15
La tenue luz de la luna no se iba de la playa
y cuando la mujer se levantó, Carlos la siguió.
--¿Donde vas, Malena?
--Ven, sígueme.
Él la siguió hasta el agua y ella comenzó a nadar.
Era tan templada el agua y de un azul tan intenso
que era imposible no seguirla, nadando sin parar.
Bucearon hasta el fondo y allí entre las rocas, como
jugando al escondite apareció un niño que sonreía.
Malena trataba de cogerlo pero el niño era más
rápido y se escapaba. Carlos los seguía encantado,
feliz de verlos. Nadaron hacía la superficie y al
salir a la playa la mujer cogía al niño y lo abrazaba.
Luego lo levantaba hacia arriba y lo bajaba muy
rápido, como si lo dejara caer y el niño se mondaba
de risa. Malena lo besaba en el cuello y el niño
no paraba de reír. Carlos estaba encantado de verlo
y de vez en cuando soltaba una carcajada. Luego
empezaron a caminar hacia el otro extremo de la
playa y la mujer le dijo:
--Tráete el zapato que se le ha caído.
Él retrocedió unos pasos y recogió el zapato.
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