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El crujido del glaciar hacía temblar de miedo
al delfín, y en los rincones más aislados del desierto,
los últimos cocodrilos del Sahel esperaban el regreso
de la lluvia, esperaban el regreso del bosque al desierto.
Los científicos trataban de explicar el desastre.
Algunos apuntaban que hace unos seis mil años, por
el giro inesperado del eje de rotación de la tierra, se
produjo una alteración en el clima que hizo desaparecer
el bosque inmenso y con ello la vida. Afirmaban que
el proceso seguía en marcha y era inevitable el avance
del desierto. Pero, aunque fuera un proceso inevitable
la inclinación del eje de rotación de la Tierra, resultaba
también cierto, que la huella del hombre, la contaminación
de la atmósfera con los gases producidos por los combustibles
fósiles, aceleraba el cambio climático, en un proceso cada
vez más rápido e irremediable.
Había que poner algo de cordura y parar el desastre.
Los últimos cocodrilos del desierto,
atrapados en el Sahel,
esperaban
el regreso
de la lluvia.
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