martes, 13 de septiembre de 2016

                        3
Andrés aún recordaba el maullido lejano
de aquella tarde...Estaba preparando una tabla
de quesos para ver el partido de la jornada en
la tele cuando el maullido comenzó. No hizo
mucho caso al principio pues en los rincones
más apartados del jardín era frecuente que las
gatas salvajes tuvieran sus camadas y sorprendía
a los gatos jóvenes cuando jugaban distraídos
y ajenos a su presencia. Pero este maullido era
especialmente llamativo pues no cesaba. Así que
salió al jardín a ver que ocurría. El maullido salía
del viejo pozo que había junto a la leña. Levantó
la tapadera que lo cubría y se asomó.
En el fondo del pozo, subido en una piedra, rodeado
de agua fría, como un naufrago temblaba un diminuto
gato que no paraba de maullar. Andrés pensó que debió
caerse mientras exploraba el pozo.
--Tranquilo pequeño. Intentaré sacarte de ahí--le dijo.
Buscó unas ramas secas lo bastante largas para llegar
hasta él, con la esperanza de que el animal trepara
por ellas y funcionó. El gato, tembloroso y hambriento
subió por las ramas con todas sus fuerzas.
--¡Muy bien, muy bien. Vamos, vamos!--lo animaba.
--Hola naufrago, casi no lo cuentas- dijo tapándolo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario