61
Era una estación desconchada y fría
en una mañana en blanco y negro.
Arrancaba un tren y en la ventanilla una mano
anunciaba el adiós, anunciaba el amargo sabor
de la ausencia, la fría consciencia de estar solo
en el andén, lejos de casa.
Con doce años se aprende la nostalgia.
Una estación de tren, desconchada y fría, y una
despedida en el andén en blanco y negro marcan
para siempre. La soledad recién estrenada será
asumida como algo normal, será acogida como
una necesaria compañía, no buscada.
Y sin embargo, pasado el tiempo, cuando más
de cincuenta años se quedaron por el camino,
el blanco y negro de una estación desconchada
y fría se convierte en una agradable cita con
la ternura, un elemento indispensable en la
escuela de la vida.
Con el paso de los años,
con el tiempo,
la vida
se llena de color
y una despedida
en blanco y negro
en una lejana estación
desconchada y fría,
se convierte
en algo entrañable
y lleno de ternura
viernes, 27 de septiembre de 2019
miércoles, 25 de septiembre de 2019
60
No quiero más fronteras.
Me basta con salir
cuando
lo pidan mis pasos,
me basta
con estar en casa
en cualquier parte
todos los paisajes
serán uno,
serán de todos
sin que nadie
los reclame,
no quiero
más fronteras
que las que están
al alcance de la mano,
esas que hacen
que el invierno
sea más suave,
o que el otoño
sea verano
no quiero
más fronteras
que el roce
de tus labios.
No quiero más fronteras.
Me basta con salir
cuando
lo pidan mis pasos,
me basta
con estar en casa
en cualquier parte
todos los paisajes
serán uno,
serán de todos
sin que nadie
los reclame,
no quiero
más fronteras
que las que están
al alcance de la mano,
esas que hacen
que el invierno
sea más suave,
o que el otoño
sea verano
no quiero
más fronteras
que el roce
de tus labios.
martes, 24 de septiembre de 2019
59
El sol de otoño era perezoso,
le costaba levantarse
y sin embargo tenía un tono dulce,
como de miel,
que invitaba a salir al jardín.
En el norte maduraban las uvas
con ese sol tan dorado
que pronto dejaría lista
la cosecha de somontano.
Los gatos más expertos
buscaban por los rincones
ese sol perezoso
cuando las golondrinas
ya se habían ido,
buscaban
los rayos
capaces de dorar las uvas
que traerían
el delicioso
somontano
y en los bosques inmensos
se contagiaba
la pereza de aquel sol
y los robles
empezaban
a dejar
caer
las hojas.
El sol de otoño era perezoso,
le costaba levantarse
y sin embargo tenía un tono dulce,
como de miel,
que invitaba a salir al jardín.
En el norte maduraban las uvas
con ese sol tan dorado
que pronto dejaría lista
la cosecha de somontano.
Los gatos más expertos
buscaban por los rincones
ese sol perezoso
cuando las golondrinas
ya se habían ido,
buscaban
los rayos
capaces de dorar las uvas
que traerían
el delicioso
somontano
y en los bosques inmensos
se contagiaba
la pereza de aquel sol
y los robles
empezaban
a dejar
caer
las hojas.
domingo, 22 de septiembre de 2019
58
La esperanza era verde
y tenía aroma de boj.
La tierra se abría con facilidad al presionarla,
era una mezcla de final de verano y de otoño,
había absorbido las tempranas lluvias
que cayeron bajo el fresno
y había que cavar con cuidado
para no sacar
los bulbos de los jacintos
antes de ir
trasplantando
los tiernos brotes de boj.
En la higuera,
algunos frutos se abrían
por no aguantar
la fuerza con la que crecían,
entonces
era el momento de cogerlos,
aún verdes,
y cocerlos
con brandy,
la esperanza
era verde,
tenía
aroma de boj
y un sabor
de higos
verdes
al brandy.
La esperanza era verde
y tenía aroma de boj.
La tierra se abría con facilidad al presionarla,
era una mezcla de final de verano y de otoño,
había absorbido las tempranas lluvias
que cayeron bajo el fresno
y había que cavar con cuidado
para no sacar
los bulbos de los jacintos
antes de ir
trasplantando
los tiernos brotes de boj.
