20
El sábado, antes de anochecer, el coche de Mariangeles
entraba en el jardín.
--Menos mal que no llueve--le dijo sonriendo.
--Tengo tu carpeta, pasa.
Entraron dentro y ella se justificó apelando a su torpeza.
No había día que no echara en falta algo por ser
tan distraída. Pero no tenía remedio, no mejoraría.
--¿Quieres tomar algo?
--Me vendría bien, gracias. No he comido nada.
--Pues ponte cómoda y preparo algo.
La chimenea estaba encendida y Mariangeles se acomodó
frente a ella. La música apenas molestaba de tan suave.
Norah Jones cantaba acompañada del piano.
--¿Te gusta el jazz? Puedo poner otra cosa.
--No, no. Está muy bien, me gusta.
Sacó una tabla de quesos y unas tostadas de atún.
--¿Qué bebes?
--Lo que tú.
Andres abrió el vino y al servirlo la copa se empañó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario