martes, 16 de julio de 2019

                             28 

 Frente a la biblioteca de Celsio, recordé los versos:
"manifiestos, escritos, comentarios, discursos...
que dolor de papeles que ha de borrar el tiempo,
que tristeza de tinta que ha de borrar el agua..."
La tarde no podía ser más dorada en Efeso
y el viento de las encinas, trajo hasta allí
aquella lejana tarde en Alejandría,
cuando el fuego devoraba su hermosa biblioteca
y sin pensarlo dos veces, entró en ella Despierto
para rescatar las pieles que pintó Deseada.
Las llamas lo cercaron
y entre el fuego
llegó la Escondida
con un cuenco en las manos:
"bebe, amigo, bebe"- le dijo.
Luego lo llevó
por un rayo de luna
hasta el reino de los muertos.
Toda la noche
aullaron los lobos.

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