miércoles, 21 de octubre de 2020

VEQUETOCA

        Iba a preparar vequetoca.*

        La vequetoca era una receta ancestral, una deliciosa comida que conectaba directamente con otra que eran los gazpachos.

        El druida se internó en el bosque a buscar guíscanos y setas, pero también a coger unas ramitas de romero. Luego encendió el fuego y puso a hervir el romero con ajos silvestres  unas setas y guíscanos, y añadió aceite y un punto de sal. Cuando todo estaba hirviendo, añadió espinazo de cerdo y una pierna de pollo, finalmente puso judías verdes, zanahorias y una patata. En veinte minutos tuvo listo todo, bien cocido, dispuesto para hacer los platos:

       La vequetoca era sencillo de hacer, bastaba con reservar las verduras cocidas en un plato, luego leañadió algo de carne deshuesada y puso sobre ella tomate frito antes de rallar sobre el plato, queso manchego al romero. Bastaban tres minutos en el microondas y estaba lista la vequetoca.

       El caldo lo reservaba para hacer gazpachos. Ponía en una sartén con aceite un tomate rallado, añadía unas setas, unos dientes de ajo y después de sofreirlo todo añadía el caldo y luego la torta de los gazpachos. Se servían en una fuente amplia mezclados con la carne deshuesada, para poder servirlos cada comensal en su plato. Era aconsejable un vino blanco muy frío para acompañarlos.

       Con suerte el druida saldría airoso de ambos platos.

       Como recompensa siempre estaba reservado un tiempo de descanso, en aquellos tiempos lejanos, le llamaban echar la siesta, y básicamente consistía en meterse entre las sábanas un par de horas para facilitar la digestión mientras tanto.

        *(Verduras-Queso-Tomate-Carne)  

martes, 26 de noviembre de 2019

A VER SI ME EXPLICO

" Gracias compañeros, gracias...
(aplausos)
muchas gracias, voy a ver si me explico...nosotros
somos socialistas...
(aplausos)
 somos socialistas, no nacionalistas...no se si me explico,
algunos son nacionalistas y se hacen pasar por socialistas,
pero no mezclemos, es como el aceite y el agua, no se mezclan
jamás por mucho que lo intenten... no se si me explico...
(silencio)
a ver...dice la constitución que la soberanía reside en el pueblo,
no dice que reside en los territorios, ni en las nacionalidades...
(silencio absoluto)
a ver si me explico...la soberanía es del pueblo, no de las regiones,
ni de la corona, ni de los jueces, no...la soberanía es del pueblo...
no de las regiones, ni de los aspirantes a naciones...no se 
si me explico,
(los supremacistas se levantan indignados y se marchan)
gracias compañeros 
y termino."

jueves, 10 de octubre de 2019

                              2


 El crujido del glaciar hacía temblar de miedo
al delfín, y en los rincones más aislados del desierto,
los últimos cocodrilos del Sahel esperaban el regreso
de la lluvia, esperaban el regreso del bosque al desierto.
 Los científicos trataban de explicar el desastre.
 Algunos apuntaban que hace unos seis mil años, por
el giro inesperado del eje de rotación de la tierra, se
produjo una alteración en el clima que hizo desaparecer
el bosque inmenso y con ello la vida. Afirmaban que
el proceso seguía en marcha y era inevitable el avance
del desierto. Pero, aunque fuera un proceso inevitable
la inclinación del eje de rotación de la Tierra, resultaba
también cierto, que la huella del hombre, la contaminación
de la atmósfera con los gases producidos por los combustibles
fósiles, aceleraba el cambio climático, en un proceso cada
vez más rápido e irremediable.
 Había que poner algo de cordura y parar el desastre.
 Los últimos cocodrilos del desierto,
 atrapados en el Sahel,
 esperaban
 el regreso
 de la lluvia.

EL EJE DE ROTACION

                               1

 El fuerte crujido del hielo, alarmó al delfín.
Un sonido atronador acompañó a la montaña
de hielo que se desmoronó del glaciar y se hundió
en las frías aguas de la ensenada.
 Hacía tiempo que el glaciar iba en retroceso, que 
año tras año disminuía de tamaño. 
 El delfín sabía de sobra que aquello ocurría sin
remedio cada cierto tiempo. Los glaciares retrocedían
y el desierto avanzaba. 
 En remotos lugares, hubo un tiempo, un lejano tiempo,
en el que todo estuvo cubierto por bosques inmensos,
bosques milenarios que albergaban la vida, pero que
la lluvia abandonó sin más. Aquellos bosques se fueron
apagando y desaparecieron. Entonces solo quedó el
abrasador desierto.
 Los más antiguos, contaban historias increíbles.
 Entre los cocodrilos, corría el rumor de aquellos días
lejanos en los que el desierto abrasador, era un bosque
inmenso. Contaban que durante generaciones, a lo largo
de millones y millones de años, los cocodrilos nadaron
en sus ríos enormes, con abundante vida, con cristalinas
aguas, con tanta variedad de árboles y frutos, que parecía
que nunca se agotarían.
 Y sin embargo, en unos miles de años, todo desapareció.