En la higuera,
algunos frutos se abrían
por no aguantar
la fuerza con la que crecían,
entonces
era el momento de cogerlos,
aún verdes,
y cocerlos
con brandy,
la esperanza
era verde,
tenía
aroma de boj
y un sabor
de higos
verdes
al brandy.
miércoles, 18 de septiembre de 2019
57
De repente te sientes bien,
así sin pensarlo
digamos que es esa hora del día
que se reconcilia con la noche,
contemplas la Avenida desde la terraza,
los coches se deslizan silenciosos
con las luces encendidas
y el corazón late sosegado
como todo el cuerpo,
hasta el café
sabe delicioso
y te sientes bien,
resulta
que todas las cosas buenas
que estaban guardadas en París
están aquí
de repente
y te sientes bien
es
como
el sabor
de tus labios.
De repente te sientes bien,
así sin pensarlo
digamos que es esa hora del día
que se reconcilia con la noche,
contemplas la Avenida desde la terraza,
los coches se deslizan silenciosos
con las luces encendidas
y el corazón late sosegado
como todo el cuerpo,
hasta el café
sabe delicioso
y te sientes bien,
resulta
que todas las cosas buenas
que estaban guardadas en París
están aquí
de repente
y te sientes bien
es
como
el sabor
de tus labios.
jueves, 12 de septiembre de 2019
56
Pareció que su presencia era inexplicable,
que no era real su existencia, que no fueron verdad,
pero resultó cierto, resultó que estarían para siempre
en un lugar sagrado, un merecido lugar de París
a donde van a parar las cosas buenas.
Porque Deseada tuvo que salir de algún lugar en el que
se produce lo definitivamente perfecto, un lugar como
si fuera el cielo, por su belleza inigualable y tan admirada
por todos, y ¿que decir de sus dibujos, de la maestría
de sus trazos?, su mano estaba hecha para plasmar
el arte más exquisito, para dejar constancia de la belleza
que hay en interior de las cosas.
Porque Luma supo como nadie hacer del canto de la nana
el arrullo imprescindible para el sueño de un bebé:
"calma, calma, deja que el beso dure, calma, calma".
Y porque la Escondida trajo la dignidad a ese último
instante, a esa frontera que hay que cruzar alguna
vez, al momento de ir al más allá, de llegar
al reino de los muertos con un rayo de luna,
nadie como ella puso tanta dignidad y respeto,
nadie puso tanta piedad a ese definitivo instante.
Por eso hay un lugar en París para todas ellas,
un merecido lugar donde estarán para siempre
Deseada, Luma y la Escondida cuando todo acabe.
Puede que parecieran irreales,
que su presencia solo fuera un sueño,
pero vinieron de un lugar hermoso
para hacernos la vida más fácil
y nadie podrá decir nunca
que no existieron.
Pareció que su presencia era inexplicable,
que no era real su existencia, que no fueron verdad,
pero resultó cierto, resultó que estarían para siempre
en un lugar sagrado, un merecido lugar de París
a donde van a parar las cosas buenas.
Porque Deseada tuvo que salir de algún lugar en el que
se produce lo definitivamente perfecto, un lugar como
si fuera el cielo, por su belleza inigualable y tan admirada
por todos, y ¿que decir de sus dibujos, de la maestría
de sus trazos?, su mano estaba hecha para plasmar
el arte más exquisito, para dejar constancia de la belleza
que hay en interior de las cosas.
Porque Luma supo como nadie hacer del canto de la nana
el arrullo imprescindible para el sueño de un bebé:
"calma, calma, deja que el beso dure, calma, calma".
Y porque la Escondida trajo la dignidad a ese último
instante, a esa frontera que hay que cruzar alguna
vez, al momento de ir al más allá, de llegar
al reino de los muertos con un rayo de luna,
nadie como ella puso tanta dignidad y respeto,
nadie puso tanta piedad a ese definitivo instante.
Por eso hay un lugar en París para todas ellas,
un merecido lugar donde estarán para siempre
Deseada, Luma y la Escondida cuando todo acabe.
Puede que parecieran irreales,
que su presencia solo fuera un sueño,
pero vinieron de un lugar hermoso
para hacernos la vida más fácil
y nadie podrá decir nunca
que no existieron.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
55
Ya no importaba
el pasado, ni los días perdidos.
Había llegado hasta allí
indemne
había llegado sin entregarse
sin ceder al infortunio
había vencido a las derrotas
que parecieron insalvables,
ahora solo importaba
la ciudad repleta de terrazas
al final del verano,
importaba ese río de gente
y las ganas de vivir
la noche tan hermosa
en una ciudad abierta
y acogedora,
tu mano
me guiaba
entre la gente
a salvo,
siempre a salvo,
ahora
solo importaba la ciudad
y la noche tan hermosa,
ya no importaba
el pasado,
quedaban
muy lejos
los días perdidos.
Ya no importaba
el pasado, ni los días perdidos.
Había llegado hasta allí
indemne
había llegado sin entregarse
sin ceder al infortunio
había vencido a las derrotas
que parecieron insalvables,
ahora solo importaba
la ciudad repleta de terrazas
al final del verano,
importaba ese río de gente
y las ganas de vivir
la noche tan hermosa
en una ciudad abierta
y acogedora,
tu mano
me guiaba
entre la gente
a salvo,
siempre a salvo,
ahora
solo importaba la ciudad
y la noche tan hermosa,
ya no importaba
el pasado,
quedaban
muy lejos
los días perdidos.
domingo, 8 de septiembre de 2019
54
" siempre vuelvo a ese mar
que perdió sus aguas
vuelvo a ese mar
y a sus bosques inmensos"
Las nubes bajas descargaban sobre el ardiente
asfalto cuando la Gardot susurraba "so we meet again".
Subir a las tierras altas por carreteras imposibles
en pendientes de vértigo ponía a prueba a cualquiera.
El coche se deslizaba por cerradas curvas
entre los bosques inmensos para llegar a la cima.
La tormenta seguía implacable sobre el ardiente
asfalto y al llegar arriba el espectáculo era asombroso.
La carretera evaporaba la lluvia
y entre los árboles ascendía
una nube de vapor
calmando el calor del verano.
Desde las tierras altas
sorprendió
un arco iris inmenso
sobre los bosques interminables
mientras la Gardot
seguía cantando.
" siempre vuelvo a ese mar
que perdió sus aguas
vuelvo a ese mar
y a sus bosques inmensos"
Las nubes bajas descargaban sobre el ardiente
asfalto cuando la Gardot susurraba "so we meet again".
Subir a las tierras altas por carreteras imposibles
en pendientes de vértigo ponía a prueba a cualquiera.
El coche se deslizaba por cerradas curvas
entre los bosques inmensos para llegar a la cima.
La tormenta seguía implacable sobre el ardiente
asfalto y al llegar arriba el espectáculo era asombroso.
La carretera evaporaba la lluvia
y entre los árboles ascendía
una nube de vapor
calmando el calor del verano.
Desde las tierras altas
sorprendió
un arco iris inmenso
sobre los bosques interminables
mientras la Gardot
seguía cantando.
viernes, 6 de septiembre de 2019
53
Un sol acabado incendiaba el horizonte
de tal manera que el cielo rojizo
se fundía con el mar.
-¿En qué piensas?
Cada vez que él se quedaba mirando, ensimismado,
parecía tan ausente, que ella trataba de retenerlo
como si su ausencia fuera un adiós, un mal presagio.
-¡Bésame!- dijo, acercándose a él para atraerlo.
El la besó, luego acercó
la helada copa a los labios y bebió el vino blanco.
Aquel lugar estaba
protegido del viento
por el cristal,
pero no impedía asomarse
al precipicio rocoso
en el que rompían las olas
y en la tarde,
cuando el sol se iba,
acudían a cenar allí
por la belleza inigualable
de aquel sitio,
entonces
las últimas golondrinas
se agrupaban en los veleros
antes de emprender el vuelo
y arrastraban,
sin remedio,
el corazón
en su viaje de regreso.
Un sol acabado incendiaba el horizonte
de tal manera que el cielo rojizo
se fundía con el mar.
-¿En qué piensas?
Cada vez que él se quedaba mirando, ensimismado,
parecía tan ausente, que ella trataba de retenerlo
como si su ausencia fuera un adiós, un mal presagio.
