35
Te encontré en aquel centro comercial,
y me enseñaste las fotos de tus nietos.
Habían pasado tantos años.
Vivías en Madrid
y solo estabas de paso.
Ahora, cuando arreglo el jardín,
asolado por los estragos del verano
pienso en ti y en las rosas.
Todos los veranos
se marchitan las rosas.
todos los veranos.
Fueron admiradas
las rosas,
recogidas en hermosos ramos,
pero las rosas
que admiramos
una vez,
se marchitaron.
Tú,
sin embargo,
conservas
intactos
los labios.
Todos los veranos
se marchitan las rosas,
pero
a pesar de los años
no se marchitan tus labios,
tus labios,
siguen intactos.
miércoles, 31 de julio de 2019
lunes, 29 de julio de 2019
34
Mientras quede una luz así
y las golondrinas vuelen a ras de tierra,
sabré que está intacta la capacidad de asombro,
la capacidad de emocionarse.
Ya es tarde para doblar el Cabo de Hornos
en un velero en solitario. Ya es tarde para subir
al Annapurna, tarde para dar pedales
y coronar un puerto de primera.
Ya es tarde para retos imposibles.
Pero mientras quede esta luz,
esta luz casi dulce, la que hace rojizo el horizonte
cuando las golondrinas
vuelan a ras de tierra,
mientras quede
capacidad de asombro,
mientras quede la esperanza,
la emoción de estar tan vivo,
sabré
que no es tarde todavía,
que aún no es tarde
para alcanzar
los retos
que importan,
sabré
que se quedará en París
esta luz
casi dulce,
mientras
vuelan golondrinas
a ras de tierra.
Mientras quede una luz así
y las golondrinas vuelen a ras de tierra,
sabré que está intacta la capacidad de asombro,
la capacidad de emocionarse.
Ya es tarde para doblar el Cabo de Hornos
en un velero en solitario. Ya es tarde para subir
al Annapurna, tarde para dar pedales
y coronar un puerto de primera.
Ya es tarde para retos imposibles.
Pero mientras quede esta luz,
esta luz casi dulce, la que hace rojizo el horizonte
cuando las golondrinas
vuelan a ras de tierra,
mientras quede
capacidad de asombro,
mientras quede la esperanza,
la emoción de estar tan vivo,
sabré
que no es tarde todavía,
que aún no es tarde
para alcanzar
los retos
que importan,
sabré
que se quedará en París
esta luz
casi dulce,
mientras
vuelan golondrinas
a ras de tierra.
domingo, 28 de julio de 2019
33
Siempre vuelvo
al mar.
Siempre vuelvo
a los bosques inmensos
que en el horizonte
llegan hasta el cielo.
Ya sé
que el fresno espera
que regrese el mar
que perdió sus aguas
para siempre,
ya sé
que nos quedará París,
pero yo
siempre vuelvo
a ese mar
que perdió
sus aguas
para siempre,
siempre vuelvo
a ese mar
y a sus bosques
inmensos.
Siempre vuelvo
al mar.
Siempre vuelvo
a los bosques inmensos
que en el horizonte
llegan hasta el cielo.
Ya sé
que el fresno espera
que regrese el mar
que perdió sus aguas
para siempre,
ya sé
que nos quedará París,
pero yo
siempre vuelvo
a ese mar
que perdió
sus aguas
para siempre,
siempre vuelvo
a ese mar
y a sus bosques
inmensos.
martes, 23 de julio de 2019
32
Hay lugares que son de otro mundo,
lugares que hacen éste más humano,
lugares que tienen otra atmósfera,
que hacen que merezca la pena buscarlos.
Pongamos que es de noche y cae una fina lluvia.
Pongamos que hay que perderse por calles estrechas
para poder llegar hasta allí.
Luego cuando llegas, has de bajar hasta un sótano
por una escalera milenaria,
en una ciudad milenaria,
allí, al lado de un río.
Merece la pena llegar hasta allí,
pero eso solo es el principio,
buscas un rincón apartado
cuando empieza a sonar el contrabajo,
luego se une el saxo, después la guitarra,
y la batería pone las cosas en su sitio,
entonces sabes que ha merecido la pena
llegar hasta allí,
sabes que merece la pena estar tan vivo,
sabes que todo lo que pasó,
quedó atrás,
que no puedes hacer otra cosa
que dejarte arrastrar por la emoción,
por la nostalgia.
Y es que hay lugares
que son de este mundo
lugares tan humanos
que te llevan
por sitios tan remotos,
que mereció la pena
guardarlos en la memoria,
que mereció la pena
vivirlos.
Hay lugares que son de otro mundo,
lugares que hacen éste más humano,
lugares que tienen otra atmósfera,
que hacen que merezca la pena buscarlos.
Pongamos que es de noche y cae una fina lluvia.
Pongamos que hay que perderse por calles estrechas
para poder llegar hasta allí.
Luego cuando llegas, has de bajar hasta un sótano
por una escalera milenaria,
en una ciudad milenaria,
allí, al lado de un río.
