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Y Andres tuvo que volver a explicar su intención
de reformar la vieja casa familiar. Mariangeles lo
escuchaba pacientemente y luego intervenía para
que le definiera algo que quedaba parcialmente claro.
Redactaron un preacuerdo de contrato y quedaron
al día siguiente para que ella fuera a tomar medidas
y fotografías que le permitieran trabajar en el proyecto.
Andres volvió a casa satisfecho.
Al día siguiente, a la hora convenida de su visita, comenzó
a llover. Andres miraba desde la ventana cuando apareció
el coche. Había dejado la puerta abierta para que entrara
en el jardín y Mariangeles trataba de recoger todo lo necesario
del coche mientras la lluvia la empapaba. Andres acudió con
un paraguas para ayudarla.
--Gracias- le dijo.
Luego, dentro de la vivienda le dejó una toalla seca para
el pelo y ella le preguntó si tenía secador.
--Sí, en el baño. Pasa si quieres.
Y Mariangeles se pasó un buen rato, dentro, secandose la ropa.
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