domingo, 18 de septiembre de 2016

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Carlos esperó años en la sombra con la esperanza
de que cicatrizara la herida de Marta. Soñaba con
ella, con formar parte de su vida, pero no quería
hacer nada que la pudiera asustar, nada que la pudiera
herir aún más. Esperó y espero. La acompañaba como
si fuera su sombra a los sitios que antes visitaban los tres.
Hasta que llegó aquel día en que le permitió quedarse
en su casa. Durmió en el sofá. Luego se hizo casi una
costumbre, salían, la acompañaba a casa y se quedaba
en el sofá. Por la mañana le preparaba el desayuno y
tocaba en su puerta:
--Café con leche y tostada--decía
Cuando el tiempo borró la memoria en el corazón de
Marta, el dolor le dio una tregua. Entonces Carlos encontró
el hueco en su cama, el hueco en su almohada. Y cuando
ella acariciaba su calva susurrando "flequillo rebelde"
se mordía la lengua. Luego la oía respirar entrecortada
mientras mojaba la almohada.
"Flequillo maldito. Maldito flequillo"--pensaba.

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