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Tú lo sabes, Gandalf.
Sabes de qué hablamos.
Ese lugar de Paris al que viajan los elfos.
Pongamos que es noche de invierno y que silba
el viento en el fresno. Pongamos que está la chimenea
encendida y la cena ya es historia. Entonces llega el
momento y se hace el silencio. Empieza la música
y siguen los diálogos que todos sabemos...
Sabes de qué hablamos.
Empieza entonces una alianza entre humanos y elfos
que habla de afectos.
Van saliendo palabras que todos sabemos,
palabras que hablan de alianzas, de lealtades y
de sentimientos, cuando el viento silba afuera
cualquier noche fría.
Puede que lo llamen ficción. Esa mezcla de contar
historias con la chimenea encendida al terminar la cena.
Pero resulta que no hay mejor forma de explicarlo,
no hay mejor palabra que la de un elfo para hablar
de alianzas, de lealtades y afectos.
Tu sabes de ese lugar, Gandalf,
de ese sitio de Paris,
al que van los sentimientos,
ese
que tiene que ver
con que el viento
silbe en el fresno,
una noche fría,
y es que hablar de lealtades,
de aliados y afecto,
es mucho más
que la palabra
de un elfo.
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