50
"Liberad París
abrid sus calles a la luz
que inunden hasta el Sena
que iluminen las plazas
que aparten las tinieblas.
Liberad París
para Bogard y la Bergman,
para Aznavour y la bohemia
que lleguen los poetas
a sus calles,
que tomen las plazas
los pintores,
que busquen su lugar
las cosas buenas
que se guarden en París,
que no se pierdan.
Liberad París
de las tinieblas
que cuando todo termine
haya un lugar de luz
un sitio sagrado
donde guardar
las cosas buenas".
miércoles, 28 de agosto de 2019
martes, 27 de agosto de 2019
49
Los pájaros oscuros abandonaron el bosque
despavoridos. Se habían asentado allí largo
tiempo, pero el arrendajo sabía que en algún
lugar lejano, estaba guardado un secreto,
estaba guardado un recuerdo que haría huir
a los pájaros siniestros, a los pájaros oscuros
que ensombrecieron los días del bosque.
Ocurrió cuando el sol se echaba a dormir,
entonces, un sonido atronador despertó al bosque
era el trueno que asustó a los pájaros siniestros,
luego siguió, entre relámpagos,
una febril actividad entre los árboles,
la lluvia arrastraba
el fértil polvo
hasta el suelo,
y el latido del bosque
empezó a escucharse de nuevo.
Los pájaros oscuros
huyeron
y el latido del bosque
volvió otra vez,
cuando
el fértil polvo,
arrastrado por la lluvia,
llegó
de nuevo
hasta el micelio.
Los pájaros oscuros abandonaron el bosque
despavoridos. Se habían asentado allí largo
tiempo, pero el arrendajo sabía que en algún
lugar lejano, estaba guardado un secreto,
estaba guardado un recuerdo que haría huir
a los pájaros siniestros, a los pájaros oscuros
que ensombrecieron los días del bosque.
Ocurrió cuando el sol se echaba a dormir,
entonces, un sonido atronador despertó al bosque
era el trueno que asustó a los pájaros siniestros,
luego siguió, entre relámpagos,
una febril actividad entre los árboles,
la lluvia arrastraba
el fértil polvo
hasta el suelo,
y el latido del bosque
empezó a escucharse de nuevo.
Los pájaros oscuros
huyeron
y el latido del bosque
volvió otra vez,
cuando
el fértil polvo,
arrastrado por la lluvia,
llegó
de nuevo
hasta el micelio.
domingo, 25 de agosto de 2019
48
"Como una piedra que rueda.."
repetía Dylan mientras el paisaje desolado
iba quedando atrás.
La carretera solitaria y el sol a punto de esconderse
eran todo su equipaje.
El coche se deslizaba mansamente
y Dylan repetía:
"como una piedra que rueda,
como un piedra..."
Y es que siempre fue así,
siempre resultó que había que rodar,
que había que seguir rodando,
limando el carácter,
haciéndolo más fuerte
haciendo frente al infortunio,
venciendo la desgracia
y saliendo
cada vez más fuerte
de las traiciones
que trataron de tumbarlo.
Ahora el coche se deslizaba
mansamente a su destino,
con un sol acabado,
por la carretera solitaria
y a solas repetía
que mereció la pena el viaje,
que resultó duro a veces,
pero que llegó hasta allí indemne
había conseguido acabar
con todas las derrotas
que amenazaron su horizonte,
como una piedra, siempre,
como una piedra que rueda.
"Como una piedra que rueda.."
repetía Dylan mientras el paisaje desolado
iba quedando atrás.
La carretera solitaria y el sol a punto de esconderse
eran todo su equipaje.
El coche se deslizaba mansamente
y Dylan repetía:
"como una piedra que rueda,
como un piedra..."
Y es que siempre fue así,
siempre resultó que había que rodar,
que había que seguir rodando,
limando el carácter,
haciéndolo más fuerte
haciendo frente al infortunio,
venciendo la desgracia
y saliendo
cada vez más fuerte
de las traiciones
que trataron de tumbarlo.
