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Y una noche el sueño se acabó.
Una noche, la codicia y la usura de los bien
alimentados destrozó los sueños de los que
buscaban una vida mejor y de los que apostaban
por ellos. Una noche su Hotel de refugiados en
Berlin ardió por los cuatro costados. El fuego
devoraba la antigua casona construida con madera
y adobe. Los gritos de pánico llegaban a todo
el vecindario entre la complacencia de aquellos
que estaban de acuerdo con los pirómanos.
Andres no podía entender tanta crueldad.
Se preguntaba como era posible que alguien
fuera capaz de hacer aquello. No había escusa
para la barbarie, ni para la falta de piedad.
Y así entre el humo y la ceniza de los sueños
abrasados decidió recoger velas y volver a casa
desilusionado. Naufrago y el volverían junto al
viejo pozo en la antigua casa familiar en donde
crecieron los sueños de buscar unas ramas secas
por las que treparan quienes andaban perdidos
en medio de mares salvajes.
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