viernes, 4 de octubre de 2019

                              8

 La mujer se levantó y le dijo:
-No, no me he perdido. Nunca me pierdo,
en ningún sitio, ni en los fondos marinos
junto barcos hundidos, ni en el bosque milenario,
siempre estoy donde es preciso.
-¿Quién eres?- le preguntó.
-Soy la ayuda, el auxilio, la mano que conduce
a quién lo necesita.
-¿No te he visto nunca por aquí?
-Sí nos hemos visto antes. Te cogí de la mano hace
mucho, te llevé caminando por la superficie del agua.
Luego te busqué. Tenía que darte algo. Tenía que
entregarte unas palabras escritas que alguien dejó
junto al tejo hace mucho tiempo, cuando no regresaste,
cuando naufragaste en el mar.
-¿De qué me estás hablando?
-Te dejé las palabras escritas que tu mujer guardó
entre lágrimas junto al tejo. Palabras de amor
por tu ausencia infinita. Ahora me iré. Ya he
cumplido.
 Antes de que terminara de hablar había desaparecido.
 En medio del bosque milenario, el viento susurraba
entre los árboles palabras de un tiempo lejano:
"vuelve, vuelve mi amor,
vuelve, vuelve, vuelve"
                              7

 La imagen de aquella mujer junto al tronco 
del tejo milenario, lo dejó desconcertado.
 ¿Era la misma mujer del sueño, la que lo
rescató de los fondos marinos? ¿Era la misma
que llamó a su puerta en medio de la noche y
le entregó aquel sobre? 
 Tenía que encontrar las respuestas.
 Al día siguiente regresó al bosque y fue al lugar
en donde apareció la misteriosa mujer de la foto.
 Allí, al lado del tejo milenario, había estado
sentada en una recogida actitud, como rezando,
como dejando que su mente viajara en el tiempo.
 Estuvo en aquel lugar mucho tiempo, tratando
de ordenar sus ideas, tratando de buscar respuestas
a todas las preguntas que se hacía.
 ¿Habría encontrado allí aquel escrito antiguo,
aquel que le entregó? ¿Si era así, quién lo dejó
allí, quién lo había escrito, a quién iba dirigido?
 Oscurecía cuando decidió regresar a casa.
 Entonces, en un recodo del camino, encontró
de nuevo a aquella mujer. Estaba sentada. Tenía
la misma posición, con las piernas flexionadas,
en una actitud de meditación, como en trance.
 Se dirigió a ella:
-¿Se encuentra bien?-dijo. ¿Necesita ayuda,
se ha perdido?

jueves, 3 de octubre de 2019

                              6

 Encendió el ordenador y conectó la cámara
digital para descargar las fotos que había hecho.
La lluvia había cesado y mientras repasaba las
fotos empezó a sentir que la fiebre le subía
de nuevo. Tomó un antitérmico con un vaso
de leche caliente y encendió el calefactor.
 Repasaba las fotos y ampliaba las zonas más
especiales, para hacer fotos nuevas virtualmente.
 En una de las fotos sobresalía un árbol especial,
un tejo enorme, un árbol singular que destacaba
de los demás. Hizo una ampliación de aquel
árbol que lo atraía poderosamente, bajo la luz 
del atardecer de otoño. 
 Entonces le llamó la atención una imagen 
junto al tronco.
 Amplió aún más la zona y descubrió sorprendido
la imagen de una mujer, sentada junto al tronco.
La imagen era de una gran resolución. Podía
distinguir los cabellos y el rostro de la mujer.
Estaba sentada en el suelo, con las piernas 
flexionadas y los brazos se recogían rodeando
las rodillas. ¿qué hacía allí? ¿quién era?
 Se quedó un buen rato mirando aquella
foto, intrigado y asombrado por la imagen
de aquella mujer, sentada y meditando,
junto al tronco de un tejo imponente 
y majestuoso.