lunes, 8 de julio de 2019

                             23

Vivir en la ladera del volcán.
Vivir, mientras duerme 
en su interior un gigante,
mientras 
no despierte el fuego abrasador,
mientras 
la pendiente de vértigo 
se precipita
hasta el mar salvaje. 
Vivir así despierta el instinto, 
te hace sentir la vida
como un torrente.
Vivir a los pies del Taburiente 
te hace más fuerte.
Los bosques se abarrotan 
en pendientes de vértigo
y el océano salvaje 
rompe contra las rocas.
Nada puedes hacer 
entonces,
nada,
cuando contemplas
poderosas fuerzas
de agua y fuego,
nada puedes hacer
salvo 
vivir al límite.

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