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Durante la noche, el viento agitó las ramas
del fresno, con tanta fuerza que despertó
sobresaltado. Permaneció despierto en la cama
un buen rato, hasta que un sonido, repetido
a intervalos, le hizo levantarse.
El sonido venía de la galería de la entrada,
parecía como si dieran golpes en la puerta.
Pensó que debía de tratarse del viento, y que
quizás había arrastrado hasta el porche
algún objeto, algo ligero como una botella
de plástico, algo que a intervalos se movía
y tocaba la puerta de la entrada. Abrió para
comprobar de que se trataba y era una mujer:
-Llevo tiempo buscándote. Te traigo una carta.
Estaba petrificado, incapaz de decir nada, pero
cogió el sobre y retrocedió unos pasos.
La mujer desapareció sin decir nada más...
Un sudor frío, como si tuviera fiebre, le empapaba
el cuerpo. Intentó caminar pero se dio cuenta
que estaba enredado en la sábana.
Cuando despertó se quedó sentado en la cama,
luego salió al salón.
Estaba preparando el desayuno cuando su gato
se restregó en las piernas desnudas saludándolo.
Entonces reparó en el sobre que había sobre
la mesa y aturdido lo cogió sin saber como había
podido llegar hasta allí.
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