Ahora el coche se deslizaba
mansamente a su destino,
con un sol acabado,
por la carretera solitaria
y a solas repetía
que mereció la pena el viaje,
que resultó duro a veces,
pero que llegó hasta allí indemne
había conseguido acabar
con todas las derrotas
que amenazaron su horizonte,
como una piedra, siempre,
como una piedra que rueda.
sábado, 24 de agosto de 2019
47
Entre el gusano y la rata
queda un espacio
nauseabundo,
una zona muerta
por la que va medrando
un ser amorfo,
una zona lúgubre
en la que prospera
el trepa,
su rastro
es imposible de limpiar,
no hay lejía suficiente.
El trepa siempre gana,
va reptando por tu espalda
hasta llegar arriba
y allí se instala.
Entonces solo queda
un lugar donde esconderse,
un sitio en el que estar a salvo,
un espacio seguro y libre,
es ese lugar
donde se escucha un sonido de guitarra,
ese sitio
donde hay un aleteo de mariposas
en la entrada,
ese espacio
repleto de versos
donde el sol se echa a dormir
mientras
el fresno
guarda silencio
en el jardín.
Entre el gusano y la rata
queda un espacio
nauseabundo,
una zona muerta
por la que va medrando
un ser amorfo,
una zona lúgubre
en la que prospera
el trepa,
su rastro
es imposible de limpiar,
no hay lejía suficiente.
El trepa siempre gana,
va reptando por tu espalda
hasta llegar arriba
y allí se instala.
Entonces solo queda
un lugar donde esconderse,
un sitio en el que estar a salvo,
un espacio seguro y libre,
es ese lugar
donde se escucha un sonido de guitarra,
ese sitio
donde hay un aleteo de mariposas
en la entrada,
ese espacio
repleto de versos
donde el sol se echa a dormir
mientras
el fresno
guarda silencio
en el jardín.
jueves, 22 de agosto de 2019
46
Hay ciudades sin historia
sin un rincón de la nostalgia
de avenidas abiertas
de calles transparentes
y plazas repletas de vida,
ciudades
sin una historia
antigua
que contarte
donde
solo importa el futuro
donde encuentras tu sitio
sin pensarlo
donde vuelves a empezar
en lugares
llenos
de abrazos,
ciudades nuevas
donde
hasta los viejos
apenas
si son
adolescentes.
Hay ciudades sin historia
sin un rincón de la nostalgia
de avenidas abiertas
de calles transparentes
y plazas repletas de vida,
ciudades
sin una historia
antigua
que contarte
donde
solo importa el futuro
donde encuentras tu sitio
sin pensarlo
donde vuelves a empezar
en lugares
llenos
de abrazos,
ciudades nuevas
donde
hasta los viejos
apenas
si son
adolescentes.
martes, 20 de agosto de 2019
45
El gran pájaro de hierro se posó sobre el pantano,
luego alzó el vuelo con un sonido atronador, inclinando
las alas para girar, y al pasar sobre las llamas, soltó
toda la lluvia que llevaba en su interior.
El arrendajo lo observaba asombrado, sabía que cuando
acabara con el fuego, no volvería a verlo nunca más.
Luego bajó al fondo del valle, donde las llamas
se extinguieron la noche anterior y encontró piñas
abiertas, con los piñones asomando, pero ese no era
su trabajo, eso era cosa de la ardilla.
El buscaba bellotas,
las iría enterrando en la tierra húmeda,
a mitad de la ladera, junto a la roca que
servía de referencia,
eran su despensa para el otoño,
también para el largo invierno,
pero algunas
brotarían en primavera
y salpicarían
de diminutos robles la ladera
y en pocos años,
serían la garantía
de su despensa
para
los próximos
inviernos.
El gran pájaro de hierro se posó sobre el pantano,
luego alzó el vuelo con un sonido atronador, inclinando
las alas para girar, y al pasar sobre las llamas, soltó
toda la lluvia que llevaba en su interior.
El arrendajo lo observaba asombrado, sabía que cuando
acabara con el fuego, no volvería a verlo nunca más.
