que acecha
para robar los recuerdos,
nada puede hacer
si tu brazo
rodea
mi cintura
con firmeza
y tus labios
saben a cereza.
20
Hace que sea otoño, esta tarde de julio.
Sin venir a cuento, el cielo se hizo gris, casi negro,
y de repente despertó el viento entre los pinos.
Se hizo otoño en julio y se dejó caer el cielo,
se dejó caer sobre nosotros, nos trajo la lluvia
y las calles se inundaron, se formaron ríos
que arrastraron el polvo y el calor
y dejaron el aire limpio.
También era otoño aquella tarde de julio.
Los cabellos blancos estaban tendidos en el sillón
y el aire mecía los visillos en la plácida siesta,
justo al lado de la puerta, el bastón esperaba
para dar el paseo, pero el cielo se hizo gris,
casi negro, y el viento
agitó las ramas del fresno,
la lluvia anegó el jardín,
convirtiéndolo en un mar tan inestable
que hasta las sirenas
podían naufragar.
No pudimos
pasear
aquella tarde de julio
que se hizo otoño,
no pudimos pasear
pero nos quedarán
para siempre
en la memoria
esas tardes de julio
que, de repente,
se hicieron otoño.
Hace que sea otoño, esta tarde de julio.
Sin venir a cuento, el cielo se hizo gris, casi negro,
y de repente despertó el viento entre los pinos.
Se hizo otoño en julio y se dejó caer el cielo,
se dejó caer sobre nosotros, nos trajo la lluvia
y las calles se inundaron, se formaron ríos
que arrastraron el polvo y el calor
y dejaron el aire limpio.
También era otoño aquella tarde de julio.
Los cabellos blancos estaban tendidos en el sillón
y el aire mecía los visillos en la plácida siesta,
justo al lado de la puerta, el bastón esperaba
para dar el paseo, pero el cielo se hizo gris,
casi negro, y el viento
agitó las ramas del fresno,
la lluvia anegó el jardín,
convirtiéndolo en un mar tan inestable
que hasta las sirenas
podían naufragar.
No pudimos
pasear
aquella tarde de julio
que se hizo otoño,
no pudimos pasear
pero nos quedarán
para siempre
en la memoria
esas tardes de julio
que, de repente,
se hicieron otoño.
sábado, 6 de julio de 2019
19
Su velocidad punta no superaba el kilómetro
por hora, pero eso era lo de menos, lo que importaba,
lo realmente importante era el empeño en fugarse.
Su madre lo seguía a distancia diciendo: " que te cojo,
que te pillo..." y el pequeño, con cara de velocidad,
seguía el juego entre risas.
Aquella tarde, el sol se echaba a dormir entre nubes
rojas, y el viento se despertaba
entre los árboles del parque.
Pero eso era lo de menos, lo realmente importante
era fugarse, salir corriendo
y escaparse de su madre.
Hay sitios especiales en París ´
para guardar esos momentos,
esos, en los que, lo que menos importa
es no alcanzar ni un kilómetro por hora,
lo que menos importa
es que el horizonte rojizo
espere hasta que el sol se eche,
porque lo realmente importante
es jugar a escaparse
corriendo entre risas,
es
sentir el viento
que despierta
en los árboles
del parque.
Su velocidad punta no superaba el kilómetro
por hora, pero eso era lo de menos, lo que importaba,
lo realmente importante era el empeño en fugarse.
Su madre lo seguía a distancia diciendo: " que te cojo,
que te pillo..." y el pequeño, con cara de velocidad,
seguía el juego entre risas.
Aquella tarde, el sol se echaba a dormir entre nubes
rojas, y el viento se despertaba
entre los árboles del parque.
Pero eso era lo de menos, lo realmente importante
era fugarse, salir corriendo
y escaparse de su madre.
Hay sitios especiales en París ´
para guardar esos momentos,
esos, en los que, lo que menos importa
es no alcanzar ni un kilómetro por hora,
lo que menos importa
es que el horizonte rojizo
espere hasta que el sol se eche,
porque lo realmente importante
es jugar a escaparse
corriendo entre risas,
es
sentir el viento
que despierta
en los árboles
del parque.
18
A través de la ventana, oculto tras los visillos,
podía observar el espectáculo de los gatos,
persiguiéndose unos a otros, a intervalos.
Habían nacido en primavera y tenían su morada
oculta en la celinda, se arriesgaban a salir a
explorar solo de vez en cuando, y si estaba todo
a su gusto comenzaban los juegos.
La tarde era dorada en el jardín. El viento mecía
las hojas del fresno y el más atrevido de todos los
gatos se empeñaba en subir por el tronco, trepaba
las primeras ramas y desde allí miraba con orgullo
al resto de la camada. Pero su curiosidad no tenía
limites y arriesgaba al máximo con su temeridad.
