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En el Panteón de los reyes, las pinturas murales
daban idea de la solemnidad del lugar.
Descansaban los restos de los reyes
y quedaban atrás las intrigas de palacio,
pero también, los gestos tan nobles que,
siglos después,
tuvieron un inmenso respeto
por parte de todos.
Un joven rey,
el último,
adolescente y maduro a la vez,
mandó reunir a los nobles,
a la curia
y a los representantes del pueblo
y dijo hermosas palabras,
palabras que quedaron guardadas,
que quedaron escritas:
"se protegerá
a los débiles del reino".
Siglos pasaron, hasta que aquellas palabras,
trajeron los derechos humanos,
trajeron los parlamentos,
las constituciones.
En el Panteón de los reyes,
las pinturas murales guardan el silencio,
guardan el descanso,
guardan la paz y un inmenso respeto
por aquel joven rey
y sus hermosas palabras
y su gesto tan noble.
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