-¡Bésame!- dijo, acercándose a él para atraerlo.
El la besó, luego acercó
la helada copa a los labios y bebió el vino blanco.
Aquel lugar estaba
protegido del viento
por el cristal,
pero no impedía asomarse
al precipicio rocoso
en el que rompían las olas
y en la tarde,
cuando el sol se iba,
acudían a cenar allí
por la belleza inigualable
de aquel sitio,
entonces
las últimas golondrinas
se agrupaban en los veleros
antes de emprender el vuelo
y arrastraban,
sin remedio,
el corazón
en su viaje de regreso.
jueves, 5 de septiembre de 2019
52
Hay palabras nuevas
que no vienen en los diccionarios,
son esas palabras que inventa un niño de dos años,
palabras de un mundo que empieza,
de una nueva frontera, de un mundo mágico,
palabras cargadas de sentido,
que no están a tu alcance
ni aparecen en los libros,
palabras sin rastro.
Si has de buscar un sitio en el que estar,
un lugar donde empezar de nuevo,
uno que no esté inventado,
es ese
que encierra
la palabra
que inventa
un niño de dos años.
Buscad un sitio preferido,
un lugar perfecto,
el más idílico de todos,
el que queráis
el más osado
buscadlo,
buscad
por sitios remotos
por parajes exóticos
por magníficos palacios,
no encontraréis ninguno,
ninguno,
ninguno tan concreto y tan abstracto,
tan rico y tan mágico
como la última frontera
que esconde
las palabra de un niño de dos años.
Hay palabras nuevas
que no vienen en los diccionarios,
son esas palabras que inventa un niño de dos años,
palabras de un mundo que empieza,
de una nueva frontera, de un mundo mágico,
palabras cargadas de sentido,
que no están a tu alcance
ni aparecen en los libros,
palabras sin rastro.
Si has de buscar un sitio en el que estar,
un lugar donde empezar de nuevo,
uno que no esté inventado,
es ese
que encierra
la palabra
que inventa
un niño de dos años.
Buscad un sitio preferido,
un lugar perfecto,
el más idílico de todos,
el que queráis
el más osado
buscadlo,
buscad
por sitios remotos
por parajes exóticos
por magníficos palacios,
no encontraréis ninguno,
ninguno,
ninguno tan concreto y tan abstracto,
tan rico y tan mágico
como la última frontera
que esconde
las palabra de un niño de dos años.
miércoles, 4 de septiembre de 2019
51
La golondrina voló sobre los bosques inmensos,
sabía que el verde tan intenso se iría pronto, que
era cuestión de tiempo que los robles se hicieran
rojos, antes de quedarse sin hojas, y que aquel
mar de un verde tan intenso, habría de esperar
el manto blanco del invierno.
Sabía que tendría que volar muy lejos, sobre otros
mares, mares azules inmensos, mares dorados de
dunas ardientes, para llegar a casa.
Las tardes de verano se agotaban,
pronto alzaría el vuelo
antes que el otoño
hiciera rojizos los bosques,
un impulso incontrolable
la obligaba a volar lejos
para llegar a casa,
sabía que dejaba atrás
los mares verdes
y que mares azules
la esperaban,
que habría
de volar sobre
arenas ardientes,
sabía también
que habría de regresar
de su largo viaje
cuando la primavera
de nuevo
la llamara.
La golondrina voló sobre los bosques inmensos,
sabía que el verde tan intenso se iría pronto, que
era cuestión de tiempo que los robles se hicieran
rojos, antes de quedarse sin hojas, y que aquel
mar de un verde tan intenso, habría de esperar
el manto blanco del invierno.
Sabía que tendría que volar muy lejos, sobre otros
mares, mares azules inmensos, mares dorados de
dunas ardientes, para llegar a casa.
Las tardes de verano se agotaban,
pronto alzaría el vuelo
antes que el otoño
hiciera rojizos los bosques,
un impulso incontrolable
la obligaba a volar lejos
para llegar a casa,
sabía que dejaba atrás
los mares verdes
y que mares azules
la esperaban,
que habría
de volar sobre
arenas ardientes,
sabía también
que habría de regresar
de su largo viaje
cuando la primavera
de nuevo
la llamara.
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