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Hay lugares que son de otro mundo,
lugares que hacen éste más humano,
lugares que tienen otra atmósfera,
que hacen que merezca la pena buscarlos.
Pongamos que es de noche y cae una fina lluvia.
Pongamos que hay que perderse por calles estrechas
para poder llegar hasta allí.
Luego cuando llegas, has de bajar hasta un sótano
por una escalera milenaria,
en una ciudad milenaria,
allí, al lado de un río.
Merece la pena llegar hasta allí,
pero eso solo es el principio,
buscas un rincón apartado
cuando empieza a sonar el contrabajo,
luego se une el saxo, después la guitarra,
y la batería pone las cosas en su sitio,
entonces sabes que ha merecido la pena
llegar hasta allí,
sabes que merece la pena estar tan vivo,
sabes que todo lo que pasó,
quedó atrás,
que no puedes hacer otra cosa
que dejarte arrastrar por la emoción,
por la nostalgia.
Y es que hay lugares
que son de este mundo
lugares tan humanos
que te llevan
por sitios tan remotos,
que mereció la pena
guardarlos en la memoria,
que mereció la pena
vivirlos.
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