sábado, 24 de agosto de 2019

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Entre el gusano y la rata
queda un espacio
nauseabundo,
una zona muerta
por la que va medrando
un ser amorfo,
una zona lúgubre
en la que prospera
el trepa,
su rastro
es imposible de limpiar,
no hay lejía suficiente.
El trepa siempre gana,
va reptando por tu espalda
hasta llegar arriba
y allí se instala.
Entonces solo queda 
un lugar donde esconderse,
un sitio en el que estar a salvo,
un espacio seguro y libre,
es ese lugar
donde se escucha un sonido de guitarra,
ese sitio
donde hay un aleteo de mariposas
en la entrada,
ese espacio
repleto de versos
donde el sol se echa a dormir
mientras
el fresno
guarda silencio
en el jardín.

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