Luego bajó al fondo del valle, donde las llamas
se extinguieron la noche anterior y encontró piñas
abiertas, con los piñones asomando, pero ese no era
su trabajo, eso era cosa de la ardilla.
El buscaba bellotas,
las iría enterrando en la tierra húmeda,
a mitad de la ladera, junto a la roca que
servía de referencia,
eran su despensa para el otoño,
también para el largo invierno,
pero algunas
brotarían en primavera
y salpicarían
de diminutos robles la ladera
y en pocos años,
serían la garantía
de su despensa
para
los próximos
inviernos.
lunes, 19 de agosto de 2019
44
"Todo lo que fui, quedó atrás.
Estuve atrapado en un mar de arena,
el viento quemaba y las gacelas huían
del guepardo, pero yo no era tan rápido,
así que dejé atrás aquel mar
de ardiente arena,
todo lo que fui, quedó atrás,
escapé de un mar azul,
de aguas siniestras y frías
que devoraron a otros,
escapé de un mar ardiente
de doradas arenas,
escapé
de un mar azul
de aguas siniestras
todo
se quedó atrás,
el mar de arena,
el mar azul
de aguas siniestras,
ahora estoy atrapado
en un mar
de plástico
con un calor
sofocante,
y sé
que no escaparé jamás
de los mares que acechan
y te dejan atrapado,
sé que no escaparé nunca,
nunca seré
tan veloz
como el guepardo".
"Todo lo que fui, quedó atrás.
Estuve atrapado en un mar de arena,
el viento quemaba y las gacelas huían
del guepardo, pero yo no era tan rápido,
así que dejé atrás aquel mar
de ardiente arena,
todo lo que fui, quedó atrás,
escapé de un mar azul,
de aguas siniestras y frías
que devoraron a otros,
escapé de un mar ardiente
de doradas arenas,
escapé
de un mar azul
de aguas siniestras
todo
se quedó atrás,
el mar de arena,
el mar azul
de aguas siniestras,
ahora estoy atrapado
en un mar
de plástico
con un calor
sofocante,
y sé
que no escaparé jamás
de los mares que acechan
y te dejan atrapado,
sé que no escaparé nunca,
nunca seré
tan veloz
como el guepardo".
domingo, 18 de agosto de 2019
43
En el Panteón de los reyes, las pinturas murales
daban idea de la solemnidad del lugar.
Descansaban los restos de los reyes
y quedaban atrás las intrigas de palacio,
pero también, los gestos tan nobles que,
siglos después,
tuvieron un inmenso respeto
por parte de todos.
Un joven rey,
el último,
adolescente y maduro a la vez,
mandó reunir a los nobles,
a la curia
y a los representantes del pueblo
y dijo hermosas palabras,
palabras que quedaron guardadas,
que quedaron escritas:
"se protegerá
a los débiles del reino".
Siglos pasaron, hasta que aquellas palabras,
trajeron los derechos humanos,
trajeron los parlamentos,
las constituciones.
En el Panteón de los reyes,
las pinturas murales guardan el silencio,
guardan el descanso,
guardan la paz y un inmenso respeto
por aquel joven rey
y sus hermosas palabras
y su gesto tan noble.
En el Panteón de los reyes, las pinturas murales
daban idea de la solemnidad del lugar.
Descansaban los restos de los reyes
y quedaban atrás las intrigas de palacio,
pero también, los gestos tan nobles que,
siglos después,
tuvieron un inmenso respeto
por parte de todos.
Un joven rey,
el último,
adolescente y maduro a la vez,
mandó reunir a los nobles,
a la curia
y a los representantes del pueblo
y dijo hermosas palabras,
palabras que quedaron guardadas,
que quedaron escritas:
"se protegerá
a los débiles del reino".
Siglos pasaron, hasta que aquellas palabras,
trajeron los derechos humanos,
trajeron los parlamentos,
las constituciones.
En el Panteón de los reyes,
las pinturas murales guardan el silencio,
guardan el descanso,
guardan la paz y un inmenso respeto
por aquel joven rey
y sus hermosas palabras
y su gesto tan noble.
martes, 13 de agosto de 2019
42
Los tenía absolutamente entregados.
