domingo, 18 de septiembre de 2016

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Andrés se calzó las botas para caminar por
el campo. Subiría río arriba por los senderos
que llegaban a las fuentes cristalinas donde
nacía. Allí. entre los margenes frondosos que
lo bordeaban, solían crecer setas, aunque no
pensaba encontrar todavía pues el otoño acababa
de empezar. Las lluvias eran muy débiles, apenas
si le mojaban el pelo. Andrés secaba las gotas
que resbalaban por el flequillo. Ahora su pelo
era blanco, pero seguía siendo rebelde y ni la
lluvia conseguía dominarlo. Tampoco Marta pudo
con él, cuando su pelo era negro, hacía veinte años.
--¡Este flequillo rebelde!-- le decía mientras
lo acariciaba.
"Flequillo rebelde" pensaba Andrés mientras caminaba
río arriba buscando las fuentes y secandose la fina
lluvia que resbalaba por la frente.
Se detuvo a descansar junto al fresno gigante y
sacó de la mochila el bocadillo de queso que llevaba.

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