Una de las ramas del fresno, sobresalía hasta cruzar
la torre del tendido eléctrico, y en su arriesgada
maniobra de explorador, resbaló en el metal y
cayó al fondo de la torre. Los maullidos de pánico
al verse aislado y sin salida alarmaron a toda la
camada que impotentes ante el dramático desenlace,
trataban de auxiliarlo.
La tarde dorada se hizo gris entonces.
Puede que se guarde en París el desenlace,
puede que se guarde seguro.
Fuera porque merecía la pena, por ayudarle,
por lo que ataron aquellas ramas, mis hijos,
y las metieron en el fondo de la torre eléctrica.
No recuerdo nada tan agradable como su rostro
al verlo aparecer trepando, al verlo a salvo.
Había escalado por las ramas que pusieron a su
alcance y salió de su fatal encierro,
tembloroso y satisfecho
para reunirse
con el resto.
A través de la ventana, oculto tras los visillos,
podía observar el espectáculo de los gatos,
persiguiéndose unos a otros, a intervalos.
Habían nacido en primavera y tenían su morada
oculta en la celinda, se arriesgaban a salir a
explorar solo de vez en cuando, y si estaba todo
a su gusto comenzaban los juegos.
La tarde era dorada en el jardín. El viento mecía
las hojas del fresno y el más atrevido de todos los
gatos se empeñaba en subir por el tronco, trepaba
las primeras ramas y desde allí miraba con orgullo
al resto de la camada. Pero su curiosidad no tenía
limites y arriesgaba al máximo con su temeridad.
Una de las ramas del fresno, sobresalía hasta cruzar
la torre del tendido eléctrico, y en su arriesgada
maniobra de explorador, resbaló en el metal y
cayó al fondo de la torre. Los maullidos de pánico
al verse aislado y sin salida alarmaron a toda la
camada que impotentes ante el dramático desenlace,
trataban de auxiliarlo.
La tarde dorada se hizo gris entonces.
Puede que se guarde en París el desenlace,
puede que se guarde seguro.
Fuera porque merecía la pena, por ayudarle,
por lo que ataron aquellas ramas, mis hijos,
y las metieron en el fondo de la torre eléctrica.
No recuerdo nada tan agradable como su rostro
al verlo aparecer trepando, al verlo a salvo.
Había escalado por las ramas que pusieron a su
alcance y salió de su fatal encierro,
tembloroso y satisfecho
para reunirse
con el resto.
miércoles, 3 de julio de 2019
17
"Cántanos otra vez esa canción, Diana.
Cántanos esa canción que habla de hojas de otoño,
de esas hojas que estuvieron verdes una vez,
esas que meció el viento, esas que eran tan verdes
que poblaron las ramas del fresno
y nos dieron su sombra cada tarde de verano.
Háblanos otra vez, Diana, de esas hojas de otoño,
porque nos quedará París. Dinos que fue verdad,
dinos que fueron verdes una vez,
dinos que mereció la pena su sombra cada verano.
Cántanos otra vez autum leaves.
Puede que tu voz de seda haga el milagro,
puede que vuelvan las olas de ese mar
que perdió sus aguas para siempre,
puede que vuelvan las olas
y oigamos sus risas
de nuevo junto al mar
y que en la arena
aparezcan sus huellas,
puede que oigamos sus risas
otra vez, si tú nos cantas,
y que entonces sea verdad
que mereció la pena
soñar con ellas,
soñar con Deseada,
soñar con Luma,
soñar con Africa".
"Cántanos otra vez esa canción, Diana.
Cántanos esa canción que habla de hojas de otoño,
de esas hojas que estuvieron verdes una vez,
esas que meció el viento, esas que eran tan verdes
que poblaron las ramas del fresno
y nos dieron su sombra cada tarde de verano.
Háblanos otra vez, Diana, de esas hojas de otoño,
porque nos quedará París. Dinos que fue verdad,
dinos que fueron verdes una vez,
dinos que mereció la pena su sombra cada verano.
Cántanos otra vez autum leaves.
Puede que tu voz de seda haga el milagro,
puede que vuelvan las olas de ese mar
que perdió sus aguas para siempre,
puede que vuelvan las olas
y oigamos sus risas
de nuevo junto al mar
y que en la arena
aparezcan sus huellas,
puede que oigamos sus risas
otra vez, si tú nos cantas,
y que entonces sea verdad
que mereció la pena
soñar con ellas,
soñar con Deseada,
soñar con Luma,
soñar con Africa".
lunes, 1 de julio de 2019
16
Dar pedales y llegar al límite del esfuerzo,
dar pedales con el corazón latiendo al límite,
subiendo la cuesta, a los sesenta,
hasta llegar arriba.
