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"Gran Espíritu
creador de toda vida,
hacia ti va un guerrero
como una flecha
lanzada al sol,
es mi hijo Hunkas.
Hazle un sitio
en el consejo de mi pueblo
y pídele a la muerte
que tenga paciencia
hasta que llegue yo,
Sinajau, el último mohicano."
Algunas veces es difícil conseguir la perfección.
Pero, a veces, la música y el texto se conjugan
y la imagen resulta tan perfecta que hay que ser
muy fuerte para sujetar el llanto
más allá de la garganta.
Ocurre entonces el milagro,
la ficción de la palabra y la música que lo acompaña
hacen obras perfectas
y uno sucumbe a la emoción.
El mundo no sería igual
sin los músicos y los poetas.
Cuando todo termine
y solo nos quede Paris,
habrá merecido la pena
escuchar
al Ultimo Mohicano
cuando su voz
emotiva y temblorosa
invocaba desde la montaña
al Gran Espíritu
creador de toda vida.
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