viernes, 23 de septiembre de 2016

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Hablaron largamente como si fueran amigos
de toda la vida. Ella le contó detalles divertidos
por ser tan distraída, mientras acariciaba al gato
que se había subido a ella.
--Perdona--dijo ¿te molesta?
--Que va, es muy bueno. ¿Como se llama?
Andres le contó la historia de Naufrago y luego,
como quedaba vino, siguió hablando a retazos
de su vida. El tiempo de Lesbos, los días tan duros
en medio de mares implacables, tratando de ayudar
a los más débiles. Los años de Berlín, del fuego, de
la usura, de cuando se pierde el sentido de la piedad,
de la  justicia, de la hermandad. De su regreso decepcionado
por lo que habían visto Naufrago y él. Mariangeles
lo escuchaba haciendo esfuerzos por contener
las lágrimas. Naufrago se quedó dormido y la chimenea
se estaba apagando. Andres se acercó para avivar el fuego.
--Me tengo que ir--dijo levantándose.
Andres se incorporó también. El fuego iluminaba  sus caras
con un tono sepia. Estaba tan cerca de ella que su aliento
podía empañar la mirada. Se hizo un silencio largo
en el equipo de música y ella se acercó aún más y lo besó
en la mejilla. Luego cogió el bolso y salió

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