Dar pedales a los sesenta, cuando en el fondo
del barranco se escucha el motor de un coche
mientras,
el sudor empapa la frente
y escuecen los ojos.
Dar pedales sin descanso, a los sesenta.
Luego llega la tregua,
la bicicleta queda en el trastero
y llega la paz, llega la tregua.
Los años del esfuerzo al límite
terminan
cuando llega la paz,
cuando llega la tregua.
El polvo y el óxido
cubrirán los pedales
y llegarán tiempos de ocio.
Polvo y óxido
cubrirán los pedales
en una tregua pacífica,
un tiempo
que dejó atrás
el esfuerzo al límite,
un tiempo
de paz merecida,
porque mereció
la pena el esfuerzo,
también
merece la pena
esta tregua merecida.
Dar pedales y llegar al límite del esfuerzo,
dar pedales con el corazón latiendo al límite,
subiendo la cuesta, a los sesenta,
hasta llegar arriba.
Dar pedales a los sesenta, cuando en el fondo
del barranco se escucha el motor de un coche
mientras,
el sudor empapa la frente
y escuecen los ojos.
Dar pedales sin descanso, a los sesenta.
Luego llega la tregua,
la bicicleta queda en el trastero
y llega la paz, llega la tregua.
Los años del esfuerzo al límite
terminan
cuando llega la paz,
cuando llega la tregua.
El polvo y el óxido
cubrirán los pedales
y llegarán tiempos de ocio.
Polvo y óxido
cubrirán los pedales
en una tregua pacífica,
un tiempo
que dejó atrás
el esfuerzo al límite,
un tiempo
de paz merecida,
porque mereció
la pena el esfuerzo,
también
merece la pena
esta tregua merecida.
15
-"Café au lait".
París y veinte años.
"Café au lait" en París, con veinte años y una buhardilla
y un aseo comunitario. ¿Se puede pedir más, Aznavour?
Si tienes veinte años y una buhardilla en París
y croissant con café au lait, ¿que más se puede pedir?
Luego están los Campos Elíseos, le Sacre Coeur,
el Louvre, Notre Damme...¡Que se le va a hacer!,
pero sólo tú lo sabes, Aznavour,
veinte años
y una buhardilla en París
con aseo comunitario.
No hace falta que lo expliques,
puedes cantarlo más alto,
cantarla otra vez:
"la Boheme",
si quieres, Aznavour,
pero todo está ya,
tan claro.
Cuando todo termine
y se pierdan los recuerdos,
siempre quedará
el Barrio Latino
y la Concorde,
y la boheme,
cuando paseaste por allí
y tuviste
veinte años.
-"Café au lait".
París y veinte años.
"Café au lait" en París, con veinte años y una buhardilla
y un aseo comunitario. ¿Se puede pedir más, Aznavour?
Si tienes veinte años y una buhardilla en París
y croissant con café au lait, ¿que más se puede pedir?
Luego están los Campos Elíseos, le Sacre Coeur,
el Louvre, Notre Damme...¡Que se le va a hacer!,
pero sólo tú lo sabes, Aznavour,
veinte años
y una buhardilla en París
con aseo comunitario.
No hace falta que lo expliques,
puedes cantarlo más alto,
cantarla otra vez:
"la Boheme",
si quieres, Aznavour,
pero todo está ya,
tan claro.
Cuando todo termine
y se pierdan los recuerdos,
siempre quedará
el Barrio Latino
y la Concorde,
y la boheme,
cuando paseaste por allí
y tuviste
veinte años.
14
"Querido Frodo, sigue tu camino al Monte del Destino
pero no olvides nunca de volver tus pasos, no te olvides
nunca del regreso, amigo. Sigue tu camino al Monte
del Destino, pero cuando llegues, piensa en el regreso.
Y es que hay lugares que esperan, lugares que son
tan hermosos que esperan tu vuelta.
Hay lugares con bosques tan inmensos
que en el horizonte llegan hasta el cielo,
lugares remotos, donde el viento sopla
siempre en el fresno,
lugares con tardes tan doradas
que las golondrinas
vuelan
a ras del suelo,
lugares hermosos,
ciudades lejanas con ríos caudalosos
ciudades
donde vientos del sur
traen siempre vino blanco
y delicias de ibérico,
hermosas ciudades,
sitios lejanos,
donde sirven
arroz negro y tomates rosas
lugares hermosos
que esperan tu vuelta, amigo,
lugares que esperan
siempre
tu regreso".
