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Habíamos llegado hasta aquí, gracias a ellos.
En el silencio del museo, estaban todos los
objetos, las puntas de flecha, los molinos
de piedra, las vasijas, los preciosos ajuares
con los frascos que guardaron los perfumes
que sedujeron al guerrero.
Ahora que el aire acondicionado de la confortable
sala exponía aquellos objetos, que nos trajeron
hasta aquí con éxito, ahora que el móvil nos podía
llevar a ver lo que pasaba al otro lado del mundo,
ahora que dormían su sueño, ahora, en el silencio
de la sala se podían escuchar sus risas, sus esperas
su noches frías, sus deseos, su rotundo éxito para
traernos hasta aquí.
Estaban todos los objetos expuestos en la sala,
aquellos que nos habían traído hasta aquí,
pero en algún lugar de la memoria
quedaban sus risas, sus deseos,
en algún lugar de Paris
estaban bien guardados
los perfumes
que embriagaron al guerrero,
aquellas joyas hermosas
que lo sedujeron
hasta entregarse
a los brazos de su amada.
Llegamos hasta aquí,
gracias a ellos.
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