Merece la pena llegar hasta allí,
pero eso solo es el principio,
buscas un rincón apartado
cuando empieza a sonar el contrabajo,
luego se une el saxo, después la guitarra,
y la batería pone las cosas en su sitio,
entonces sabes que ha merecido la pena
llegar hasta allí,
sabes que merece la pena estar tan vivo,
sabes que todo lo que pasó,
quedó atrás,
que no puedes hacer otra cosa
que dejarte arrastrar por la emoción,
por la nostalgia.
Y es que hay lugares
que son de este mundo
lugares tan humanos
que te llevan
por sitios tan remotos,
que mereció la pena
guardarlos en la memoria,
que mereció la pena
vivirlos.
domingo, 21 de julio de 2019
31
Siempre iluminó la noche, siempre puso luz
en las horas más oscuras.
La Luna trajo las mareas, arrastró el corazón,
se lo llevó de las tinieblas y lo puso a salvo.
Sin ella no hubiera existido la otra hora,
la que llena la noche, la hora del poeta,
la hora de las brujas, la del misterio
y la nostalgia.
La Luna trajo las mareas
se llevó el corazón,
y lo arrastró mar adentro,
iluminó la noche,
y puso luz en las tinieblas.
Siempre estuvo ahí
para ser admirada,
para hacerle
todas las preguntas.
Sin ella,
la noche
habría sido
más oscura,
el corazón
no habría rodado
nunca
hacia mares revueltos
de la mano
de un poeta.
Siempre
nos quedará su luz
cuando nos abracen
las tinieblas.
Siempre iluminó la noche, siempre puso luz
en las horas más oscuras.
La Luna trajo las mareas, arrastró el corazón,
se lo llevó de las tinieblas y lo puso a salvo.
Sin ella no hubiera existido la otra hora,
la que llena la noche, la hora del poeta,
la hora de las brujas, la del misterio
y la nostalgia.
La Luna trajo las mareas
se llevó el corazón,
y lo arrastró mar adentro,
iluminó la noche,
y puso luz en las tinieblas.
Siempre estuvo ahí
para ser admirada,
para hacerle
todas las preguntas.
Sin ella,
la noche
habría sido
más oscura,
el corazón
no habría rodado
nunca
hacia mares revueltos
de la mano
de un poeta.
Siempre
nos quedará su luz
cuando nos abracen
las tinieblas.
viernes, 19 de julio de 2019
30
No escuché nunca historias tan bellas,
relatos tan tiernos, cuentos tan fantásticos
como en aquellas noches, aquellas en las que,
dormido en tus brazos, allí junto al fuego,
me contaste hace años.
Me alegro que corrieras tanto.
Me alegro que la suerte estuviera a tu lado,
cuando corrías asustado, cuando librabas
las balas con tanta fortuna.
¡Qué suerte la mía, que corrieras tanto!
¡Qué suerte que libraras las balas
y llegaras al Ebro,
siempre corriendo, siempre asustado!
¡Qué suerte que cruzaras a Francia
y te pusieras a salvo,
qué suerte que la fortuna
estuviera siempre a tu lado!
Tenías que cruzar el Ebro,
seguir siempre corriendo,
siempre asustado.
Tenías que llegar a Francia
para estar a salvo.
Tenías que hacerlo así,
tenías que lograrlo
porque de otra forma
nunca
podría haber escuchado,
historias tan hermosas
ni relatos tan tiernos
como cuando estuve en tus brazos
allí junto al fuego.
No escuché nunca historias tan bellas,
relatos tan tiernos, cuentos tan fantásticos
como en aquellas noches, aquellas en las que,
dormido en tus brazos, allí junto al fuego,
me contaste hace años.
Me alegro que corrieras tanto.
Me alegro que la suerte estuviera a tu lado,
cuando corrías asustado, cuando librabas
las balas con tanta fortuna.
¡Qué suerte la mía, que corrieras tanto!
¡Qué suerte que libraras las balas
y llegaras al Ebro,
siempre corriendo, siempre asustado!
¡Qué suerte que cruzaras a Francia
y te pusieras a salvo,
qué suerte que la fortuna
estuviera siempre a tu lado!
Tenías que cruzar el Ebro,
seguir siempre corriendo,
siempre asustado.
Tenías que llegar a Francia
para estar a salvo.
Tenías que hacerlo así,
tenías que lograrlo
porque de otra forma
nunca
podría haber escuchado,
historias tan hermosas
ni relatos tan tiernos
como cuando estuve en tus brazos
allí junto al fuego.
jueves, 18 de julio de 2019
29
-Muchas gracias. Ha sido muy amable conmigo.
Era una de esas noches de invierno,
una de calles desiertas, aceras heladas,
semáforos cambiando
y farolas que alumbran el silencio.
No recuerdo tu nombre, ni si tu vida cambió
esa noche, pero entendí enseguida
que en una noche así, una noche desierta y helada,
necesitabas acudir a Urgencias de Hospital,
necesitabas encontrar un poco de alivio
que llevarte a la boca
en mitad de la noche.
¿Qué más se puede hacer a esa hora?
¿Qué otra cosa se puede hacer
sino ser amable
con alguien
que necesita alivio
en una noche tan fría?
No recuerdo tu nombre
hermosa muchacha
que viniste
una noche de invierno
buscando un poco de alivio,
-espero que lo encontraras-,
no recuerdo tu nombre,
pero
si guardo el recuerdo
de tu gesto tan noble
al darme las gracias
antes de marcharte.
-Muchas gracias. Ha sido muy amable conmigo.
Era una de esas noches de invierno,
una de calles desiertas, aceras heladas,
semáforos cambiando
y farolas que alumbran el silencio.
No recuerdo tu nombre, ni si tu vida cambió
esa noche, pero entendí enseguida
que en una noche así, una noche desierta y helada,
necesitabas acudir a Urgencias de Hospital,
necesitabas encontrar un poco de alivio
que llevarte a la boca
en mitad de la noche.
¿Qué más se puede hacer a esa hora?
¿Qué otra cosa se puede hacer
sino ser amable
con alguien
que necesita alivio
en una noche tan fría?
No recuerdo tu nombre
hermosa muchacha
que viniste
una noche de invierno
buscando un poco de alivio,
-espero que lo encontraras-,
no recuerdo tu nombre,
pero
si guardo el recuerdo
de tu gesto tan noble
al darme las gracias
antes de marcharte.
martes, 16 de julio de 2019
28
Frente a la biblioteca de Celsio, recordé los versos:
"manifiestos, escritos, comentarios, discursos...
que dolor de papeles que ha de borrar el tiempo,
que tristeza de tinta que ha de borrar el agua..."
La tarde no podía ser más dorada en Efeso
y el viento de las encinas, trajo hasta allí
aquella lejana tarde en Alejandría,
cuando el fuego devoraba su hermosa biblioteca
y sin pensarlo dos veces, entró en ella Despierto
para rescatar las pieles que pintó Deseada.
Las llamas lo cercaron
y entre el fuego
llegó la Escondida
con un cuenco en las manos:
"bebe, amigo, bebe"- le dijo.
Luego lo llevó
por un rayo de luna
hasta el reino de los muertos.
Toda la noche
aullaron los lobos.
Frente a la biblioteca de Celsio, recordé los versos:
"manifiestos, escritos, comentarios, discursos...
que dolor de papeles que ha de borrar el tiempo,
que tristeza de tinta que ha de borrar el agua..."
La tarde no podía ser más dorada en Efeso
y el viento de las encinas, trajo hasta allí
aquella lejana tarde en Alejandría,
cuando el fuego devoraba su hermosa biblioteca
y sin pensarlo dos veces, entró en ella Despierto
para rescatar las pieles que pintó Deseada.
Las llamas lo cercaron
y entre el fuego
llegó la Escondida
con un cuenco en las manos:
"bebe, amigo, bebe"- le dijo.
Luego lo llevó
por un rayo de luna
hasta el reino de los muertos.
Toda la noche
aullaron los lobos.
27
En la Montaña de Algodón, el aire de la tarde
traía todo el fuego del sol. Las chicharras cantaban
su canción de amor por las encinas y los labios
estaban agrietados de tan sedientos.
La belleza del azul turquesa del agua entre las
piscinas naturales, blancas, caprichosas,
que descendían precipitándose ladera abajo,
solo podía compararse con el buen gusto, de aquellos
que buscaron un lugar tan hermoso, en el ocaso
de sus vidas. El placer de decir adiós a las
tardes doradas, entre el agua que se precipitaba
caprichosa, formando piscinas naturales, tan blancas
como la montaña de algodón, hablaba de ellos.
Oirían el canto de amor de las chicharras
en el ocaso de sus vidas y el sonido del agua
precipitándose por la montaña de algodón.
No sabían entonces
que su buen gusto,
su amable decisión
de abandonar
las tardes doradas
para siempre,
en aquel hermoso lugar,
quedaría guardado
en París
como un tesoro
con todas
las cosas buenas
que una vez vivieron.
En la Montaña de Algodón, el aire de la tarde
traía todo el fuego del sol. Las chicharras cantaban
su canción de amor por las encinas y los labios
estaban agrietados de tan sedientos.
La belleza del azul turquesa del agua entre las
piscinas naturales, blancas, caprichosas,
que descendían precipitándose ladera abajo,
solo podía compararse con el buen gusto, de aquellos
que buscaron un lugar tan hermoso, en el ocaso
de sus vidas. El placer de decir adiós a las
tardes doradas, entre el agua que se precipitaba
caprichosa, formando piscinas naturales, tan blancas
como la montaña de algodón, hablaba de ellos.
Oirían el canto de amor de las chicharras
en el ocaso de sus vidas y el sonido del agua
precipitándose por la montaña de algodón.
No sabían entonces
que su buen gusto,
su amable decisión
de abandonar
las tardes doradas
para siempre,
en aquel hermoso lugar,
quedaría guardado
en París
como un tesoro
con todas
las cosas buenas
que una vez vivieron.
domingo, 14 de julio de 2019
26
Lleva tanta ternura en sus notas,
tanto desgarro
que es imposible dejar de escucharlo.