"Querido Frodo, sigue tu camino al Monte del Destino
pero no olvides nunca de volver tus pasos, no te olvides
nunca del regreso, amigo. Sigue tu camino al Monte
del Destino, pero cuando llegues, piensa en el regreso.
Y es que hay lugares que esperan, lugares que son
tan hermosos que esperan tu vuelta.
Hay lugares con bosques tan inmensos
que en el horizonte llegan hasta el cielo,
lugares remotos, donde el viento sopla
siempre en el fresno,
lugares con tardes tan doradas
que las golondrinas
vuelan
a ras del suelo,
lugares hermosos,
ciudades lejanas con ríos caudalosos
ciudades
donde vientos del sur
traen siempre vino blanco
y delicias de ibérico,
hermosas ciudades,
sitios lejanos,
donde sirven
arroz negro y tomates rosas
lugares hermosos
que esperan tu vuelta, amigo,
lugares que esperan
siempre
tu regreso".
domingo, 30 de junio de 2019
13
Aquella tarde,
las golondrinas volaban a ras del suelo
y el sol se echaba a dormir
ya cansado,
era una tarde dorada,
una de verano,
cuando el viento
movía las hojas del fresno
y me llevaron mis padres
a dar un paseo,
también
venía mi abuelo,
yo extendía los brazos en la tarde dorada,
como las golondrinas
que volaban a ras del suelo.
Hay tardes
guardadas en París,
que son tan doradas
que el viento
mueve las hojas del fresno,
tardes
en las que el sol se va a dormir
ya cansado,
tardes de verano
tan doradas
que las golondrinas
vuelan
a ras del suelo.
Aquella tarde,
las golondrinas volaban a ras del suelo
y el sol se echaba a dormir
ya cansado,
era una tarde dorada,
una de verano,
cuando el viento
movía las hojas del fresno
y me llevaron mis padres
a dar un paseo,
también
venía mi abuelo,
yo extendía los brazos en la tarde dorada,
como las golondrinas
que volaban a ras del suelo.
Hay tardes
guardadas en París,
que son tan doradas
que el viento
mueve las hojas del fresno,
tardes
en las que el sol se va a dormir
ya cansado,
tardes de verano
tan doradas
que las golondrinas
vuelan
a ras del suelo.
viernes, 28 de junio de 2019
12
"Gran Espíritu
creador de toda vida,
hacia ti va un guerrero
como una flecha
lanzada al sol,
es mi hijo Hunkas.
Hazle un sitio
en el consejo de mi pueblo
y pídele a la muerte
que tenga paciencia
hasta que llegue yo,
Sinajau, el último mohicano."
Algunas veces es difícil conseguir la perfección.
Pero, a veces, la música y el texto se conjugan
y la imagen resulta tan perfecta que hay que ser
muy fuerte para sujetar el llanto
más allá de la garganta.
Ocurre entonces el milagro,
la ficción de la palabra y la música que lo acompaña
hacen obras perfectas
y uno sucumbe a la emoción.
El mundo no sería igual
sin los músicos y los poetas.
Cuando todo termine
y solo nos quede Paris,
habrá merecido la pena
escuchar
al Ultimo Mohicano
cuando su voz
emotiva y temblorosa
invocaba desde la montaña
al Gran Espíritu
creador de toda vida.
"Gran Espíritu
creador de toda vida,
hacia ti va un guerrero
como una flecha
lanzada al sol,
es mi hijo Hunkas.
Hazle un sitio
en el consejo de mi pueblo
y pídele a la muerte
que tenga paciencia
hasta que llegue yo,
Sinajau, el último mohicano."
Algunas veces es difícil conseguir la perfección.
Pero, a veces, la música y el texto se conjugan
y la imagen resulta tan perfecta que hay que ser
muy fuerte para sujetar el llanto
más allá de la garganta.
Ocurre entonces el milagro,
la ficción de la palabra y la música que lo acompaña
hacen obras perfectas
y uno sucumbe a la emoción.
El mundo no sería igual
sin los músicos y los poetas.
Cuando todo termine
y solo nos quede Paris,
habrá merecido la pena
escuchar
al Ultimo Mohicano
cuando su voz
emotiva y temblorosa
invocaba desde la montaña
al Gran Espíritu
creador de toda vida.
miércoles, 26 de junio de 2019
11
Los sucesivos fracasos lo convirtieron en una obsesión.
Nos habían hablado de su efímera existencia, pero no
teníamos claro el lugar exacto y teníamos que buscarlos.
Año tras año, intentar localizar los narcisos salvajes
fue baldío, fue un esfuerzo inútil.
No conseguíamos encontrarlos y el desánimo era cada vez
mayor. Hasta aquel año, aquel año, en que, así sin más,
aparecieron. Es difícil precisar como ocurrió, pero de
repente aparecieron, nos encontraron a nosotros.
Su esplendor, su belleza inigualable, se mostraba ante nosotros
por fin y el esfuerzo realizado tuvo su recompensa, hizo que
la emoción contenida se agolpara en la garganta, aquella tarde
luminosa de primavera.
Narcisos salvajes a millares,
se extendían ante nosotros.
Puede que su efímera existencia
fuera la razón de su exquisita belleza.
En algún lugar de la memoria
se quedaron para siempre con nosotros,
como un codiciado tesoro.
Narcisos salvajes
nacen cada primavera
para ser admirados.
Su delicada belleza
luciendo bajo el sol,
merece ser guardada
celosamente
en Paris
cuando todo termine.
Los sucesivos fracasos lo convirtieron en una obsesión.
Nos habían hablado de su efímera existencia, pero no
teníamos claro el lugar exacto y teníamos que buscarlos.
Año tras año, intentar localizar los narcisos salvajes
fue baldío, fue un esfuerzo inútil.
No conseguíamos encontrarlos y el desánimo era cada vez
mayor. Hasta aquel año, aquel año, en que, así sin más,
aparecieron. Es difícil precisar como ocurrió, pero de
repente aparecieron, nos encontraron a nosotros.
Su esplendor, su belleza inigualable, se mostraba ante nosotros
por fin y el esfuerzo realizado tuvo su recompensa, hizo que
la emoción contenida se agolpara en la garganta, aquella tarde
luminosa de primavera.
Narcisos salvajes a millares,
se extendían ante nosotros.
Puede que su efímera existencia
fuera la razón de su exquisita belleza.
En algún lugar de la memoria
se quedaron para siempre con nosotros,
como un codiciado tesoro.
Narcisos salvajes
nacen cada primavera
para ser admirados.
Su delicada belleza
luciendo bajo el sol,
merece ser guardada
celosamente
en Paris
cuando todo termine.
lunes, 24 de junio de 2019
10
Las 4.30 de la madrugada de una noche cualquiera,
esa hora de cristal en la que todo sucumbe, esa en la
que hay que ser duro como el acero para soportar
su enorme peso, esa hora en la que hay que ser preciso
como el diamante frente al infortunio y la desgracia.
Hay un lugar en París para esa hora. Un lugar sagrado
para guardar lo mejor del ser humano, lo mejor de
todos ellos con los que compartí mi vida entera.
Las 4.30 de la madrugada de una noche cualquiera,
esa hora de cristal en la que todo sucumbe menos ellos,
los compañeros de hospital, duros como el acero,
capaces de soportar el enorme peso de esa hora,
precisos como el diamante
frente al infortunio y la desgracia
Vidas anónimas que hicieron
de este mundo un lugar más humano,
más decente y piadoso frente al dolor,
compañeros de hospital,
anónimos,
a los que guardará París
un lugar especial,
un lugar sagrado,
con todos sus nombres
grabados
para
cuando todo termine.
Las 4.30 de la madrugada de una noche cualquiera,
esa hora de cristal en la que todo sucumbe, esa en la
que hay que ser duro como el acero para soportar
su enorme peso, esa hora en la que hay que ser preciso
como el diamante frente al infortunio y la desgracia.
Hay un lugar en París para esa hora. Un lugar sagrado
para guardar lo mejor del ser humano, lo mejor de
todos ellos con los que compartí mi vida entera.
Las 4.30 de la madrugada de una noche cualquiera,
esa hora de cristal en la que todo sucumbe menos ellos,
los compañeros de hospital, duros como el acero,
capaces de soportar el enorme peso de esa hora,
precisos como el diamante
frente al infortunio y la desgracia
Vidas anónimas que hicieron
de este mundo un lugar más humano,
más decente y piadoso frente al dolor,
compañeros de hospital,
anónimos,
a los que guardará París
un lugar especial,
un lugar sagrado,
con todos sus nombres
grabados
para
cuando todo termine.
sábado, 22 de junio de 2019
9
No recuerdo el nombre de aquel lago, pero
estoy seguro de que estará bien guardado
en París. De lo que si estoy seguro, seguro,
es que lo navegamos, y no hubo ni habrá
nunca, ningún corsario que pudiera ser capaz
de sentir en sus venas la brisa y el surcar las
aguas desde la proa, como lo hicimos nosotros.
Acababas de llegar a mí. Acababas de aterrizar
en mi vida en mi mejor año y nos perdimos por
aquellos pueblos, sacados de un cuento, de la
Selva Negra. ¿No se si te acuerdas? Hicimos
aquel viaje, mezcla de piratas intrépidos en
un lago, y de exploradores novatos por pueblos
poblados de encanto.
