13
Carlos se había quedado dormido. El ruido
de las olas era manso, pacífico, invitaba
al descanso. Nada perturbaba el equilibrio
armónico de la noche en la isla, pero como
atrapado por una invitación, Carlos se levantó
y salió fuera de la tienda a caminar
por la playa bajo la pálida luz de la luna.
El agua era tibia y mojaba de vez en cuando
sus pies descalzos cuando las olas mansas
lo sorprendían. Pronto se dio cuenta de que
no estaba solo, alguien más paseaba por su
isla. Era una silueta de mujer por el otro
extremo de la playa. Carlos aceleró sus pasos
para alcanzarla pero ella se alejaba, inalcanzable.
--¡Espere, espere !- gritaba tratando de detenerla.
--¡Oiga!--siguió insistiendo inutilmente.
Aquella silueta se desvaneció antes de alcanzarla.
Carlos miró a uno y otro lado buscándola pero
definitivamente había desaparecido sin dejar
ni una sola huella en la playa.
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