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Nos quedará París,
y nos volveremos a encontrar de nuevo,
en aquel tren tan viejo, que se paraba a cada instante.
Nos pasaremos la noche hablando, sin dormir, y es
que no hacía falta, porque solo estabais tú, y tu hermana.
No parabas de hablar, y tu hermana escuchaba, y yo
también. Pero más que escuchar, lo que me tenía
ensimismado, lo que me distraía y no me dejaba
poner atención, era la asombrosa sensación
de viajar con dos desconocidas, a las que nunca
había visto, y que deseaba con todas las fuerzas
que el tren no se parara nunca en el destino.
No recuerdo los nombres y eso poco importa.
Fue una larga noche, hablando sin parar
en el pasillo de un viejo tren,
tú y tu hermana os bajasteis antes
ya había amanecido,
y cuando nos despedimos
no pude soportar
tu mano diciendo adiós
y tu hermana
secándose las lágrimas.
Será en Paris
seguro
cuando volvamos
a encontrarnos
entonces
apuntaré tu nombre
y el de tu hermana
para no olvidarlo nunca.
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