domingo, 23 de octubre de 2016


                        LA LUNA Y EL RIO

Está la Luna y está también el río.
Cuando voy por la mañana a beber con mis hermanos
y mis primos, saltan las ranas hasta el fondo del río, y
las culebras se esconden para que no las pisemos.
También están las liebres, que corren a quitarse de en
medio cuando, aburridos, jugamos a empujaros. A mí
me gusta mucho. Empujar con fuerza al otro hasta que
se caiga al río o hasta que salga corriendo. También están
los hombres que montan a caballo y que nos hacen correr
arriba y abajo para hacer ejercicio. A veces los hombres
quieren jugar a empujar pero no saben. Los hombres cogen
un trapo para empujar y cuando tu empujas lo retiran y así
no hay forma de jugar. Luego está el veterinario que es
un buen tío. El otro día, cuando me clavé una espina junto
al ojo y me molestaba tanto que no paraba de llorar,
el veterinario, después de que me encerraran en un cajón
para que no me moviera, me la quitó con unas pinzas.
¡Menudo alivio! Y luego está la Luna. Cuando más a gusto
estás echado entre las jaras, por la noche, se asoma por la
montaña, tan blanca que emociona y se refleja en el río.

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