Sabía de sobra que todos aplaudirían a rabiar
aquellos juegos que su imaginación infantil
iba creando, lo sabía, pero había algo más,
había en el ambiente algo mágico,
algo que hacía latir de nuevo
aquella casona antigua,
aquellos muros centenarios.
En la entrada,
sobre ladrillos cocidos,
daba fe de su noble pasado
la fecha inscrita,
más de trescientos años,
decía,
casi cuatro siglos.
En el techo el escudo nobiliario.
Los arcos y muros de piedra
fueron testigos de los pasos,
de la vida y los sueños
de aquellos que la habitaron.
Ahora,
juegos infantiles
y aplausos,
le devolvían la vida.
A veces las paredes,
los arcos y muros
centenarios,
laten con la vida
de los juegos
infantiles
que un día cualquiera
regresan
y arrancan aplausos.
Los tenía absolutamente entregados.
Sabía de sobra que todos aplaudirían a rabiar
aquellos juegos que su imaginación infantil
iba creando, lo sabía, pero había algo más,
había en el ambiente algo mágico,
algo que hacía latir de nuevo
aquella casona antigua,
aquellos muros centenarios.
En la entrada,
sobre ladrillos cocidos,
daba fe de su noble pasado
la fecha inscrita,
más de trescientos años,
decía,
casi cuatro siglos.
En el techo el escudo nobiliario.
Los arcos y muros de piedra
fueron testigos de los pasos,
de la vida y los sueños
de aquellos que la habitaron.
Ahora,
juegos infantiles
y aplausos,
le devolvían la vida.
A veces las paredes,
los arcos y muros
centenarios,
laten con la vida
de los juegos
infantiles
que un día cualquiera
regresan
y arrancan aplausos.
41
Las gaviotas tomaron posiciones sobre los islotes
que bordeaban la costa, cuando el sol aparecía
en el horizonte.
Anibal contemplaba desde lo alto de la cornisa
rocosa como las olas se dormían en la playa
desierta al amanecer.
Siroco estaba inquieto, trataba de galopar hacia
el interior del desierto, pero la mano de Anibal
lo calmaba acariciando sus largas crines.
-¿Dime donde estás, donde te fuiste?
Bandadas de flamencos volaban sobre los cedros,
rumbo al sur buscando el Chott El Jerid donde
la lluvia debía de haber llegado por fin.
-¿Porqué veo tu nombre escrito en todas partes,
tu nombre escrito entre los cedros?
La playa seguía desierta
y Siroco esperaba inquieto
galopar sin descanso
sobre la arena fresca.
La lluvía llegaba
al interior del desierto
y traía esperanza
a los flamencos.
Las gaviotas tomaron posiciones sobre los islotes
que bordeaban la costa, cuando el sol aparecía
en el horizonte.
Anibal contemplaba desde lo alto de la cornisa
rocosa como las olas se dormían en la playa
desierta al amanecer.
Siroco estaba inquieto, trataba de galopar hacia
el interior del desierto, pero la mano de Anibal
lo calmaba acariciando sus largas crines.
-¿Dime donde estás, donde te fuiste?
Bandadas de flamencos volaban sobre los cedros,
rumbo al sur buscando el Chott El Jerid donde
la lluvia debía de haber llegado por fin.
-¿Porqué veo tu nombre escrito en todas partes,
tu nombre escrito entre los cedros?
La playa seguía desierta
y Siroco esperaba inquieto
galopar sin descanso
sobre la arena fresca.
La lluvía llegaba
al interior del desierto
y traía esperanza
a los flamencos.
miércoles, 7 de agosto de 2019
40
Hay aromas tan intensos
que identifican las cosas buenas
sin ninguna duda,
que son como sus señas de identidad.
Esos aromas que marcan las cosas
como un código de barras,
aromas incapaces de confundir
pues identifican tanto las cosas
que forman parte de tu memoria
para siempre.
