viernes, 6 de septiembre de 2019

                               53

 Un sol acabado incendiaba el horizonte
de tal manera que el cielo rojizo 
se fundía con el mar.
-¿En qué piensas?
 Cada vez que él se quedaba mirando, ensimismado,
parecía tan ausente, que ella trataba de retenerlo
como si su ausencia fuera un adiós, un mal presagio.
-¡Bésame!- dijo, acercándose a él para atraerlo.
 El la besó, luego acercó 
la helada copa a los labios y bebió el vino blanco.
 Aquel lugar estaba 
protegido del viento
por el cristal, 
pero no impedía asomarse
al precipicio rocoso 
en el que rompían las olas 
y en la tarde, 
cuando el sol se iba,
acudían a cenar allí
por la belleza inigualable
de aquel sitio,
entonces
las últimas golondrinas
se agrupaban en los veleros
antes de emprender el vuelo 
y arrastraban,
sin remedio,
el corazón
en su viaje de regreso.

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