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Te encontré en aquel centro comercial,
y me enseñaste las fotos de tus nietos.
Habían pasado tantos años.
Vivías en Madrid
y solo estabas de paso.
Ahora, cuando arreglo el jardín,
asolado por los estragos del verano
pienso en ti y en las rosas.
Todos los veranos
se marchitan las rosas.
todos los veranos.
Fueron admiradas
las rosas,
recogidas en hermosos ramos,
pero las rosas
que admiramos
una vez,
se marchitaron.
Tú,
sin embargo,
conservas
intactos
los labios.
Todos los veranos
se marchitan las rosas,
pero
a pesar de los años
no se marchitan tus labios,
tus labios,
siguen intactos.
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