viernes, 19 de julio de 2019

                             30 

 No escuché nunca historias tan bellas,
relatos tan tiernos, cuentos tan fantásticos
como en aquellas noches, aquellas en las que, 
dormido en tus brazos, allí junto al fuego,
me contaste hace años.
 Me alegro que corrieras tanto.
 Me alegro que la suerte estuviera a tu lado,
cuando corrías asustado, cuando librabas
las balas con tanta fortuna.
 ¡Qué suerte la mía, que corrieras tanto!
¡Qué suerte que libraras las balas 
y llegaras al Ebro, 
siempre corriendo, siempre asustado!
¡Qué suerte que cruzaras a Francia 
y te pusieras a salvo, 
qué suerte que la fortuna
estuviera siempre a tu lado!
 Tenías que cruzar el Ebro, 
seguir siempre corriendo,
siempre asustado. 
Tenías que llegar a Francia
para estar a salvo.
 Tenías que hacerlo así,
tenías que lograrlo
porque de otra forma
nunca 
podría haber escuchado,
historias tan hermosas
ni relatos tan tiernos
como cuando estuve en tus brazos
allí junto al fuego.

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