jueves, 3 de octubre de 2019

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 Puede que hubiera cogido fiebre al enfriarse
con la lluvia que lo había calado hasta los huesos
y se quedó dormido en el sofá junto a su gato.
 La fiebre lo llevó a tener un sueño pesado, un
sueño intranquilo y profundo, que lo llevó muy
lejos, a bordo de un velero, en una tarde soleada
y pacífica, en un mar azul inmenso. De repente
el viento cambió, se hizo más intenso y el barco
empezó a zozobrar entre las olas...Luego estaba
en los fondos marinos, rodeado de barcos hundidos,
de restos de naufragios, entre delfines y nautilus,
entre caracolas y ánforas antiguas...Una mano
lo agarró con fuerza, una mano que lo llevó a
la superficie, una mujer que lo conducía caminando
sobre el mar:
-Te dejaré en otro sitio. Un lugar desconocido 
y nuevo- le dijo.
 La siguió confiado cogido de su mano.
 Cuando despertó, Naufrago le estaba lamiendo
la nariz y su áspera lengua le hacía cosquillas.
-Vale, cansino, déjame- dijo, incorporándose.

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