El aroma del jardín
cuando despiertas,
cuando el día se reconcilia
con la noche,
o el aroma del primer café
de la mañana,
o ese aroma
que sale de la cocina,
tan inconfundible
y tan intenso,
del aceite en la sartén.
Pero ninguno es tan intenso,
ninguno tan irresistible
como el que desprende
el cuello de un bebé
cuando lo abrazas,
es tan embriagador
que te convierte
en su más adepto protector,
tan seductor
que te hace ser
su más fiel admirador.
Hay aromas tan intensos
que identifican las cosas buenas
sin ninguna duda,
que son como sus señas de identidad.
Esos aromas que marcan las cosas
como un código de barras,
aromas incapaces de confundir
pues identifican tanto las cosas
que forman parte de tu memoria
para siempre.
El aroma del jardín
cuando despiertas,
cuando el día se reconcilia
con la noche,
o el aroma del primer café
de la mañana,
o ese aroma
que sale de la cocina,
tan inconfundible
y tan intenso,
del aceite en la sartén.
Pero ninguno es tan intenso,
ninguno tan irresistible
como el que desprende
el cuello de un bebé
cuando lo abrazas,
es tan embriagador
que te convierte
en su más adepto protector,
tan seductor
que te hace ser
su más fiel admirador.
martes, 6 de agosto de 2019
39
El uso de la fuerza
es el origen de la maldad.
La más absoluta de todas
es el supremacismo.
La maldad absoluta habita allí,
ya sea en el nacionalismo,
en el machismo
o en el integrismo religioso.
El germen de todos los desastres
que asolaron a los humanos
reside ahí,
en el uso de la fuerza.
Por el contrario,
el respeto al otro
y la tolerancia
son el origen de la bondad.
Las cosas buenas
hicieron que los hombres
trajeran la belleza
de las cosas,
en la música,
en el arte,
también en la poesía.
Seguramente
habrá un lugar en París
donde habiten
las cosas buenas
y un lugar en el infierno
reservado
a la maldad
más absoluta.
El uso de la fuerza
es el origen de la maldad.
La más absoluta de todas
es el supremacismo.
La maldad absoluta habita allí,
ya sea en el nacionalismo,
en el machismo
o en el integrismo religioso.
El germen de todos los desastres
que asolaron a los humanos
reside ahí,
en el uso de la fuerza.
Por el contrario,
el respeto al otro
y la tolerancia
son el origen de la bondad.
Las cosas buenas
hicieron que los hombres
trajeran la belleza
de las cosas,
en la música,
en el arte,
también en la poesía.
Seguramente
habrá un lugar en París
donde habiten
las cosas buenas
y un lugar en el infierno
reservado
a la maldad
más absoluta.
38
Habíamos llegado hasta aquí, gracias a ellos.
En el silencio del museo, estaban todos los
objetos, las puntas de flecha, los molinos
de piedra, las vasijas, los preciosos ajuares
con los frascos que guardaron los perfumes
que sedujeron al guerrero.
Ahora que el aire acondicionado de la confortable
sala exponía aquellos objetos, que nos trajeron
hasta aquí con éxito, ahora que el móvil nos podía
llevar a ver lo que pasaba al otro lado del mundo,
ahora que dormían su sueño, ahora, en el silencio
de la sala se podían escuchar sus risas, sus esperas
su noches frías, sus deseos, su rotundo éxito para
traernos hasta aquí.
Estaban todos los objetos expuestos en la sala,
aquellos que nos habían traído hasta aquí,
pero en algún lugar de la memoria
quedaban sus risas, sus deseos,
en algún lugar de Paris
estaban bien guardados
los perfumes
que embriagaron al guerrero,
aquellas joyas hermosas
que lo sedujeron
hasta entregarse
a los brazos de su amada.
Llegamos hasta aquí,
gracias a ellos.
Habíamos llegado hasta aquí, gracias a ellos.
En el silencio del museo, estaban todos los
objetos, las puntas de flecha, los molinos
de piedra, las vasijas, los preciosos ajuares
con los frascos que guardaron los perfumes
que sedujeron al guerrero.
