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Lo enterró junto al pozo y estuvo dando vueltas
todo el día para no entrar en casa, pero al caer
la noche entró. La chimenea estaba apagada
y se notaba el frío. Norah Jones no cantaba al piano
y tampoco había luz para leer. Se tumbó en el sofá
para ver si llegaba el descanso pero solo pudo escuchar
la lluvia en el jardín. Entonces sonó el móvil, era
Mariangeles.
--¿Andrés?-dijo con voz temblorosa- perdona que te
llame...Pero es que ...Es que voy a Lesbos...No sé si
estás de guardia...Así que pasaba por tu puerta y me
he parado...
Andrés se asomó a la ventana y vió su coche en la
entrada. Salió a abrir la puerta y la encontró de pie
bajo la lluvia.
--He abandonado a mi marido.
La abrazó con fuerza y no paraba de temblar.
--Anda, pasa. Tranquila, estás en tu playa.
Pasaron adentro y Andres pensó que Naufrago descansaría
en paz esa noche, pero tendría que explicarle que no
habían vuelto a Lesbos. Que estaban en casa.
Atendiendo un naufragio.
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