viernes, 28 de octubre de 2016

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Cuando su padre salió del baño y se sentó
en la mesa para cenar algo, ella recogió la caja
y la ocultó con sus manos a la espalda.
--¡Sorpresa!--dijo con tremenda sonrisa.
Su padre la miró esperando que terminara de hablar.
--Mira lo que tengo.
Abrió la caja y en un rincón una polilla gris permanecía
inmóvil, sin luz, sin vida.
Su padre trató de animarla.
--¿Has encontrado una mariposa?
--Nooo. Es una luciérnaga.
--Eso es una polilla. Una mariposa nocturna.
Marta no sabía si ponerse a llorar. Alguien le estaba
gastando una broma pesada. Cerró la caja y salió con
ella al jardín. Allí la abrió y la lanzó con fuerza hacia
arriba con la luciérnaga incluida.
Entonces en medio de la noche, sintiéndose libre, volando
en el aire, la luciérnaga se iluminó de repente y empezó
a girar y girar cerca del fresno.
--Corre, papá, corre. Mírala, mírala como brilla--gritó--
¡Solo se enciende cuando es de noche!

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