lunes, 19 de septiembre de 2016

                      14
Todo ocurría lejos del fresno gigante.
Andres se levantó para no enfriarse y retomó
la marcha. La niebla empezaba a subir ladera
arriba y dejó de llover. Pronto el sol tibio del
otoño iluminó el valle. Los colores ocres, verdes
y amarillos se mezclaban con esplendor. Tenía
que darse prisa si quería llegar hasta arriba, la vista
desde allí, con aquella luz, sería ideal para hacer
algunas fotos. Luego descendería por la otra cara
de la montaña, hasta media tarde, cuando llegaría
a casa después de ocho horas de marcha.
Naufrago lo recibió cuando abrió la puerta:
--¡Turruniau!
Luego lo siguió por toda la casa mientras se quitaba
la ropa mojada y se metía en la ducha.
Después encendió la chimenea y cuando el fuego
iluminaba la estancia tomo a Naufrago y le rascó
la barriga. Buika cantaba "falsa moneda" y comenzó
a llover de nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario