viernes, 21 de junio de 2019

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Será París. Será ese lugar al que van a parar
las cosas buenas, será ese, el sitio que nos quede.
Nos quedará París, donde guardar lo bueno que
vivimos. ¿Cómo no guardarlo? ¿Cómo no envolver
en la mejor urna, una hermética, una exclusiva y
tan bella que esté a la altura de preciosos recuerdos?
No se pueden dejar olvidados, perdidos en la niebla.
Aquella noche en Izmir, antes de coger el avión,
había una atmósfera densa que te hacía sentir frágil,
tan frágil como las alas del avión antes de despegar
y alzar el vuelo. Había una atmósfera densa y dejaba
el corazón encogido. Tú estabas tan lejos de allí
que pesaba tu ausencia. El avión cogió velocidad
antes de alzar su vuelo y tu estabas tan lejos
que era imposible que pudieras hacer nada.
Me tenías mal acostumbrado,
cuando todo se hundía
y amenazaba el naufragio,
estuviste siempre allí,
a mi lado,
salvándome del desastre,
pero desde tan lejos
tu ausencia
me hizo frágil
en medio de una noche
neblinosa y densa
a miles de kilómetros de ti.
Nos quedará París
y aquella noche tan densa
y tan lejos de ti.

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