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Carlos se levantó convaleciente en mitad
de la noche y se asomó fuera de la tienda.
Bajo la tímida luz de la luna pudo distinguir
a una mujer que levantaba en brazos a un niño
y que este no paraba de reír de la emoción y
del placer de aquel juego. La mujer repetía una y
otra vez el gesto de levantarlo bien alto y luego
bajarlo como si lo dejara caer y el niño se mondaba
de risa. Luego ella lo abrazaba y lo besaba en el
cuello lo que producía todavía más risa al
pequeño. Al lado, la escena era contemplada
con agrado por un hombre que a veces daba
carcajadas. Carlos intentó llamarlos pero sin éxito
pues su voz no salía de su garganta.
La luna iluminaba aquella escena en la playa
hasta que al final se marcharon hacia el otro
extremo de la isla.
--Traete el zapato que se le ha caído- oyó decir
a la mujer.
El hombre regresó unos pasos y recogió el zapato
del niño.
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