Nos quedará París
y el nombre de aquel lago
cuando navegamos
en la proa de un barco
y la brisa nos meció
en aguas mansas
como si fuéramos
auténticos corsarios.
No recuerdo el nombre de aquel lago, pero
estoy seguro de que estará bien guardado
en París. De lo que si estoy seguro, seguro,
es que lo navegamos, y no hubo ni habrá
nunca, ningún corsario que pudiera ser capaz
de sentir en sus venas la brisa y el surcar las
aguas desde la proa, como lo hicimos nosotros.
Acababas de llegar a mí. Acababas de aterrizar
en mi vida en mi mejor año y nos perdimos por
aquellos pueblos, sacados de un cuento, de la
Selva Negra. ¿No se si te acuerdas? Hicimos
aquel viaje, mezcla de piratas intrépidos en
un lago, y de exploradores novatos por pueblos
poblados de encanto.
Nos quedará París
y el nombre de aquel lago
cuando navegamos
en la proa de un barco
y la brisa nos meció
en aguas mansas
como si fuéramos
auténticos corsarios.
viernes, 21 de junio de 2019
8
Será París. Será ese lugar al que van a parar
las cosas buenas, será ese, el sitio que nos quede.
Nos quedará París, donde guardar lo bueno que
vivimos. ¿Cómo no guardarlo? ¿Cómo no envolver
en la mejor urna, una hermética, una exclusiva y
tan bella que esté a la altura de preciosos recuerdos?
No se pueden dejar olvidados, perdidos en la niebla.
Aquella noche en Izmir, antes de coger el avión,
había una atmósfera densa que te hacía sentir frágil,
tan frágil como las alas del avión antes de despegar
y alzar el vuelo. Había una atmósfera densa y dejaba
el corazón encogido. Tú estabas tan lejos de allí
que pesaba tu ausencia. El avión cogió velocidad
antes de alzar su vuelo y tu estabas tan lejos
que era imposible que pudieras hacer nada.
Me tenías mal acostumbrado,
cuando todo se hundía
y amenazaba el naufragio,
estuviste siempre allí,
a mi lado,
salvándome del desastre,
pero desde tan lejos
tu ausencia
me hizo frágil
en medio de una noche
neblinosa y densa
a miles de kilómetros de ti.
Nos quedará París
y aquella noche tan densa
y tan lejos de ti.
Será París. Será ese lugar al que van a parar
las cosas buenas, será ese, el sitio que nos quede.
Nos quedará París, donde guardar lo bueno que
vivimos. ¿Cómo no guardarlo? ¿Cómo no envolver
en la mejor urna, una hermética, una exclusiva y
tan bella que esté a la altura de preciosos recuerdos?
No se pueden dejar olvidados, perdidos en la niebla.
Aquella noche en Izmir, antes de coger el avión,
había una atmósfera densa que te hacía sentir frágil,
tan frágil como las alas del avión antes de despegar
y alzar el vuelo. Había una atmósfera densa y dejaba
el corazón encogido. Tú estabas tan lejos de allí
que pesaba tu ausencia. El avión cogió velocidad
antes de alzar su vuelo y tu estabas tan lejos
que era imposible que pudieras hacer nada.
Me tenías mal acostumbrado,
cuando todo se hundía
y amenazaba el naufragio,
estuviste siempre allí,
a mi lado,
salvándome del desastre,
pero desde tan lejos
tu ausencia
me hizo frágil
en medio de una noche
neblinosa y densa
a miles de kilómetros de ti.
Nos quedará París
y aquella noche tan densa
y tan lejos de ti.
jueves, 20 de junio de 2019
7
Cuando llegaba junio, el fresno madrugaba,
extendía sus ramas y derramaba la sombra
en el jardín. Había guardado un humilde silencio
durante el invierno, pero en junio hacía notar
su presencia y bajo su sombra se empezaban
a lucir los cestos de frambuesas, nísperos,
brevas, melocotones, albaricoques.
Las rosas competían por los rincones.
Ya se habían ido los lirios, los jacintos, los narcisos
y los tulipanes, pero quedaban las azucenas y las rosas.
Todavía era pronto para las almendras y las nueces,
esperaban a los pistachos y las avellanas.
Pero en junio, el fresno despertaba
y extendía sus ramas
siempre silencioso
siempre humilde
y daba su sombra
sin pedir nada
a cambio.
A sus pies,
las flores
y las frutas
reclamaban
toda la atención
en el hermoso jardín.
Entonces, el aire del desierto
se llevó su sombra humilde
para guardarla,
para no perderla,
cuando todo termine
y cuando
solo
nos quede Paris.
