martes, 11 de junio de 2019

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-Sueltate el pelo- te dije.
Y cuando lo soltaste y agitaste la cabeza antes 
de mirarme, supe que no habría nunca nada 
tan suave como tú. 
Sabían a cereza tus labios, y mientras neblinaba 
en Cádiz, la noche se hizo de seda.
Cuando amanecía, toda la casa se vistió de luz.
Abajo rompían las olas en el castillo.
Caminé descalzo tras de ti, era como perseguir 
un sueño.
Tu perfume de manzana, tus ojos, negros como
la noche y tu delgada cintura meciendo las caderas, 
me atraparon, me hechizaron de tal forma
que supe entonces, que cuando los recuerdos 
se perdieran, cuando nada se pudiera hacer 
por retenerlos, siempre nos quedaría París
nos quedaría ese lugar
a donde van las cosas buenas,
ese sitio donde nunca se pierden
los recuerdos más puros,
aquellos que vivimos 
intensamente,
como la noche tan hermosa
que vivimos
mientras 
neblinaba en Cádiz.

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