domingo, 7 de julio de 2019

                             20

Hace que sea otoño, esta tarde de julio.
Sin venir a cuento, el cielo se hizo gris, casi negro,
y de repente despertó el viento entre los pinos.
Se hizo otoño en julio y se dejó caer el cielo, 
se dejó caer sobre nosotros, nos trajo la lluvia 
y las calles se inundaron, se formaron ríos 
que arrastraron el polvo y el calor 
y dejaron el aire limpio.
También era otoño aquella tarde de julio.
Los cabellos blancos estaban tendidos en el sillón 
y el aire mecía los visillos en la plácida siesta,
justo al lado de la puerta, el bastón esperaba
para dar el paseo, pero el cielo se hizo gris, 
casi negro, y el viento 
agitó las ramas del fresno,
la lluvia anegó el jardín, 
convirtiéndolo en un mar tan inestable 
que hasta las sirenas 
podían naufragar.
No pudimos 
pasear 
aquella tarde de julio
que se hizo otoño,
no pudimos pasear
pero nos quedarán
para siempre 
en la memoria
esas tardes de julio
que, de repente, 
se hicieron otoño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario