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Luego la acompañó a la parte de arriba y le enseñó
lo que quería reformar. Mariangeles comenzó a sacar
fotos y a tomar medidas y cuando creyó que tenía suficiente
material bajaron al salón. Andres le preguntó
si necesitaba secarse más, o si le apetecía algo
caliente y Mariangeles aceptó un café con leche.
Conversaron sobre detalles técnicos que debería aprobar
el arquitecto y le adelantó, sin comprometerse, el cálculo
estimado de la reforma. Pero tendría los detalles en una
semana. Volvía a llover y la acompañó con el paraguas
hasta el coche. Quedaron en verse cuando tuviera detallado
el presupuesto para empezar la reforma.
Andres entró en casa ilusionado..."dejadme la esperanza"...
Estaba preparando una tosta de salmón para cenar cuando
le sonó el móvil. Era Mariangeles, había olvidado una
carpeta. Miró por todas partes y subió arriba...allí estaba.
Mariangeles le dijo si podía pasar el sábado a recogerla
cuando terminara el trabajo, y él le dijo que estaría en casa,
que podría pasar cuando quisiera.
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