viernes, 28 de octubre de 2016

       SOLO CUANDO ES DE NOCHE

Fue como si alguien quisiera gastarle una broma.
A Marta le pareció de mal gusto.
Por increíble que parezca, al anochecer, se
encontró una  luciérnaga junto a los lirios del
jardín y la guardó en una caja de cartón para
enseñársela a su padre cuando llegara más tarde.
Estuvo todo el tiempo preparando el momento.
Debajo de la mesa de la cocina, entre las botellas,
escondió su tesoro. De vez en cuando entraba para
comprobar que seguía allí. Menuda sorpresa le iba
a dar- su padre decía que las luciérnagas no existían-.
Al menos eso creía pues en toda su vida no había
visto ninguna. Por eso, cuando Marta vio el resplandor
entre los lirios, su corazón se aceleró tanto que apenas
le dejó respirar. Con mucho cuidado se agachó y se la
llevó entre sus pequeñas manecitas. La luz amarilla salía
entre sus dedos y cuando la dejó en la caja la cerró bien
para que no se escapara.

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