Ahora que el aire acondicionado de la confortable
sala exponía aquellos objetos, que nos trajeron
hasta aquí con éxito, ahora que el móvil nos podía
llevar a ver lo que pasaba al otro lado del mundo,
ahora que dormían su sueño, ahora, en el silencio
de la sala se podían escuchar sus risas, sus esperas
su noches frías, sus deseos, su rotundo éxito para
traernos hasta aquí.
Estaban todos los objetos expuestos en la sala,
aquellos que nos habían traído hasta aquí,
pero en algún lugar de la memoria
quedaban sus risas, sus deseos,
en algún lugar de Paris
estaban bien guardados
los perfumes
que embriagaron al guerrero,
aquellas joyas hermosas
que lo sedujeron
hasta entregarse
a los brazos de su amada.
Llegamos hasta aquí,
gracias a ellos.
lunes, 5 de agosto de 2019
37
Si la vida languidece tanto,
tanto que parece oscura,
se necesita algo más que vocación
se necesita valor para entenderla,
hace falta algo más que oficio para no entregarse,
para no rendirse a la primera.
Hay días duros como el acero,
días en los que levantarse cuesta
y sin embargo
él siempre está ahí,
detrás de la barra,
desde que sale el sol hasta que la luna se acuesta.
Se le nota el peso de los días,
se le nota la pena
que le va haciendo inclinarse
y es que no existen hombres de acero,
no existen los héroes.
Languidece la vida tanto que a todos nos puede,
pero a él, testigo diario de los que se van yendo,
notario de las ausencias,
a él, lo apena más que a ninguno.
Pasó todos sus días atendiendo detrás de la barra,
pasó todos sus días teniendo la puerta abierta,
siendo el guardián del pueblo.
Ahora lo veo apagarse,
andar envejecido,
como si la vida que se apaga
se lo llevara rendido,
más que entregado,
hundido.
Testigo de las ausencias
me apena su tristeza,
y ese caminar suyo, tan hundido.
Si la vida languidece tanto,
tanto que parece oscura,
se necesita algo más que vocación
se necesita valor para entenderla,
hace falta algo más que oficio para no entregarse,
para no rendirse a la primera.
Hay días duros como el acero,
días en los que levantarse cuesta
y sin embargo
él siempre está ahí,
detrás de la barra,
desde que sale el sol hasta que la luna se acuesta.
Se le nota el peso de los días,
se le nota la pena
que le va haciendo inclinarse
y es que no existen hombres de acero,
no existen los héroes.
Languidece la vida tanto que a todos nos puede,
pero a él, testigo diario de los que se van yendo,
notario de las ausencias,
a él, lo apena más que a ninguno.
Pasó todos sus días atendiendo detrás de la barra,
pasó todos sus días teniendo la puerta abierta,
siendo el guardián del pueblo.
Ahora lo veo apagarse,
andar envejecido,
como si la vida que se apaga
se lo llevara rendido,
más que entregado,
hundido.
Testigo de las ausencias
me apena su tristeza,
y ese caminar suyo, tan hundido.
domingo, 4 de agosto de 2019
36
Cuando te abandonas
a la luz,
te abandonas al sueño.
Tienes que dejar
que caiga la tarde,
entonces
la luz es tan dorada
que solo la sujeta
el fresno,
resulta
tan dorada
que has de abandonarte
al sueño,
a ese
que nunca cae en el olvido,
a ese
que vive
en la diminuta hoja
del fresno,
a esa luz
de la tarde
de verano,
entonces
te abandonas
a la luz y al sueño
porque sabes
que nunca caen en el olvido.
Cuando te abandonas
a la luz,
te abandonas al sueño.
Tienes que dejar
que caiga la tarde,
entonces
la luz es tan dorada
que solo la sujeta
el fresno,
resulta
tan dorada
que has de abandonarte
al sueño,
a ese
que nunca cae en el olvido,
a ese
que vive
en la diminuta hoja
del fresno,
a esa luz
de la tarde
de verano,
entonces
te abandonas
a la luz y al sueño
porque sabes
que nunca caen en el olvido.
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