miércoles, 18 de mayo de 2016

                  10
Con la primera luz del día Carlos pudo
levantarse con mucha dificultad.
El sol calentaba la playa y el mar estaba
en calma. La garganta seguía doliendole
pero parecía que la fiebre había pasado.
Estuvo toda la mañana sentado
intentando recuperar sus fuerzas.
Comió algo y se hidrató. Luego volvió
a acostarse y se quedó dormido al instante.
Pasaron todavía unos días hasta que se sintió
plenamente recuperado y pudo volver a subir
al peñón más alto. Contempló el horizonte
en calma y el otro extremo del islote.
Recordó entonces el sueño febril de aquella noche,
la escena de la playa y las risas del niño
y de la mujer jugando a la luz de la luna.
Decidió volver a la otra playa a ver si era cierto
que estuvo allí, que encontró una higuera y una
pared derruida.

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