lunes, 12 de septiembre de 2016

LA APUESTA

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Hizo su apuesta definitiva sin asumir ningún
riesgo. Esta vez jugaba sobre seguro." como
la falsa moneda, que de mano en mano va y
ninguno se la queda..." había sido hasta entonces
su apuesta fallida. Pero ahora no, ahora no podía
fallar. El otoño prometía con dejar claro que
las hojas muertas serían arrastradas sin remedio
por la lluvia cercana. Ahora era una certeza
que en medio de la noche oscura el fuego habría
de alumbrar la estancia. Era una certeza que estarían
a salvo Naufrago y él, lejos de mares salvajes que
podían convertir el jardín más hermoso en un
amasijo de piedra y lodo. Abrió el vino y la copa
se empañó enseguida como una promesa fresca
capaz de calmar los labios abrasados. La luna
se asomaba entre los sauces gigantes de la entrada
y Buika seguía con su voz de fresa desgranando
canciones de desamor.
Naufrago se subió encima y empezó a lamer su cara.

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