Cuando llegaba junio, el fresno madrugaba,
extendía sus ramas y derramaba la sombra
en el jardín. Había guardado un humilde silencio
durante el invierno, pero en junio hacía notar
su presencia y bajo su sombra se empezaban
a lucir los cestos de frambuesas, nísperos,
brevas, melocotones, albaricoques.
Las rosas competían por los rincones.
Ya se habían ido los lirios, los jacintos, los narcisos
y los tulipanes, pero quedaban las azucenas y las rosas.
Todavía era pronto para las almendras y las nueces,
esperaban a los pistachos y las avellanas.
Pero en junio, el fresno despertaba
y extendía sus ramas
siempre silencioso
siempre humilde
y daba su sombra
sin pedir nada
a cambio.
A sus pies,
las flores
y las frutas
reclamaban
toda la atención
en el hermoso jardín.
Entonces, el aire del desierto
se llevó su sombra humilde
para guardarla,
para no perderla,
cuando todo termine
y cuando
solo
nos quede Paris.
martes, 18 de junio de 2019
6
Guarda en tu mochila, tú, amigo, tú, el mago blanco,
para no perdelas, aquellas palabras que susurra
el viento en las tierras altas. Llevalas bien guardadas,
ponlas en un saco, amigo Gandalf.
Y es que en las tierras altas, los árboles hablan.
Hay bosques tan inmensos que en el horizonte
llegan hasta el cielo. Hay árboles tan viejos que tienen
miles de años y cuando, entre sus ramas, se cuela el viento,
susurra palabras que vienen de lejos. Allí, junto a un tejo
viejo, se escuchan palabras que hablan desde lejos.
Esas palabras hablan de ausencias: "Vuelve, pronto,
vuelve", susurran al viento.
Pon esas palabras, mago blanco, siempre bien guardadas,
en tu mochila o en un saco, para no perderlas.
Yo iba con frecuencia, a las tierras altas...
Los bosques inmensos, guardaban las palabras
que susurraba el viento.
Fui allí muchas veces, mi hijo delante, siempre era
más rápido, y yo detrás, más lento, pues me pesaban
los años, y siempre estaban los arces, siempre los robles,
los tejos y acebos, siempre estaban, escuchando.
Oían las palabras, escuchaban los pasos...
Guarda las palabras, amigo, ponlas en un saco,
para no perderlas,
mago blanco, amigo,
guarda las palabras
que susurra el viento
junto a un tejo viejo,
un tejo de miles de años,
esas palabras
que hablan de ausencias:
"vuelve, pronto, vuelve,
vuelve, vuelve, vuelve".
Guarda en tu mochila, tú, amigo, tú, el mago blanco,
para no perdelas, aquellas palabras que susurra
el viento en las tierras altas. Llevalas bien guardadas,
ponlas en un saco, amigo Gandalf.
Y es que en las tierras altas, los árboles hablan.
Hay bosques tan inmensos que en el horizonte
llegan hasta el cielo. Hay árboles tan viejos que tienen
miles de años y cuando, entre sus ramas, se cuela el viento,
susurra palabras que vienen de lejos. Allí, junto a un tejo
viejo, se escuchan palabras que hablan desde lejos.
Esas palabras hablan de ausencias: "Vuelve, pronto,
vuelve", susurran al viento.
Pon esas palabras, mago blanco, siempre bien guardadas,
en tu mochila o en un saco, para no perderlas.
Yo iba con frecuencia, a las tierras altas...
Los bosques inmensos, guardaban las palabras
que susurraba el viento.
Fui allí muchas veces, mi hijo delante, siempre era
más rápido, y yo detrás, más lento, pues me pesaban
los años, y siempre estaban los arces, siempre los robles,
los tejos y acebos, siempre estaban, escuchando.
Oían las palabras, escuchaban los pasos...
Guarda las palabras, amigo, ponlas en un saco,
para no perderlas,
mago blanco, amigo,
guarda las palabras
que susurra el viento
junto a un tejo viejo,
un tejo de miles de años,
esas palabras
que hablan de ausencias:
"vuelve, pronto, vuelve,
vuelve, vuelve, vuelve".
lunes, 17 de junio de 2019
5
Ya ves, Gandalf, amigo, que perderemos
esta batalla, que no ganaremos. Vendrá ese
día lejano en el que nos arrebaten hasta
el último de los recuerdos.
Entonces amigo, tú, el mago blanco, llévame
a ese lugar de nuevo, ese sitio de Paris donde
quedan los recuerdos.
Verás, es que hay un lugar al que llegas al volver
una esquina. De repente, algo llama tu atención.
