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Encendió el ordenador y conectó la cámara
digital para descargar las fotos que había hecho.
La lluvia había cesado y mientras repasaba las
fotos empezó a sentir que la fiebre le subía
de nuevo. Tomó un antitérmico con un vaso
de leche caliente y encendió el calefactor.
Repasaba las fotos y ampliaba las zonas más
especiales, para hacer fotos nuevas virtualmente.
En una de las fotos sobresalía un árbol especial,
un tejo enorme, un árbol singular que destacaba
de los demás. Hizo una ampliación de aquel
árbol que lo atraía poderosamente, bajo la luz
del atardecer de otoño.
Entonces le llamó la atención una imagen
junto al tronco.
Amplió aún más la zona y descubrió sorprendido
la imagen de una mujer, sentada junto al tronco.
La imagen era de una gran resolución. Podía
distinguir los cabellos y el rostro de la mujer.
Estaba sentada en el suelo, con las piernas
flexionadas y los brazos se recogían rodeando
las rodillas. ¿qué hacía allí? ¿quién era?
Se quedó un buen rato mirando aquella
foto, intrigado y asombrado por la imagen
de aquella mujer, sentada y meditando,
junto al tronco de un tejo imponente
y majestuoso.
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