El fado va siempre descalzo,
como para andar por casa,
porque cuenta historias reales,
historias de desamor
y hay que tener sangre en las venas
para aguantar toda la emoción
que se agolpa en los labios.
El fado te envuelve el corazón
y lo lleva a bordo de un velero,
lo deja allí,
en manos del viento,
o lo lleva junto al mar
y lo deja tirado en la arena,
lo deja a la intemperie
para que la luna
vista de plata
cualquier noche
y alguien
se lo encuentre.
Nos quedará
siempre un fado
cuando todo se acabe,
un fado humilde
y descalzo
cuando Lisboa
se eche junto al Sena
como si fuera París.
Lleva tanta ternura en sus notas,
tanto desgarro
que es imposible dejar de escucharlo.
El fado va siempre descalzo,
como para andar por casa,
porque cuenta historias reales,
historias de desamor
y hay que tener sangre en las venas
para aguantar toda la emoción
que se agolpa en los labios.
El fado te envuelve el corazón
y lo lleva a bordo de un velero,
lo deja allí,
en manos del viento,
o lo lleva junto al mar
y lo deja tirado en la arena,
lo deja a la intemperie
para que la luna
vista de plata
cualquier noche
y alguien
se lo encuentre.
Nos quedará
siempre un fado
cuando todo se acabe,
un fado humilde
y descalzo
cuando Lisboa
se eche junto al Sena
como si fuera París.
25
El tímido sol se filtraba por la ventana sin ningún
sentido. La luz del atardecer pretendía dar vida
al interior de la casa derruida, cuando las chicharras
habían dejado de cantar.
El sol se empeñaba aquella tarde de verano en dar
luz al interior, pero ya no hacía falta, hacía tiempo
que el tejado se había hundido y la casa estaba
a cielo abierto, desprotegida, abandonada para siempre.
Pero desde dentro, a través de la ventana de aquella
pared que quedaba en pié, el inmenso bosque que se
extendía hasta el horizonte, llegaba a tocar el cielo.
Hacía tiempo que las chicharras dejaron de cantar,
pero aquella ventana seguía en pié, seguía esperando
en vano que el sol pasara al interior para dar vida,
aunque ya no hacía falta, ya no quedaba nadie,
ni nadie se asomaba a contemplar desde allí,
el hermoso espectáculo de un bosque tan inmenso
que en el horizonte llegaba a tocar el cielo.
Los bosques inmensos se extendían hasta el horizonte
para tocar el cielo, cuando las chicharras
habían dejado de cantar hacía tiempo
y el tímido sol de la tarde
se colaba por la ventana
para dar vida.
Puede que la ventana lo supiera,
puede
que no fuera en vano
su gesto tan hermoso,
que se quedara grabado
para siempre,
para
cuando todo termine
y solo nos quede París.
El tímido sol se filtraba por la ventana sin ningún
sentido. La luz del atardecer pretendía dar vida
al interior de la casa derruida, cuando las chicharras
habían dejado de cantar.
El sol se empeñaba aquella tarde de verano en dar
luz al interior, pero ya no hacía falta, hacía tiempo
que el tejado se había hundido y la casa estaba
a cielo abierto, desprotegida, abandonada para siempre.
Pero desde dentro, a través de la ventana de aquella
pared que quedaba en pié, el inmenso bosque que se
extendía hasta el horizonte, llegaba a tocar el cielo.
Hacía tiempo que las chicharras dejaron de cantar,
pero aquella ventana seguía en pié, seguía esperando
en vano que el sol pasara al interior para dar vida,
aunque ya no hacía falta, ya no quedaba nadie,
ni nadie se asomaba a contemplar desde allí,
el hermoso espectáculo de un bosque tan inmenso
que en el horizonte llegaba a tocar el cielo.
Los bosques inmensos se extendían hasta el horizonte
para tocar el cielo, cuando las chicharras
habían dejado de cantar hacía tiempo
y el tímido sol de la tarde
se colaba por la ventana
para dar vida.
Puede que la ventana lo supiera,
puede
que no fuera en vano
su gesto tan hermoso,
que se quedara grabado
para siempre,
para
cuando todo termine
y solo nos quede París.
jueves, 11 de julio de 2019
24
"Ocurren cosas a menudo
que soportan todo el peso del Universo,
- aún no lo sabes, es verdad,
pero lo sabrás con el tiempo-
porque verás, ocurre que el peso del Universo
es tan grande que las posibilidades de moverlo
son escasas, improbables, casi nulas.
Pero -déjame explicarlo- ocurren cosas a menudo,
que hacen insignificante su peso,
lo hacen tan pequeño, que es posible moverlo
si hay un lugar donde agarrarse,
un lugar como tu mano.
Tu pequeña mano,
tu mano infantil coge la mía
para jugar en el pasillo,
me lleva con firmeza
a jugar con el balón y haces de portero,
te tumbas en el suelo y ríes satisfecho.
Luego, cuando llega la hora de marcharte,
cuando te vas a ir,
me coges con firmeza,
para no dejarme solo,
para llevarme contigo,
entonces
tu mano infantil
soporta el Universo entero,
me coges con tanta firmeza
para no dejarme solo
que puede que aún no lo sepas,
que lo descubrirás con el tiempo
que hay cosas como esa, cosas así,
capaces de soportar
todo el peso del Universo".