Son cuatro columnas que aparecen, sólo cuatro,
para soportar un capitel. Están detrás de la esquina
pero te atraen tanto que no puedes resistirte a
su llamada. Al girar la esquina puedes ver
de que se trata, es una plaza enorme y se inclina
ante su belleza. Has de levantar la vista
siguiendo su fachada que sube hasta el cielo para
apreciar toda su belleza. Es la arquitectura,
las pinturas, los frescos, las esculturas, todo lo que forma
su fachada. Es la Basílica de San Marcos, en Venecia.
Has de contener las emociones, con nervios de acero,
has de sujetar el llanto que pide paso a borbotones
en la garganta y los labios, ante su enorme esplendor
y su infinita belleza.
Ya sabes amigo, que perderemos esta batalla,
que no conservaremos ni uno solo de los recuerdos,
pero entonces, amigo, llévame allí,
a ese lugar tan hermoso,
allí,
ante tanta belleza,
tal vez,
recuerde
mi nombre.
Ya ves, Gandalf, amigo, que perderemos
esta batalla, que no ganaremos. Vendrá ese
día lejano en el que nos arrebaten hasta
el último de los recuerdos.
Entonces amigo, tú, el mago blanco, llévame
a ese lugar de nuevo, ese sitio de Paris donde
quedan los recuerdos.
Verás, es que hay un lugar al que llegas al volver
una esquina. De repente, algo llama tu atención.
Son cuatro columnas que aparecen, sólo cuatro,
para soportar un capitel. Están detrás de la esquina
pero te atraen tanto que no puedes resistirte a
su llamada. Al girar la esquina puedes ver
de que se trata, es una plaza enorme y se inclina
ante su belleza. Has de levantar la vista
siguiendo su fachada que sube hasta el cielo para
apreciar toda su belleza. Es la arquitectura,
las pinturas, los frescos, las esculturas, todo lo que forma
su fachada. Es la Basílica de San Marcos, en Venecia.
Has de contener las emociones, con nervios de acero,
has de sujetar el llanto que pide paso a borbotones
en la garganta y los labios, ante su enorme esplendor
y su infinita belleza.
Ya sabes amigo, que perderemos esta batalla,
que no conservaremos ni uno solo de los recuerdos,
pero entonces, amigo, llévame allí,
a ese lugar tan hermoso,
allí,
ante tanta belleza,
tal vez,
recuerde
mi nombre.
domingo, 16 de junio de 2019
4
Tú lo sabes, Gandalf.
Sabes de qué hablamos.
Ese lugar de Paris al que viajan los elfos.
Pongamos que es noche de invierno y que silba
el viento en el fresno. Pongamos que está la chimenea
encendida y la cena ya es historia. Entonces llega el
momento y se hace el silencio. Empieza la música
y siguen los diálogos que todos sabemos...
Sabes de qué hablamos.
Empieza entonces una alianza entre humanos y elfos
que habla de afectos.
Van saliendo palabras que todos sabemos,
palabras que hablan de alianzas, de lealtades y
de sentimientos, cuando el viento silba afuera
cualquier noche fría.
Puede que lo llamen ficción. Esa mezcla de contar
historias con la chimenea encendida al terminar la cena.
Pero resulta que no hay mejor forma de explicarlo,
no hay mejor palabra que la de un elfo para hablar
de alianzas, de lealtades y afectos.
Tu sabes de ese lugar, Gandalf,
de ese sitio de Paris,
al que van los sentimientos,
ese
que tiene que ver
con que el viento
silbe en el fresno,
una noche fría,
y es que hablar de lealtades,
de aliados y afecto,
es mucho más
que la palabra
de un elfo.
Tú lo sabes, Gandalf.
Sabes de qué hablamos.
Ese lugar de Paris al que viajan los elfos.
Pongamos que es noche de invierno y que silba
el viento en el fresno. Pongamos que está la chimenea
encendida y la cena ya es historia. Entonces llega el
momento y se hace el silencio. Empieza la música
y siguen los diálogos que todos sabemos...
Sabes de qué hablamos.
Empieza entonces una alianza entre humanos y elfos
que habla de afectos.
Van saliendo palabras que todos sabemos,
palabras que hablan de alianzas, de lealtades y
de sentimientos, cuando el viento silba afuera
cualquier noche fría.
Puede que lo llamen ficción. Esa mezcla de contar
historias con la chimenea encendida al terminar la cena.
Pero resulta que no hay mejor forma de explicarlo,
no hay mejor palabra que la de un elfo para hablar
de alianzas, de lealtades y afectos.
Tu sabes de ese lugar, Gandalf,
de ese sitio de Paris,
al que van los sentimientos,
ese
que tiene que ver
con que el viento
silbe en el fresno,
una noche fría,
y es que hablar de lealtades,
de aliados y afecto,
es mucho más
que la palabra
de un elfo.
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