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No recuerdo el nombre de aquel lago, pero
estoy seguro de que estará bien guardado
en París. De lo que si estoy seguro, seguro,
es que lo navegamos, y no hubo ni habrá
nunca, ningún corsario que pudiera ser capaz
de sentir en sus venas la brisa y el surcar las
aguas desde la proa, como lo hicimos nosotros.
Acababas de llegar a mí. Acababas de aterrizar
en mi vida en mi mejor año y nos perdimos por
aquellos pueblos, sacados de un cuento, de la
Selva Negra. ¿No se si te acuerdas? Hicimos
aquel viaje, mezcla de piratas intrépidos en
un lago, y de exploradores novatos por pueblos
poblados de encanto.
Nos quedará París
y el nombre de aquel lago
cuando navegamos
en la proa de un barco
y la brisa nos meció
en aguas mansas
como si fuéramos
auténticos corsarios.
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