"Ocurren cosas a menudo
que soportan todo el peso del Universo,
- aún no lo sabes, es verdad,
pero lo sabrás con el tiempo-
porque verás, ocurre que el peso del Universo
es tan grande que las posibilidades de moverlo
son escasas, improbables, casi nulas.
Pero -déjame explicarlo- ocurren cosas a menudo,
que hacen insignificante su peso,
lo hacen tan pequeño, que es posible moverlo
si hay un lugar donde agarrarse,
un lugar como tu mano.
Tu pequeña mano,
tu mano infantil coge la mía
para jugar en el pasillo,
me lleva con firmeza
a jugar con el balón y haces de portero,
te tumbas en el suelo y ríes satisfecho.
Luego, cuando llega la hora de marcharte,
cuando te vas a ir,
me coges con firmeza,
para no dejarme solo,
para llevarme contigo,
entonces
tu mano infantil
soporta el Universo entero,
me coges con tanta firmeza
para no dejarme solo
que puede que aún no lo sepas,
que lo descubrirás con el tiempo
que hay cosas como esa, cosas así,
capaces de soportar
todo el peso del Universo".
lunes, 8 de julio de 2019
23
Vivir en la ladera del volcán.
Vivir, mientras duerme
en su interior un gigante,
mientras
no despierte el fuego abrasador,
mientras
la pendiente de vértigo
se precipita
hasta el mar salvaje.
Vivir así despierta el instinto,
te hace sentir la vida
como un torrente.
Vivir a los pies del Taburiente
te hace más fuerte.
Los bosques se abarrotan
en pendientes de vértigo
y el océano salvaje
rompe contra las rocas.
Nada puedes hacer
entonces,
nada,
cuando contemplas
poderosas fuerzas
de agua y fuego,
nada puedes hacer
salvo
vivir al límite.
Vivir en la ladera del volcán.
Vivir, mientras duerme
en su interior un gigante,
mientras
no despierte el fuego abrasador,
mientras
la pendiente de vértigo
se precipita
hasta el mar salvaje.
Vivir así despierta el instinto,
te hace sentir la vida
como un torrente.
Vivir a los pies del Taburiente
te hace más fuerte.
Los bosques se abarrotan
en pendientes de vértigo
y el océano salvaje
rompe contra las rocas.
Nada puedes hacer
entonces,
nada,
cuando contemplas
poderosas fuerzas
de agua y fuego,
nada puedes hacer
salvo
vivir al límite.
22
Era su mirada
asomándose
al caer
rendido en los brazos
cuando se iba la tarde,
apenas sobresalía su nariz,
apenas sus ojos
del hombro
que lo llevaba abrazado.
Su mirada infantil se alejaba,
se iba con los pasos,
se iba con la tarde,
dejaban atrás las casas,
atrás los árboles,
los pájaros,
todo lo que se alejaba
mientras
avanzaban sus pasos.
Sobresalía su mirada infantil
y el mundo era hermoso
a través
de sus ojos cansados.
¿Que piensan los niños
que van en los brazos?
¿Guarda su mirada
el mundo que se aleja
cuando avanzan los pasos?
Debe de existir
un lugar especial
en donde guardar
la mirada infantil
que mira este mundo
y se aleja en los brazos
cuando está cansado.
Era su mirada
asomándose
al caer
rendido en los brazos
cuando se iba la tarde,
apenas sobresalía su nariz,
apenas sus ojos
del hombro
que lo llevaba abrazado.
Su mirada infantil se alejaba,
se iba con los pasos,
se iba con la tarde,
dejaban atrás las casas,
atrás los árboles,
los pájaros,
todo lo que se alejaba
mientras
avanzaban sus pasos.
Sobresalía su mirada infantil
y el mundo era hermoso
a través
de sus ojos cansados.
¿Que piensan los niños
que van en los brazos?
¿Guarda su mirada
el mundo que se aleja
cuando avanzan los pasos?
Debe de existir
un lugar especial
en donde guardar
la mirada infantil
que mira este mundo
y se aleja en los brazos
cuando está cansado.
domingo, 7 de julio de 2019
21
Hay un pájaro oscuro que acecha al descuido,
un pájaro negro, como la noche, que acecha
para llevarse los recuerdos que quedan al descuido.
No sabe que están bien guardados,
que están a buen recaudo, fuera de su alcance,
para evitar su robo miserable.
No sabe que el mar tiene un brillo de plata
esta noche, un brillo de rayos de luna,
como la plata, no sabe
que tu brazo
rodea mi cintura
y me tiene a buen recaudo,
no sabe que tus labios saben a cereza
esta noche
cuando el mar esta en calma,
no sabe
que no puede hacer nada
ese triste pájaro oscuro
que acecha
para robar los recuerdos,
nada puede hacer
si tu brazo
rodea
mi cintura
con firmeza
y tus labios
saben a cereza.
Hay un pájaro oscuro que acecha al descuido,
un pájaro negro, como la noche, que acecha
para llevarse los recuerdos que quedan al descuido.
No sabe que están bien guardados,
que están a buen recaudo, fuera de su alcance,
para evitar su robo miserable.
No sabe que el mar tiene un brillo de plata
esta noche, un brillo de rayos de luna,
como la plata, no sabe
que tu brazo
rodea mi cintura
y me tiene a buen recaudo,
no sabe que tus labios saben a cereza
esta noche
cuando el mar esta en calma,
no sabe
que no puede hacer nada
ese triste pájaro oscuro
que acecha
para robar los recuerdos,
nada puede hacer
si tu brazo
rodea
mi cintura
con firmeza
y tus labios
saben a cereza.
20
Hace que sea otoño, esta tarde de julio.
Sin venir a cuento, el cielo se hizo gris, casi negro,
y de repente despertó el viento entre los pinos.
Se hizo otoño en julio y se dejó caer el cielo,
se dejó caer sobre nosotros, nos trajo la lluvia
y las calles se inundaron, se formaron ríos
que arrastraron el polvo y el calor
y dejaron el aire limpio.
También era otoño aquella tarde de julio.
Los cabellos blancos estaban tendidos en el sillón
y el aire mecía los visillos en la plácida siesta,
justo al lado de la puerta, el bastón esperaba
para dar el paseo, pero el cielo se hizo gris,
casi negro, y el viento
agitó las ramas del fresno,
la lluvia anegó el jardín,
convirtiéndolo en un mar tan inestable
que hasta las sirenas
podían naufragar.
No pudimos
pasear
aquella tarde de julio
que se hizo otoño,
no pudimos pasear
pero nos quedarán
para siempre
en la memoria
esas tardes de julio
que, de repente,
se hicieron otoño.
Hace que sea otoño, esta tarde de julio.
Sin venir a cuento, el cielo se hizo gris, casi negro,
y de repente despertó el viento entre los pinos.
Se hizo otoño en julio y se dejó caer el cielo,
se dejó caer sobre nosotros, nos trajo la lluvia
y las calles se inundaron, se formaron ríos
que arrastraron el polvo y el calor
y dejaron el aire limpio.
También era otoño aquella tarde de julio.
Los cabellos blancos estaban tendidos en el sillón
y el aire mecía los visillos en la plácida siesta,
justo al lado de la puerta, el bastón esperaba
para dar el paseo, pero el cielo se hizo gris,
casi negro, y el viento
agitó las ramas del fresno,
la lluvia anegó el jardín,
convirtiéndolo en un mar tan inestable
que hasta las sirenas
podían naufragar.
No pudimos
pasear
aquella tarde de julio
que se hizo otoño,
no pudimos pasear
pero nos quedarán
para siempre
en la memoria
esas tardes de julio
que, de repente,
se hicieron otoño.
sábado, 6 de julio de 2019
19
Su velocidad punta no superaba el kilómetro
por hora, pero eso era lo de menos, lo que importaba,
lo realmente importante era el empeño en fugarse.
Su madre lo seguía a distancia diciendo: " que te cojo,
que te pillo..." y el pequeño, con cara de velocidad,
seguía el juego entre risas.
Aquella tarde, el sol se echaba a dormir entre nubes
rojas, y el viento se despertaba
entre los árboles del parque.
Pero eso era lo de menos, lo realmente importante
era fugarse, salir corriendo
y escaparse de su madre.
Hay sitios especiales en París ´
para guardar esos momentos,
esos, en los que, lo que menos importa
es no alcanzar ni un kilómetro por hora,
lo que menos importa
es que el horizonte rojizo
espere hasta que el sol se eche,
porque lo realmente importante
es jugar a escaparse
corriendo entre risas,
es
sentir el viento
que despierta
en los árboles
del parque.
Su velocidad punta no superaba el kilómetro
por hora, pero eso era lo de menos, lo que importaba,
lo realmente importante era el empeño en fugarse.
Su madre lo seguía a distancia diciendo: " que te cojo,
que te pillo..." y el pequeño, con cara de velocidad,
seguía el juego entre risas.
Aquella tarde, el sol se echaba a dormir entre nubes
rojas, y el viento se despertaba
entre los árboles del parque.
Pero eso era lo de menos, lo realmente importante
era fugarse, salir corriendo
y escaparse de su madre.
Hay sitios especiales en París ´
para guardar esos momentos,
esos, en los que, lo que menos importa
es no alcanzar ni un kilómetro por hora,
lo que menos importa
es que el horizonte rojizo
espere hasta que el sol se eche,
porque lo realmente importante
es jugar a escaparse
corriendo entre risas,
es
sentir el viento
que despierta
en los árboles
del parque.
18
A través de la ventana, oculto tras los visillos,
podía observar el espectáculo de los gatos,
persiguiéndose unos a otros, a intervalos.
Habían nacido en primavera y tenían su morada
oculta en la celinda, se arriesgaban a salir a
explorar solo de vez en cuando, y si estaba todo
a su gusto comenzaban los juegos.
La tarde era dorada en el jardín. El viento mecía
las hojas del fresno y el más atrevido de todos los
gatos se empeñaba en subir por el tronco, trepaba
las primeras ramas y desde allí miraba con orgullo
al resto de la camada. Pero su curiosidad no tenía
limites y arriesgaba al máximo con su temeridad.
Una de las ramas del fresno, sobresalía hasta cruzar
la torre del tendido eléctrico, y en su arriesgada
maniobra de explorador, resbaló en el metal y
cayó al fondo de la torre. Los maullidos de pánico
al verse aislado y sin salida alarmaron a toda la
camada que impotentes ante el dramático desenlace,
trataban de auxiliarlo.
La tarde dorada se hizo gris entonces.
Puede que se guarde en París el desenlace,
puede que se guarde seguro.
Fuera porque merecía la pena, por ayudarle,
por lo que ataron aquellas ramas, mis hijos,
y las metieron en el fondo de la torre eléctrica.
No recuerdo nada tan agradable como su rostro
al verlo aparecer trepando, al verlo a salvo.
Había escalado por las ramas que pusieron a su
alcance y salió de su fatal encierro,
tembloroso y satisfecho
para reunirse
con el resto.
A través de la ventana, oculto tras los visillos,
podía observar el espectáculo de los gatos,
persiguiéndose unos a otros, a intervalos.
Habían nacido en primavera y tenían su morada
oculta en la celinda, se arriesgaban a salir a
explorar solo de vez en cuando, y si estaba todo
a su gusto comenzaban los juegos.
La tarde era dorada en el jardín. El viento mecía
las hojas del fresno y el más atrevido de todos los
gatos se empeñaba en subir por el tronco, trepaba
las primeras ramas y desde allí miraba con orgullo
al resto de la camada. Pero su curiosidad no tenía
limites y arriesgaba al máximo con su temeridad.
Una de las ramas del fresno, sobresalía hasta cruzar
la torre del tendido eléctrico, y en su arriesgada
maniobra de explorador, resbaló en el metal y
cayó al fondo de la torre. Los maullidos de pánico
al verse aislado y sin salida alarmaron a toda la
camada que impotentes ante el dramático desenlace,
trataban de auxiliarlo.
La tarde dorada se hizo gris entonces.
Puede que se guarde en París el desenlace,
puede que se guarde seguro.
Fuera porque merecía la pena, por ayudarle,
por lo que ataron aquellas ramas, mis hijos,
y las metieron en el fondo de la torre eléctrica.
No recuerdo nada tan agradable como su rostro
al verlo aparecer trepando, al verlo a salvo.
Había escalado por las ramas que pusieron a su
alcance y salió de su fatal encierro,
tembloroso y satisfecho
para reunirse
con el resto.
miércoles, 3 de julio de 2019
17
"Cántanos otra vez esa canción, Diana.
Cántanos esa canción que habla de hojas de otoño,
de esas hojas que estuvieron verdes una vez,
esas que meció el viento, esas que eran tan verdes
que poblaron las ramas del fresno
y nos dieron su sombra cada tarde de verano.
Háblanos otra vez, Diana, de esas hojas de otoño,
porque nos quedará París. Dinos que fue verdad,
dinos que fueron verdes una vez,
dinos que mereció la pena su sombra cada verano.
Cántanos otra vez autum leaves.
Puede que tu voz de seda haga el milagro,
puede que vuelvan las olas de ese mar
que perdió sus aguas para siempre,
puede que vuelvan las olas
y oigamos sus risas
de nuevo junto al mar
y que en la arena
aparezcan sus huellas,
puede que oigamos sus risas
otra vez, si tú nos cantas,
y que entonces sea verdad
que mereció la pena
soñar con ellas,
soñar con Deseada,
soñar con Luma,
soñar con Africa".
"Cántanos otra vez esa canción, Diana.
Cántanos esa canción que habla de hojas de otoño,
de esas hojas que estuvieron verdes una vez,
esas que meció el viento, esas que eran tan verdes
que poblaron las ramas del fresno
y nos dieron su sombra cada tarde de verano.
Háblanos otra vez, Diana, de esas hojas de otoño,
porque nos quedará París. Dinos que fue verdad,
dinos que fueron verdes una vez,
dinos que mereció la pena su sombra cada verano.
Cántanos otra vez autum leaves.
Puede que tu voz de seda haga el milagro,
puede que vuelvan las olas de ese mar
que perdió sus aguas para siempre,
puede que vuelvan las olas
y oigamos sus risas
de nuevo junto al mar
y que en la arena
aparezcan sus huellas,
puede que oigamos sus risas
otra vez, si tú nos cantas,
y que entonces sea verdad
que mereció la pena
soñar con ellas,
soñar con Deseada,
soñar con Luma,
soñar con Africa".
lunes, 1 de julio de 2019
16
Dar pedales y llegar al límite del esfuerzo,
dar pedales con el corazón latiendo al límite,
subiendo la cuesta, a los sesenta,
hasta llegar arriba.
Dar pedales a los sesenta, cuando en el fondo
del barranco se escucha el motor de un coche
mientras,
el sudor empapa la frente
y escuecen los ojos.
Dar pedales sin descanso, a los sesenta.
Luego llega la tregua,
la bicicleta queda en el trastero
y llega la paz, llega la tregua.
Los años del esfuerzo al límite
terminan
cuando llega la paz,
cuando llega la tregua.
El polvo y el óxido
cubrirán los pedales
y llegarán tiempos de ocio.
Polvo y óxido
cubrirán los pedales
en una tregua pacífica,
un tiempo
que dejó atrás
el esfuerzo al límite,
un tiempo
de paz merecida,
porque mereció
la pena el esfuerzo,
también
merece la pena
esta tregua merecida.
Dar pedales y llegar al límite del esfuerzo,
dar pedales con el corazón latiendo al límite,
subiendo la cuesta, a los sesenta,
hasta llegar arriba.
Dar pedales a los sesenta, cuando en el fondo
del barranco se escucha el motor de un coche
mientras,
el sudor empapa la frente
y escuecen los ojos.
Dar pedales sin descanso, a los sesenta.
Luego llega la tregua,
la bicicleta queda en el trastero
y llega la paz, llega la tregua.
Los años del esfuerzo al límite
terminan
cuando llega la paz,
cuando llega la tregua.
El polvo y el óxido
cubrirán los pedales
y llegarán tiempos de ocio.
Polvo y óxido
cubrirán los pedales
en una tregua pacífica,
un tiempo
que dejó atrás
el esfuerzo al límite,
un tiempo
de paz merecida,
porque mereció
la pena el esfuerzo,
también
merece la pena
esta tregua merecida.
15
-"Café au lait".
París y veinte años.
"Café au lait" en París, con veinte años y una buhardilla
y un aseo comunitario. ¿Se puede pedir más, Aznavour?
Si tienes veinte años y una buhardilla en París
y croissant con café au lait, ¿que más se puede pedir?
Luego están los Campos Elíseos, le Sacre Coeur,
el Louvre, Notre Damme...¡Que se le va a hacer!,
pero sólo tú lo sabes, Aznavour,
veinte años
y una buhardilla en París
con aseo comunitario.
No hace falta que lo expliques,
puedes cantarlo más alto,
cantarla otra vez:
"la Boheme",
si quieres, Aznavour,
pero todo está ya,
tan claro.
Cuando todo termine
y se pierdan los recuerdos,
siempre quedará
el Barrio Latino
y la Concorde,
y la boheme,
cuando paseaste por allí
y tuviste
veinte años.
-"Café au lait".
París y veinte años.
"Café au lait" en París, con veinte años y una buhardilla
y un aseo comunitario. ¿Se puede pedir más, Aznavour?
Si tienes veinte años y una buhardilla en París
y croissant con café au lait, ¿que más se puede pedir?
Luego están los Campos Elíseos, le Sacre Coeur,
el Louvre, Notre Damme...¡Que se le va a hacer!,
pero sólo tú lo sabes, Aznavour,
veinte años
y una buhardilla en París
con aseo comunitario.
No hace falta que lo expliques,
puedes cantarlo más alto,
cantarla otra vez:
"la Boheme",
si quieres, Aznavour,
pero todo está ya,
tan claro.
Cuando todo termine
y se pierdan los recuerdos,
siempre quedará
el Barrio Latino
y la Concorde,
y la boheme,
cuando paseaste por allí
y tuviste
veinte años.
14
"Querido Frodo, sigue tu camino al Monte del Destino
pero no olvides nunca de volver tus pasos, no te olvides
nunca del regreso, amigo. Sigue tu camino al Monte
del Destino, pero cuando llegues, piensa en el regreso.
Y es que hay lugares que esperan, lugares que son
tan hermosos que esperan tu vuelta.
Hay lugares con bosques tan inmensos
que en el horizonte llegan hasta el cielo,
lugares remotos, donde el viento sopla
siempre en el fresno,
lugares con tardes tan doradas
que las golondrinas
vuelan
a ras del suelo,
lugares hermosos,
ciudades lejanas con ríos caudalosos
ciudades
donde vientos del sur
traen siempre vino blanco
y delicias de ibérico,
hermosas ciudades,
sitios lejanos,
donde sirven
arroz negro y tomates rosas
lugares hermosos
que esperan tu vuelta, amigo,
lugares que esperan
siempre
tu regreso".
"Querido Frodo, sigue tu camino al Monte del Destino
pero no olvides nunca de volver tus pasos, no te olvides
nunca del regreso, amigo. Sigue tu camino al Monte
del Destino, pero cuando llegues, piensa en el regreso.
Y es que hay lugares que esperan, lugares que son
tan hermosos que esperan tu vuelta.
Hay lugares con bosques tan inmensos
que en el horizonte llegan hasta el cielo,
lugares remotos, donde el viento sopla
siempre en el fresno,
lugares con tardes tan doradas
que las golondrinas
vuelan
a ras del suelo,
lugares hermosos,
ciudades lejanas con ríos caudalosos
ciudades
donde vientos del sur
traen siempre vino blanco
y delicias de ibérico,
hermosas ciudades,
sitios lejanos,
donde sirven
arroz negro y tomates rosas
lugares hermosos
que esperan tu vuelta, amigo,
lugares que esperan
siempre
tu regreso".
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